Señorita:
¡La gracia de nuestro Señor sea siempre con nosotros!
Me encuentro bastante mejor de mi fiebrecilla, gracias a Dios. Ayer tomé las aguas y me propongo continuar con ellas, si las encuentro, con la ayuda de Dios, me parece que me sientan bien, como siempre lo han hecho.
¿Y usted, cómo sigue? Si puedo, iré pronto a verla. Entretanto, le envío dos cartas de Richelieu; ya hablaremos de ellas.
Soy, en el amor de nuestro Señor, su muy humilde servidor.
V. D. P.







