Padre:
Por fin ha llegado nuestra buena hermana María llena de buena voluntad. La encuentro un poco cansada del trabajo que ha tenido desde hace ocho días y con mucho miedo de marcharse totalmente sola, sin poder estar con las hermanas; pero lo acepta todo sin murmurar y sin poner dificultad alguna en cumplir con la obediencia. Solamente, que tiene mucho miedo. Yo me encuentro algo más preocupada; pues la decisión que me parecía que había tomado usted de no enviar nunca a una sola se me ha grabado tan fuertemente en el espíritu que me parece necesario enviar a alguna otra con ella. Podría ponerse enferma en el camino o, una vez allí, podría encontrarse con malas personas que juzgarían mal de ella y podrían ocasionarle disgusto. Además, como nadie es insensible y hace poco tiempo que esas hermanas lo han dejado todo, podría sentir alguna añoranza y, al no poder consolarse espiritualmente, correría el peligro de descorazonarse; también tengo miedo de que esto haga daño a las demás, al pensar que no nos preocupamos mucho de las hermanas, ya que las dejamos marcharse solas. Todas estas razones me obligan, padre, a que me tome la libertad de suplicarle que piense en ellas y si existe algún medio de que pueda servir de ejemplo a las demás para animarlas. El viaje no nos costará mucho ya que, aparte de los diez escudos que ella trajo hace ocho días, volvió ayer a traer otros tantos. Por lo que se refiere a los gastos, como están acostumbradas a no gastar mucho, creo que con lo poco que puedan darle a una podrá bastar para que viva la otra, y además trabajarán las dos para ganarse lo que falte; pues, aunque ella tenía mucho trabajo y bastantes enfermos en Saint-Germain, no dejaba por eso de lavar para otros y se ganaba de esta forma alguna cosa.
Yo pensaba, padre, si le parece a usted bien, darle por compañera a la hermana Clara; es la que fue a verle a Santa María, acompañada de su madre, para que la recibiera. Tiene un carácter muy dócil y creo que estarán bien las dos juntas.
Le suplico con toda humildad que haga el favor de indicarme si le parece bien y qué día podrán marchar, y si es preciso que mande reservarles plaza en el coche.
Siento mucho tener que molestarle en medio de sus achaques, de los que pido a Dios que logre mejorar, y soy su muy humilde hija y obligada servidora.
L. de M.
9 de febrero de 1641.
La hermana que le propongo para que marche con la hermana María Joly sabe leer, mientras que ésta no sabe; podría darles clase a las niñas pobres. Si piensa usted en alguna otra hermana, haga el favor de indicármelo y si hay algún medio para darle una compañera a nuestra buena hermana María.







