Me parece, señorita, que la querida hermana Margarita, de Saché, es demasiado vacilante y poco decidida. Hable can ella y, si queda usted satisfecha, puede admitirla. Temo que, si la rechazamos, va a ser esto para ella mayor motivo de tentación, La de Liancourt, que ha estado en Nanteuil, me parece que convendrá que espere.
Le he dicho a Juana que no piense en llevar ese pañuelo como cofia, cuando vaya a la iglesia. Me parece que habría que dejarla por ahora con ese capricho; ya se le quitará con el tiempo. Es una pena, porque es una buena hermana.
A las ocho bajaré a celebrar la santa misa, Dios sabe con qué corazón estoy deseando decirla por usted y por sus hermanas, y con cuánto cariño me encomiendo a las oraciones de todas ustedes.
Dirección: A la señorita Le Gras.







