Señorita:
No hay nada que impida que vaya usted a ver a la señora de Liancourt, a quien saludo con toda humildad.
Procuraré dejar la reunión de las damas para el lunes próximo, ya que no la puedo tener antes. Nunca he estado tan lleno de sentimientos por la protección de Dios sobre las hermanas como desde hace poco tiempo.







