[Annecy, entre 1626 y 1641]
¡Ay mi queridísimo y verdadero padre!, ¿será posible que Dios me conceda la gracia de hacerle venir por estas tierras? Ese sería el mayor consuelo que podría recibir en este mundo; y creo también que sería una misericordia especial de Dios para con mi alma, que podría aliviarse de alguna forma, según espero, cierta pena interior que siento desde hace cuatro años y que es para mí un martirio.







