Tenéis que pensar con frecuencia que vuestro principal negocio y lo que Dios os pide particularmente es que tengáis mucho cuidado en servir a los pobres, que son vuestros señores. Sí, hermanas mías, son nuestros amos. Por eso tenéis que tratarlos con mansedumbre y cordialidad, pensando que por eso os ha puesto juntas y os ha asociado Dios, que por eso Dios ha hecho vuestra Compañía (SVP, IX, 125).
Trabajar juntos es el objetivo de Vicente de Paúl. No concibe él las cosas de otro modo. Desde el establecimiento de la primera Cofradía de la Caridad en Châtillon, constituye cada vez lo hoy llamaríamos equipos. Ante el desfile que se dirige hacia «Les Maladières» – así se llama el lugar donde sufre una familia entera -, advierte la multiplicidad de buenas voluntades, que sin embargo actúan de manera desordenada, lo que redundará en desperdicio y luego en indigencia. ¿Cómo poner a ello remedio? ¿No se podría intentar reunir a estas buenas señoras y exhortarles a entregarse a Dios, para servir a los pobres enfermos? (SVP, IX, 202).
A partir de entonces, siempre se detonará el reflejo de organización, revelándose a menudo cada nueva «caridad» como obra maestra de organización. Se prevé la estructura humana: el rector, la priora, la primera asistenta, la segunda asistenta, las servidoras… Se advierte una praxis que toca con prioridad a las personas comprometidas, donde el reglamento es algo obvio: admisión del personal, orden del día, caridad hacia los enfermos, visita de los presos, auxilios espirituales, entierro de pobres fallecidos. Cuando estas cofradías se instalen en París, mueven a las grandes damas de la nobleza, que han de plegarse a idéntico rigor, por encima de a las cuestiones de precedencia. La experiencia demuestra que de un trabajo conjunto, realizado de manera metódica, fluye una eficacia mayor. Así es como él ha respondido a la intuición inicial: Pero, como podría temerse que después de comenzar esta buena obra se viniera abajo en poco tiempo si, para mantenerla, no tuviera alguna unión y vinculación espiritual, han decidido juntarse en una corporación que con el tiempo pueda erigirse en cofradía (SVP, X, 574).
Comprobación fundamental y que va a renovarse en todas las instituciones vicencianas. La magnitud y urgencia de las llamadas que oye san Vicente le orientan siempre hacia respuestas de tipo comunitario.
Así los Padres y Hermanos de la Congregación de la Misión. El 4 de septiembre de 1626, cuatro sacerdotes se asocian y forman la primera comunidad. El acta oficial estipula que se trata del sostenimiento y manutención de algunos eclesiásticos de piedad y doctrina insignes que, asociados entre sí y viviendo en común, quisieran dedicarse por completo a la instrucción espiritual del pobre pueblo, yendo con el consentimiento de los prelados de nuestro reino a predicar, confesar, exhortar y catequizar de aldea en aldea (SVP, X, 274).
Las Hijas de la Caridad se organizan de manera similar con miras al servicio, y es interesante ver cómo se convierten de hecho en realidad comunitaria.
Vicente quiere comunidades para la evangelización y el servicio. Sobre esta finalidad se han abierto interrogantes. Una relectura atenta de Vicente de Paúl ha patentizado que la comunidad es el medio privilegiado de una misión eficaz. Esta opción envuelve un serio examen de conciencia. Cuando surgen tensiones, dificultades, conflictos en las comunidades, ¿tenemos este reflejo de interrogarnos sobre la manera cómo se sitúa cada miembro de la comunidad con respecto a los pobres? El proyecto apostólico debe organizar la comunidad en función de un trabajo exigido, y no a la inversa. ¿Quién no ve la relevancia de semejante orientación para toda la Iglesia? Los cristianos no se unen por el simple gusto de estar juntos, sino para una misión recibida de un superior. Esta perspectiva genera un nuevo modo de concebir la comunidad y puede imprimirle dinamismo, darle mayor aliento y vitalidad apostólica.
Pues toda misión legítima viene de Dios. Es el segundo elemento tomado en consideración por san Vicente. Tiene conciencia de que Dios es el principio mismo de la comunidad: todo mandato de caridad proviene de Él.
Ahora bien, la comunidad vicenciana da cauce otra dimensión a menudo evidenciada por Vicente: es una realidad de fe concebida a imagen de la Trinidad. Y eso vale para los Misioneros y para las Hermanas. Indica, por ejemplo, cómo lo mismo que Dios no es más que uno en sí, y hay en Dios tres personas, sin que el Padre sea mayor que el Hijo, ni el Hijo superior al Espíritu Santo, también es preciso que las hijas de la Caridad, que tienen que ser la imagen de la santísima Trinidad, aun cuando sean muchas, sin embargo no tienen que ser más que un solo corazón y una sola alma (SVP, X, 766).
He ahí abierta la puerta de la hermandad. ¿Cómo no desear entrar en relación con la otra persona? Vicente se entusiasma llegando a acuñar un nuevo vocablo para expresarlo: «mutualidad». Escuchémosle: ¡Oh Dios mío! … Hace falta eso: mucha comunicación de unos con otros, decirse todas las cosas. Nada hay de más necesario …. Hay que hacerlo así, y que no pase nada, ni se haga nada, ni se diga nada, sin que lo sepáis la una y la otra. Hay que tener ese trato en común. Es necesario tener esta mutualidad (SVP, X, 773).
La mutualidad es el fruto de la unión. Allende el simple espíritu de equipo, cada miembro de la comunidad está unido, en Dios, a sus hermanos; y se efectúa una especie de fusión de calidad trinitaria, que da plenitud de sentido al espíritu vicenciano: Vivan todas unidas – escribe Vicente a una superiora – sin tener más que un solo corazón y una sola alma, a fin de que por esta unión de espíritu sean una verdadera imagen de la unidad de Dios, ya que su número representa a las tres personas de la Santísima Trinidad. Pido para ello al Espíritu Santo, que es la unión del Padre y del hijo, que sea igualmente la de ustedes, que les dé una profunda paz (SVP, IV, 228s).








One Comment on “Unidos para servir y evangelizar”
Amo a san Vicente de Paul, a la obra que Dios puso en sus manos.
Admiro y felicito a toda la familia Vicentina, a los padres de la misión y a las hijas de la Caridad
por su entrega incondicional.
me podrían enviar información para jóvenes o adultos que deseen formar parte de la familia vicentina.
Bendiciones gracias por los escritos que nos envían motivan a ser mejor persona en un mundo de muerte y de desesperanza siembran esperanza y deseos de ser mejor persona.