Mi muy querida y Reverenda Madre:
La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Me siento muy indigno de darle las gracias por las que usted incesantemente nos hace; esto me obliga, mi queridísima y amable Madre, a pedirle a la santa Virgen, a la que me ha entregado de una manera especial, que ella obre de tal manera con su Hijo que sean ellos dos su paga y recompensa.
He echado el ojo sobre varios eclesiásticos para su sacristía; pero no ha querido Dios que encuentre todavía lo que necesita. Estaré atento, pero dudo mucho de que sea tan eficaz como lo es su bondad con mi ruindad. Haré, sin embargo, todo lo posible, así como también haré que se busquen recuerdos del bienaventurado señor Gallemant por medio de un vicario suyo que aquí tenemos, y por medio de un eclesiástico del que se servía, cuando era pequeño, para responderle en los catecismos que dirigía por todas partes adonde iba. También diré por mi cuenta todo lo que de él sepa, ya que no he podido hacerlo desde mi vuelta a causa de mis ocupaciones. Soy, mi queridísima y amabilísima Madre, su muy humilde y muy obligado servidor,
VICENTE DEPAUL
París, 28 noviembre 1637.
Dirección: A mi Rerevenda Madre de la Trinidad, Superiora del monasterio segundo de Carmelitas de Troyes, en Troyes.







