Vicente de Paúl, Carta 0498: A Santiago Tholard

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Vicente de PaúlLeave a Comment

CREDITS
Author: Vicente de Paúl .
Estimated Reading Time:

París, 26 de agosto de 1640

Padre:

¡La gracia de nuestro Señor sea siempre con nosotros!

Recibí la suya con el consuelo que solo Dios sabe, en respuesta a la cual le diré que no debería usted preocuparse por las tentaciones que le vienen en las confesiones, ni por sus efectos. Esto les pasa a algunos de forma natural, al ver o al oír las menores cosas que tienden a eso; a otros les vienen por sugestión del demonio, que quiere apartarnos del bien que se hace en esa divina acción. Pero ni en uno ni en otro caso ofendemos jamás a Dios ni mortal ni venialmente, mientras esos accidentes estén fuera de la complacencia de nuestro espíritu. La mayor parte de los confesores, o al menos muchos de ellos, se ven molestados por esas miserias al comienzo de esta ocupación; pero poco a poco esas cosas dejan de hacer impresión en la imaginación, quia in assuetis non fit passio. Un santo obispo que sufría estas cosas al bautizar a las mujeres, al principio de la Iglesia, cuando se hacía el bautismo por inmersión, le pidió a Dios muchas veces que lo librase de esas tentaciones; pero como Dios no lo escuchase, perdió finalmente la paciencia y se retiró al desierto, donde Dios le hizo ver tres coronas, unas más ricas que otras, que le tenía preparadas para el caso de que hubiera perseverado, y le dijo que sólo alcanzaría la más pequeña, ya que no había tenido confianza en que él le preservaría de caer en la tentación, ya que había permitido que fuese tentado en las tareas de su vocación Este ejemplo que me contó en cierta ocasión un cartujo, bajo cuya dirección estaba haciendo mi retiro en Valprofonde, hizo desaparecer una tentación muy parecida que por entonces sufría en los actos de mi vocación. Espero, padre, de la bondad de Dios que producirá en usted un efecto parecido, sabiendo que tendrá delante de Dios una corona especial por esto, si persevera. Basta con que haga usted un acto de desaprobación de todas esas cosas, cuando comience a confesar; y no es necesario que se confiese de. ello; más aún, es preciso que se abstenga. Confiese, pues, en paz, y crea más en la bondad de nuestro Señor, que no se ofende por esas cosas ni por nada que suceda en nosotros en contra de nuestra voluntad. Y no importa decir que la violencia de la sensualidad no le permite hacer ningún acto de desaprobación durante eso, ya que no es necesario ni casi posible, al menos de una forma sensible. Lo que nuestro Señor pide de nosotros es que pasemos aprisa por estas materias, de modo sin embargo, que no dejemos nunca de decir y de hacer las cosas que se necesitan para ayudar a las almas a limpiarse de esos defectos. Nuestro Señor será su instrucción y su fuerza en este asunto. Ponga en él toda su confianza y acuérdese, padre, de que su bondad me ha dado un afecto tan cordial con usted como solamente él sería capaz de expresar. Soy, en el amor de nuestro Señor, su muy humilde y muy obediente servidor.

VICENTE DEPAUL

Sacerdote de la Misión

Dirección: Al padre Tholard, sacerdote de la Misión, en Annecy.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *