Vicente de Paúl, Carta 0075: A Luisa de Marillac

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Vicente de PaúlLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Vicente de Paúl · Año publicación original: 1972 · Fuente: Obras completas de san Vicente de Paúl.
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[Mayo 1631]

Mi pequeña indisposición no es esta vez la fiebre ordinaria, sino cierta molestia en la pierna, por haberme alcanzado un caballo de una coz, y por un pequeño tumor que comenzó hace ocho o quince días; se trata de tan poca cosa que, si no fuera por el excesivo cariño que tienen conmigo, no dejaría de salir a la ciudad. Agradezco el interés de usted y le ruego que no sienta pena, porque no es nada.

En cuanto a la pena interior que la ha obligado a dejar hoy la santa comunión, no ha obrado del todo bien. ¿No ve que se trata de una tentación? ¿Y habrá que hacer caso entonces al enemigo de la santa comunión? ¿Piensa quedar más dispuesta para acercarse a Dios alejándose de El, en vez de aproximarse? ¡Ciertamente, se trata de una ilusión!

Y respecto de Miguelín, ¿no es acaso otra tentación el que os turbéis con el miedo de la sujeción que tendrá que soportar? Ciertamente, Nuestro Señor ha hecho bien al no tomar a usted como madre suya, ya que usted no piensa encontrar la voluntad de Dios en la preocupación maternal que El requiere de usted para su hijo; quizás es que piensa usted que esto le impedirá cumplir la voluntad de Dios en otra cosa; esto es imposible ya que la voluntad de Dios no se opondrá jamás a la voluntad de Dios. Honre, pues, la tranquilidad de la santa Virgen en un caso parecido.

Me parece bien que nos envíe mañana a ese buen niño para que pase aquí la mañana. Espero también que le permita dedicarse a la pintura y que honre la tranquilidad del alma de Nuestro Señor por medio de una perfecta aceptación de su santa voluntad en todas las cosas.

En cuanto a la comunidad, será oportuno que se tome la molestia de darles las gracias con todo afecto. Pero sobre el obsequio, creo que no es usted ahora tan acomodada que pueda hacer mucho. Honre la santa pobreza de Nuestro Señor. Además, nada les contentará tanto como el agradecimiento de sus palabras. Y si Miguelín escribiese una cartita de gratitud al señor Bourdoise, me parece que estaría muy bien.

Acuérdese, por favor, de san Sulpicio y de mí en sus oraciones. que soy servidor de usted.

Dirección: A la señorita Le Gras.

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