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No es posible imaginar cómo nuestros trabajos pasados se ven ahora compensados con los consuelos que Dios nos envía para animarnos. Esas almas de Poitou, que parecían duras como piedras, han recibido el fuego sagrado de la devoción con tanta fuerza y con tanto ardor que no creo que pueda apagarse en muchos años.







