PRESENTACIÓN por Richard McCullen C.M.
Los bosques y la niebla siemore desafiarán la naturaleza inquisitiva del hombre. De San Vicente de Paúl se ha dicho que sus obras lo rodean como un bosque y su humildad lo envuelve como una niebla.
Por ese bosque y por esa niebla nos conduce valientemente el P. José María Román. Su obra sobre San Vicente -fruto de años de reflexión y estudio -es la más reciente biografía del Santo y, muy oportunamente, sale a la luz en el cuarto centenario del nacimiento de San Vicente
Como historiador profesional, el P. Román está capacitado para aplicar los métodos de la crítica histórica a los datos de la vida y tiempo de San Vicente, mientras que como experimentado sacerdote es un competente guía e intérprete de la espiritualidad del gigante de la caridad; espiritualidad que, por otra parte, analiza detallada y acertadamente, en el segundo tomo de esta obra, el P. Antonino Orcajo
San Vicente de Paúl fue un gigante en más campos que el de la caridad, que fue su misión. Como un gigante, su pensamiento abarcaba desde el norte de Escocia hasta Argelia y Madagascar y desde Paría a Polonia. En su edad madura, Vicente de Paúl podía aplicar la energía de su mente a planear el rescate del los cautivos (hacia el final de su vida se preguntaba cuá sería el mejor método para librar al mundo de la piratería en el mar…). De ahí pasaba a hablar al primer grupo de Hijas de la Caridad sobre la importancia de la oración mental diaria y el método de hacerla. Más tarde, en el mismo día se le podía ver en el palacio real de París dando su ponderada opinión en el Consejo de Conciencia sobre el nombramiento de dignos obispos para Francia. La noche lo encontraba planeando la sustitución de aquellos de sus misioneros que habían muerto víctimas de la malaria en Madagascar.
¿Y cuál fue el secreto de este colosal despliegue de energía espiritual y de caridad? Él hubiera respondido sencillamente… «la gracia de nuestro Señor Jesucristo»: aquella gracia que se concede a los sencillos y humildes de corazón. Como él mismo decía, la sencillez era su Evanglio, mientras a la humildad la consideraba como una condición esencial de todo el que quiere amar a Dios y a los pobres.
Todo ésto – y bastante más – nos cuentan las páginas de esta biografía. Es de esperar que sus lectores se sientan estimulados a leer las cartas y conferencias de San Vicente, o en sus obras completas (todas ellas, afortunadamente publicadas y accesibles ya en español), o en la antología de escritos hecha por el P. Miguel Pérez Flores y que completa el segundo tomo de esta obra.
Estoy seguro de que los lectores de esta biografía y de los escritos de San Vicente – que la Biblioteca de Autores Cristianos, esfuerzo cultural católico de proyección universal, ahora les ofrece la niebla, mucha luz y orientación para sus vidas. A los encontrarán, en el bosque y en cuatrocientos años de su nacimiento, San Vicente de Paúl es un hombre para hoy. Para todos los lectores de esta biografía pido con la expresión favorita de San Vicente para saludar a los destinatarios de sus cartas, «que la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea siempre con nosotros».
RICHARD MCCULLEN, C.M. Superior General 25 de marzo de 1981
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