Vicente de Paúl, Carta 0232: A Luisa De Marillac

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Vicente de PaúlLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Vicente de Paúl · Año publicación original: 1972 · Fuente: Obras completas de san Vicente de Paúl.
Tiempo de lectura estimado:

Señorita:

La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.

Envío al portador de la presente para saber noticias suyas, con la esperanza de que las traerá buenas. En nombre de Nuestro Señor, señorita, haga todo lo posible para que así sea. Tiene motivos para quejarse de que no haya contestado a la que me escribió cuando marchó para Gournay. ¿Qué le vamos a hacer? Son faltas ordinarias en mí. Espero que Nuestro Señor me dé la gracia de enmendarme, si usted hace el favor de perdonármelas.

Bien, hablemos de su indisposición. ¿Tiene necesidad de algún médico? Si es así, dígamelo; enviaré alguno. Tiene uno [en] Senlis hombre muy hábil, que atiende al Rey y que va muchas veces a Liancourt, debido a la confianza que en él tienen los señores de Liancourt, y con mucha razón. No ahorre ningún esfuerzo en tenerlo y en que le asista debidamente. Quizás es que no ha llevado bastante dinero; si así es, dígamelo, y se lo enviaré.

Su hijo ha pasado aquí un día durante estas fiestas y ha ido a que lo purguen en Bons-Enfants. Está muy bien gracias a Dios. La señora Goussault ha ido a Grigny y luego a visitar algunas Caridades que se han establecido hace poco alrededor de Etampes.

Sus hijas del Hôtel-Dieu continúan portándose bien. Sólo Enriqueta sigue aún lánguida. María dice que es por la ausencia de usted. Esto le ha impedido ir a San Nicolás, y a Bárbara ir a San Sulpicio. Isabel está mejor. Lo único que pasa es que la joven que se ha asignado a la señorita Viole, las escandaliza por su modo de comportarse con los muchachos que vienen a verla, por lo que su maestra la ha despedido. Se trata de Normanda, de la que escribió usted a la señorita Viole que pidiese a la señora Goussault que tuviese cuidado de ella, por tener un espíritu importuno y peligroso. Ayer le mandé buscar para decirle que no hiciese entrar a los muchachos en la casa; pero ella no lo tomó a bien y me dijo que prefería marcharse. Hay que quedar en paz después de haber hecho todo lo que puede hacerse en casos semejantes.

Estas son las noticias que le pueden interesar. Y preguntemos ahora: )cuándo volverá usted? (Dios mío! Me olvidaba decirle que espero a la señora Mussot esta mañana para saber de fijo cuándo marchará.

La señora de Liancourt me ha dicho que vendrá a verme; pero he sabido, después de lo anteriormente escrito, que no lo ha querido hacer; y como el quehacer que tengo no me permite un rodeo tan grande, voy a enviarle un ruego para que pase por aquí a la vuelta. La señora Mussot me aseguró ayer que partiría a fines de esta semana. El Sr. prior habla de marcharse con ella y de ser uno de los capellanes de Liancourt con otro eclesiástico.

Ayer, como me urgía la señora de Combalet para que le enviase a la joven, y que era para ella, hablé sobre este asunto con María Denyse, pues me parecía la más indicada; pero ella me dio una respuesta digna de una joven que tiene vocación de Dios en la Caridad, que fue que había dejado a su padre y a su madre para entregarse al servicio de los pobres por amor de Dios, y que me rogaba la excusase si no podía cambiar de planes para ir a servir a esa gran dama. Después de esto hablé con Bárbara la mayor sin decirle por qué ni para quién, y la envié a que me aguardara en casa de dicha señora de Combalet, en donde le dije que esa buena señora la emplearía unas veces para su servicio y otras para los pobres de la parroquia. Ella se puso a llorar, y.después de tranquilizarse, la puse en manos de una señorita de la mencionada dama. Pero me quedé muy extrañado cuando poco después ella vino a casa del señor párroco de Loyac, donde yo estaba hablando con él, y me dijo que estaba asustada de ver una corte tan grande, que no podía vivir allí, que me rogaba que la quitase, que Nuestro Señor la había entregado a los pobres y me rogaba que la mandase a casa; lo cual dejó muy admirado a ese párroco por ver un desprecio tal de la grandeza del mundo, e hizo que yo le dijese a esa buena muchacha que volviese a casa de dicha señora, pero que, si no se encontraba bien allí dentro de cuatro o cinco días, que se volviese a San Nicolás.

¿Qué le parece, señorita? ¿No la entusiasma ver la fuerza del espíritu de Dios en esas dos pobres jóvenes y el desprecio que les inspira del mundo y de su grandeza? No puede imaginar el ánimo que esto me ha dado por la Caridad y el deseo de que vuelva pronto y con buena salud, para trabajar aquí expresamente. Haga, pues, todo lo posible por estar bien, señorita, por favor, y llévese a estas buenas jóvenes, si reconoce en ellas vocación y aptitud.

Bien, acabo pidiéndole a Dios que le devuelva la perfecta salud, como espero de su bondad, que soy, en su amor, y en el de su santa Madre, señorita, su muy humilde y obediente servidor,

VICENTE DEPAUL

San Lázaro, martes por la mañana, 27 mayo 1636.

Vi ayer a sus hijas del Hôtel-Dieu; están bien. Si necesita de mis servicios, lo dejaré todo por ello; pero espero que podrá prescindir de ellos.

Dirección: A la señorita Le Gras.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.