Padre:
El deseo que me ha manifestado la buena señorita Chamillac de que rezase usted a Dios por ella, me hace suplicarle igualmente con toda humildad que la asista en la mayor necesidad que jamás ha tenido, que es su estado agonizante, en el que me acaban de decir que está. Creo que puedo decirle con toda verdad que ha sido el amor de Dios el que la ha puesto tan pronto en ese estado. Voy a perder mucho con ese buena criatura, pero quiero estar totalmente sometida a la santísima voluntad de Dios. Con este pensamiento le suplico muy humildemente que, en medio de esta gran necesidad, nos haga usted la caridad que nos ha hecho esperar tantas veces. No dejarán de presentarse nunca las ocasiones que basta ahora le han impedido venir; lo que hace falta es que nos haga usted el honor de no tenerlas muy en cuenta.
Perdóneme esta libertad. Algunas veces temo que parezca disposición de la Providencia lo que nos priva de este bien.
Le suplico a Dios con todo mi corazón que nos conserve lo que nos ha dado en usted y soy su muy obediente y muy agradecida servidora.
L. DE M.
11 de septiembre [de 1641]
Dirección: Al padre Vicente.







