París, 15 de noviembre de 164
Padre:
¡La gracia de nuestro Señor sea siempre con nosotros!
Le escribí con bastante extensión hace alrededor de un mes; poco me queda por decirle en la presente.
He hecho que envíen las 400 libras a esos dos jóvenes de Annecy que estudian en Orleans y que se las entreguen a las hermanas de Santa María de la casa de París, para ello.
El padre Duhamel me ha escrito desde Lión que tenía ganas de verme a dos leguas de París, hace ocho o diez días de esto; luego, ya no he oído hablar nada de ello.
Me parece que ya le hablé de la muerte del señor comendador de Sillery. Su muerte respondió a su santa vida. Se fue al cielo como un monarca que va a tomar posesión de su reino, con una paz, una confianza, una mansedumbre y una fuerza que no se puede explicar. ¡Qué gran siervo de Dios era! Lo que le acabo de decir se lo decía hace algunos días a Su Eminencia, y que en los ocho o diez años que le había tratado, nunca vi en él ningún pensamiento, palabra ni obra que no tendiese mediata o inmediatamente a Dios, ni siquiera un solo pensamiento de impureza en todas las comunicaciones tan cordiales que tuvo en Santa María; él mismo me lo aseguró en varias ocasiones. ¡Ay, padre! ¡Qué bueno es Dios con los que se despegan de los afectos del mundo para unirse a él!
Saludo muy humildemente a sus compañeros y soy, en el amor de nuestro Señor, su muy humilde servidor.
VICENTE DEPAUL
Indigno sacerdote de la Misión
Dirección: Al padre Codoing, superior de los sacerdotes de la Misión de Annecy, en Annecy.







