San Lázaro, 10 de febrero de 1640
Señorita:
He recibido la suya del 27 del mes pasado, y me ha dado tanto consuelo que nada ha sido capaz de entristecerme después. ¡Bendito sea Dios de que se encuentre usted con mejor salud y de que piense detalladamente en su regreso! Será usted muy bien recibida, ya que la esperamos con grandes deseos. Doy gracias a Dios de que las damas de esa buena ciudad demuestren que están muy complacidas con la actuación de la Caridad del hospital, y le ruego que haga prosperar esa santa empresa por su honor.
¿Le he enviado ya, señorita, las memorias de las damas de aquí? Me parece que sí y que seguramente ya las habrá recibido; si no, las enviaremos cuando usted vuelva; no hay que dejar de ponerlas en práctica También hacemos lo mismo con las Caridades de las aldeas. No queda mucho tiempo para hacer una copia, ya que el mensajero sale dentro de cuatro días.
Sus hijas siguen bien, gracias a Dios. Hemos recibido a dos, que podremos unir con las demás dentro de dos días. Hacía tiempo que les daba largas, aguardando que usted regresase.
Esas buenas lorenesas no resisten.
Dentro de seis horas espero a la hija del señor Cornuel que ha dejado seis mil libras de renta para los forzados, para que se vea la manera de asistirles.
Me extraña que no me diga usted nada de las hermanas de Richelieu; ya salieron para encontrarse con usted.
Bien, acabo dando de nuevo mil gracias a Dios ya que, por su gracia, lograremos volver a verla de nuevo dentro de poco. Esperando ese día dichoso. soy en el amor de nuestro Señor…







