[Hacia 1640]
Entre las personas que han hecho la confesión general, le puedo asegurar que han llegado a más de quinientas que nunca habían hecho una buena confesión y que, además de eso, la mayor parte llevaban diez, veinte y treinta años encenagadas en pecados enormes y han manifestado con toda ingenuidad que nunca se habrían confesado con sus pastores y confesores ordinarios. Hemos visto que la ignorancia es muy grande, pero todavía es mayor la malicia; y la vergüenza que sentían de declarar sus pecados llegaba hasta el extremo que algunos de ellos ni siquiera se decidían a declararlos en las confesiones generales que hacían con los misioneros.
Pero finalmente, como les movían con mucha viveza las cosas que escuchaban en los catecismos y en los sermones, se decidieron y confesaron con toda sinceridad sus faltas en medio de gemidos y de lágrimas.







