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Padre:
Le envío una carta de la madre de sor Amada, de Troyes, a la que no quisieron llevarse sus hermanos. Le pido con toda humildad que haga el favor de indicarme cuándo se marchará esa buena señora de la que habla y si he de darle dinero, tanto para sus gastos como para su plaza en el coche, y cuánto.
La ocasión que yo creía que me daría hoy Dios para hablar con usted me ha hecho ver bastantes faltas que con frecuencia cometo; pero también, mi venerado padre, que ella le dará a conocer la necesidad que tengo de ayuda para cumplir con la santa voluntad de Dios y que no se puede esperar de mí nada más que lo que usted me ordene; pues de eso creo que nuestro buen Dios sí que me da la gracia de acordarme.
Una de las cosas que más me urge es pedirle que me enseñe la manera cómo he de tratar a sor Bárbara y decirle que ella tiene mucha necesidad de hablar con usted, ya que cree que hasta entonces no podrá quedarse contenta. Si puede ir usted el sábado a La Chapelle, nos haría un gran favor.
Tengo miedo de que la hermana Margarita, la señorita, acabe trastornándose. Si tuviera usted la posibilidad de hablar antes conmigo, me sentiría más tranquila.
Si quiere su caridad acordarse del papel que me prometió para ayudarme a que les hable a las hermanas dos o tres veces por semana, para procurar animarlas, se lo agradecería mucho. Me parece que merezco muchos castigos por todas sus faltas. Pídale a Dios a alguien que las pueda servir mejor; se lo pido con lágrimas en los ojos; ¡tantos años hace ya que Dios me habla por medio de usted y sigo siendo lo que soy! Pídale misericordia, por favor, para mi pobre alma, que él ha puesto en sus manos para ser siempre, padre, su muy humilde y muy agradecida hija y servidora.
L. DE MARILLAC
Jueves.
Dirección: Al padre Vicente.







