Vicente de Paúl, Carta 0507: Luisa De Marillac A San Vicente

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Vicente de PaúlLeave a Comment

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Author: Vicente de Paúl .
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[1 ó 2 de octubre de 1640]

Padre:

Los amigos de la madre de uno de nuestros niños están urgiendo mucho para que demos nuestro consentimiento a la demanda que se ha planteado contra ella, aunque ausente, y piden que se les proponga lo que se desea para sacarla del asunto. Se mezcla en todo ello un beneficiado y el amo de dicha mujer. Le he prometido darles una respuesta, o sea, si para que sirva de ejemplo a las demás, se procederá por vías judiciales, lo que la escandalizará mucho, o bien si se seguirá otro camino más suave, pidiéndole que pague los gastos y que tome de nuevo a su hijo, buscando a una persona de confianza que garantice que no le hará ningún daño a su hijo, sino que lo educará como es su obligación, y dará alguna limosna a la casa; si hace usted el favor de indicarme la suma, creo que le pagarán los que andan mezclados en este asunto. Por e,o creo que convendrá pedirla bastante alta, o bien pedirles que la establezcan ellos mismos, antes de hacerles ninguna petición. Le ruego que cuanto antes me indique qué es lo que piensa, ya que el señor Le Roy ha dejado todo este negocio en mis manos.

Deseo actuar siempre en esta obra bajo su obediencia, ya que es el encargado de las damas, a las que me gustaría reunir todas las semanas en la casa. Si le parece bien, después de la resolución que me dé, les avisaré que vengan para ponerlas al tanto de este asunto; o bien, haga el favor de decirle usted mismo a nuestra hermana que les avise ella para que vengan mañana, que es miércoles, a las once, que es la hora en que tiene que venir el señor Bret para saber la respuesta que aguardo de usted.

Ha llegado la señora Turgis. ¿Le parece bien que la hermana que ha venido con ella haga aquí el retiro con la otra de la que le hablé en Santa María, o prefiere que lo hagan en casa del difunto señor comendador?.

Le he dicho a la hermana de Saint-Germain que no podíamos tener en la casa personas descontentas, ni que desedificasen a las demás hermanas, y que si ella quería quedarse, no tenía más remedio que cambiar y que no pensase en ir a servir a los pobres, al menos durante varios años.

Todo el dinero que tenemos es en moneda francesa, y muy poco oro en peso. Deseo mucho que Dios quiera servirse de ello, si es esa su santa voluntad.

He visto a la señora de Villeneuve, que me ha dicho que le enseñarían una casa en la Chapelle. No sé si es la nuestra. Si quiere usted pensar en ello, creo que sería necesario que le dijéramos a usted todas las dificultades y qué es lo que se puede arreglar, antes de salir de aquí, para que luego no hubiera nada que lamentar.

Pido a la bondad de Dios que no haya nada que impida sus designios y soy verdaderamente, padre, su muy obediente hija y servidora.

L. DE M.

Dirección: Al padre Vicente.

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