[Entre 1639 y 1643]
Tras haber leído las cartas que vienen de Lorena y que usted ha enviado al señor N…, que me las ha enseñado, no tengo más remedio que confesarle que no he podido leerlas sin lágrimas, y en tal abundancia que me he visto obligado a dejar varias veces su lectura. Doy gracias a Dios por la paternal providencia que tiene de sus criaturas, y le ruego que siga concediendo sus gracias a esos sacerdotes que se ocupan en tan divino ejercicio. No me queda más que la pena de ver cómo esos caritativos obreros se van ganando el cielo y se lo hacen ganar a tantos otros, mientras que yo, con mi miseria, no hago más que arrastrarme por la tierra, como una bestia inútil.







