15 de diciembre de 1639
Mi queridísimo hermano:
La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Al no poder tener la satisfacción de ir a verle, como le había indicado, le ruego por estas líneas que no ceda a la tentación que quiere apartarle de recibir el santo orden del sacerdocio, para llegar al cual ha hecho ya casi todo cuanto ha hecho desde que está en el mundo. Dispóngase, pues, para recibir esta ordenación, por favor. Si la retrasa más, privará a Dios de la gloria que en ello recibiría, a los bienaventurados del consuelo que tendrían, y a toda la Iglesia militante de las gracias que le obtendría por su adorable sacrificio; y lo que es peor, alegraría al demonio por haberle dado la facultad de apartarle a usted de hacer todos estos bienes. No hay que esperar que otra vez será más capaz de él. Y que Dios le guarde de no hacerlo jamás, ya que tendría que responder de ello ante Dios. Sería ocultar el talento que Nuestro Señor le ha puesto en la mano, en cuyo caso las Santas Escrituras le amenazan con un horrible castigo. Si dice que no es apto y que jamás lo será, le confieso, señor, que así es en relación con la infinita santidad de la obra, pero en relación con nuestra miseria espere, señor, que Nuestro Señor será su aptitud, así como será también el sacrificador junto con usted. Por lo demás de sus penas, ya hablaremos luego. Entretanto soy, en el amor de Nuestro Señor, su muy humilde y muy obediente servidor,
VICENTE DEPAUL







