Padre:
La señora de Verthamon no ha dejado de venir a ver a las damas y, después de haber dado a conocer con mayor claridad que el plan de esos señores era hacerse dueños absolutos de toda la obra, les ha dicho que ella creía que les gustaría mucho que se les diese algún medio para manifestar su pensamiento; sin embargo, ella ha acompañado a esas damas de la forma que se había convenido, y dichos señores no han dejado de expresar su opinión, diciéndoles a las damas que les concederían todo lo que quisiesen, y que incluso no tendrían que dar más que un recibo sin firmar del dinero recibido, y que ellos pagarían el recibo de todos los comerciantes y, según creo, también de las nodrizas.
Las damas le han hecho saber también que no podían emprender o continuar ese trabajo si no se aceptaban las primeras disposiciones; y todo este trato se ha tenido con el señor canciller, el cual ha dicho en resumen que redactaría por escrito la idea de los señores consejeros y se la enviaría a las demás. El buen señor Le Roy, cuando lo vieron las damas y le expusieron todas estas propuestas, les dijo que, si esto detenía las cosas, él se retiraría por completo. Si queda algo por decir, mañana se lo dirán dichas damas, que acudirán a la hora en que usted las citó, a las tres después de comer.
Soy, padre, su hija y servidora.
L. de M.
Le suplico, padre, con toda humildad, que se tome la molestia de decirme si le parece bien que avisemos a la señora de Verthamon que usted y las damas se reunirán aquí mañana. De no hacerlo, temo que se moleste, ya que ella les preguntó a las damas cuándo sería esa reunión.
Dirección: Al padre Vicente.







