Vicente de Paúl, Carta 0277: A Luisa De Marillac

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Vicente de PaúlLeave a Comment

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Author: Vicente de Paúl · Year of first publication: 1972 · Source: Obras completas de san Vicente de Paúl.
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[Entre 1636 y 1639]

Señorita:

Me parece que no podría usted comenzar sus ejercicios en un tiempo más oportuno. La mayor parte de los religiosos y religiosas los suelen hacer por ahora. Empiece, pues, mañana lunes, si le parece bien. Tres medios cuartos de hora bastarán cada día para la oración, media hora para cada oración, dos por la mañana a las ocho y a las diez y media, y la otra a las cuatro.

Con mucho gusto oiré su confesión en La Chapelle. ¿Podrá disponer de un coche? Si no, yo procuraré ir a Saint-Victor, pero para ello hay aquí algunas dificultades. Terminará el sábado por la tarde, irá a misa todos los días. Hará decir que está ocupada y a los que tengan que tratar necesariamente con usted los recibirá inmediatamente después de comer y será breve con ellos. Comulgará el jueves próximo, tomará solamente las materias de oración que monseñor de Ginebra pone al comienzo y al final de su Introducción Y las repartirá de forma que basten y las haga todas, y podrá hacer algunas dos veces, según el atractivo que Nuestro Señor le dé. Lea el Nuevo Testamento, además de las otras lecturas que he propuesto. Escríbame cada dos días sumariamente lo que pase y su disposición de cuerpo y de espíritu, y procure no andar con prisa en ninguna cosa; hágalo todo tranquilamente, como puede imaginarse que lo haría el buen monseñor de Ginebra.

No le ruego que se acuerde de mí en sus oraciones, porque no dudo de que después del pequeño Le Gras me pondrá a mí en primera fila; no es que lo merezca; pero el conocimiento que tiene de la necesidad que de ello tengo, y la caridad que Nuestro Señor le ha dado para conmigo, me da motivos para esperarlo.

Adiós, pues, señorita; arréglese de tal forma en este retiro que nos deje el medio de podar aconsejarla en otros.

Me olvidaba decirle que no se sobrecargue con reglas de práctica, y que se esfuerce más bien en cumplir exactamente las [que] tiene, sus acciones diarias, sus ocupaciones, en una palabra todo lo que contribuya a hacer bien lo que hace. No admita tampoco los pensamientos de singularidad que la han molestado otras veces; es un engaño con que el espíritu maligno la quiere ilusionar.

En fin, termino aquí con la oración que hago a Nuestro Señor de que sea El mismo su guía en su retiro, y también su santa Madre. y soy. en su amor, su muy humilde servidor.

Dirección: A la señorita Le Gras.

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