San Lázaro, jueves por la mañana
[1639]Señorita:
La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
No sé quién habrá dicho a sus hijas que me encuentro mal. Por la misericordia de Dios, estoy bien. ¡Quiera su bondad concederme la gracia de emplear bien la salud que me da!
Creo que haría bien escribiendo a esa buena hermana que hemos sentido gran consuelo al ver cómo Nuestro Señor le ha hecho ver su falta, por haber dado oídos a esa tentación, y que es preciso que haga buen uso de la gracia que Dios le ha concedido; es menester que empape bien su espíritu de esta verdad, que todas las personas buenas están condenadas por Dios a sufrir la tentación, que nunca le faltarán ésta y otras muchas, si es fiel a Dios, y que en todo lugar y en toda condición se verá siempre tentada y apenada, que esa es su cruz; y que si quiere seguir a J. C., es necesario que la lleve.
No puede celebrarse mañana la reunión. Hemos preparado a de los niños para mañana, en casa de la señorita Viole.
Ayer por la tarde hice saber a esa Juana la mayor que tenía que retirarse; que le he entregado a usted cincuenta libras, que ella me envió por medio de la señora Forest. Me parece que había 52 libras; ella dice que dieciocho escudos; haremos que le entreguen el resto. Ella creía que la señora de Herse me había entregado cien francos suyos, que según dice, tenía esta buena señora. Le he dicho que se los pida. Creo que convendrá que trate todo esto con mansedumbre! pero valiente y eficazmente.
Hoy llegarán sus aguas.
Dirección: A la señorita Le Gras.







