Toulouse 1640
No puedo dejar marchar a esos dos misioneros que ha enviado usted a este país y que ahora vuelven para allá, sin agradecerle con todo mi corazón los grandes servicios que le han hecho a Dios en mi diócesis. No sería capaz de indicarle los esfuerzos que han realizado ni los frutos que han obtenido, por los que me siento especialmente agradecido con usted, ya que han estado trabajando precisamente en mi descargo. Uno de ellos ha llegado a dominar la lengua de este país hasta hacerse admirar por los que la hablan, y se ha mostrado infatigable en su trabajo. Cuando hayan recobrado las fuerzas, le suplico que me los envíe de nuevo, ya que estoy pensando en obligar a hacer los ejercicios a los ordenandos, y tengo necesidad una vez más de su ayuda por este motivo. Todo será para la gloria de Dios, si usted nos ayuda.







