Saint-Mihiel, marzo de 1640
Hemos tenido, en la última distribución de pan que hemos hecho, mil ciento treinta y dos pobres, sin contar a los enfermos, que son muy numerosos y a los que asistimos con el alimento y los remedios apropiados. Todos ellos rezan por sus bienhechores, con tales sentimientos de gratitud que muchos lloran de cariño, incluso algunas personas ricas que se han visto arruinadas. No creo que puedan perecer todas estas personas, por las que se ofrecen a Dios tan frecuentes oraciones. Los señores de la ciudad alaban mucho estas limosnas, diciendo claramente que muchos habrían muerto sin esta ayuda y publicando la obligación que tienen con ustedes. Abjuró un pobre suizo de su herejía luterana, hace pocos días, y después de haber recibido los sacramentos murió muy cristianamente.







