Señorita:
La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Tengo miedo de que a la señora presidenta Guossault le siente mal acostarse junto a la calle. Me parece haberle oído decir que esto le incomoda; y además, por otra parte, es de temer que sus parientes, sobre todo su señora madre, lo vean mal.
No hay ninguna prisa en que haga los ejercicios. Hace poco tiempo que ha salido de la enfermedad. Creo que sería demasiado apresurado someterse a ese esfuerzo. En nombre de Dios, señorita, obremos con tranquilidad
Temo no poder ir a su casa, y me cuesta cargarla con la molestia de que tome un coche para venir aquí. No obstante, si puede venir mañana a las ocho o las nueve, será bienvenida. Pero, en nombre de Dios, no se preocupe.
En cuanto a esas jóvenes, no acabo de entender lo que me dice de ellas. Ya hablaremos cuando nos veamos; para entonces haga el favor de traernos el cordón. Entretanto, esté alegre y cuide de su salud y acuérdese de que soy, en el amor de Nuestro Señor, s. s.
Dirección: A la señorita Le Gras.
V. D. P.







