Unidos en la oración

Francisco Javier Fernández ChentoEspiritualidad vicencianaLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Flores-Orcajo · Año publicación original: 1985 · Fuente: CEME.
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asd«Si aquí en la tierra dos de vosotros se ponen de acuerdo, cualquier asunto por el ­ que pidan les resultará, por obra de mi Padre del cielo, pues donde están dos o tres reunidos apelando a mí, allí en medio de ellos estoy yo». (Mt 18, 19-20).

«La comunidad se crea constantemente a sí misma renovando, ante todo, los ele­mentos más importantes de nuestro modo de vivir y de obrar, a saber: La oración, sobre todo en la Eucaristía, que se convierte en fuente de nuestra vida espiritual, comunitaria apostólica». (C 25,3).

El tercer elemento renovador de la comunidad vicenciana, según las Constituciones, es la oración. Resul­ta, en efecto, impensable una comunidad sin oración. El apostolado, que pueden desarrollar los Misioneros, sería poco menos que infructuoso, si llegara a faltar de la comunidad el ejercicio de la oración. Sin la oración, todos los aspectos que comprende la vida comunitaria quedarían deteriorados.

1. «El Señor se nos dará juntamente a todos».

Como quería San Vicente, no basta que nos reuna­mos para orar; es necesario, además, permanecer uni­dos en la oración. De ésta surgen los efectos necesarios para crear comunidad cristiana y apostólica; tales efec­tos son otras tantas razones que San Vicente exponía para vivir unidos en la oración:

«Si nos encontramos todos juntos ante nuestro Se­ñor y nos presentamos a El al mismo tiempo, como ha­cían los primeros cristianos, El se nos dará juntamente a todos, nos iluminarán con sus luces y realizará El mis­mo en nosotros y por nosotros los bienes que tenemos obligación de hacer en la Iglesia; en fin, nos dará la gracia ele llegar al grado de perfección que desea de nosotros, para que le podamos poseer algún día plena­mente en la eternidad de los siglos». (III 494-495).

2. «La fidelidad a la oración o el abandono de la misma son el paradigma de la vitalidad o de la decadencia de la vida religiosa».

Los Misioneros se sienten unidos con el Señor en la oración; gracias a ésta, es posible descubrir a Jesucristo en los hermanos y amar a todos en la persona del Hijo de Dios. El Espíritu de Jesús nos ilumina y nos enri­quece con su sabiduría para recoger las manifestaciones de su amor, si estamos profundamente penetrados por el espíritu de oración. A este respecto, escuchemos las palabras de Pablo VI:

«No olvidéis el testimonio ele la historia: la fideli­dad a la oración o el abandono de la misma son el pa­radigma de la vitalidad o de la decadencia de la vida religiosa. Es, pues, la oración el logro de la intimidad con Dios, deseo de adorar, voluntad de interceder; la experiencia de la santidad cristiana nos demuestra la fe­cundidad de la oración, en la cual Dios se mani f esta al espíritu y al corazón de sus siervos. El Señor nos da este conocimiento de Sí mismo en el fuego del amor». (ET 42).

3. «La Eucaristía, corazón de la comunidad y fuente de vida».

Pero ninguna oración ha de sernos tan querida como la Eucaristía:

«Reunidas en su nombre, las comunidades tienen de por sí como centro la Eucaristía, sacramento de amor, signo de unidad, vínculo de caridad. Es, pues, conve­niente que ellas se encuentren visiblemente reunidas en torno a un oratorio, donde la presencia de la Sagrada Eucaristía expresa y realiza a la vez lo que debe ser la principal misión de toda familia religiosa, como, por otra parte, de toda asamblea cristiana. La Eucaristía, gracias a la cual no cesamos de anunciar la muerte y la resurrección del Señor y de prepararnos a su venida glo­riosa, trae constantemente a la memoria los sufrimientos físicos y morales que agobian a Cristo y que, sin embar­go, habían sido aceptados libremente por El hasta la agonía y la muerte en la Cruz. Las amarguras que se os presentan sean para vosotros la ocasión de llevar junta­mente con el Señor y ofrecer al Padre tantas desgracias y sufrimientos injustos como afligen a nuestros herma­nos y a los cuales sólo el sacrificio de Cristo puede dar, en la fe, un significado». (ET 48).

  • ¿Asisto todos los días a la oración para crear constantemente comunidad con mis hermanos?
  • ¿Concelebro la Eucaristía, siempre que es posi­ble, con otros sacerdotes, bien de la Congrega­ción, diocesanos o religiosos?

Oración:

«Señor, que por el misterio pascual de tu Hijo realizas­te la redención de los hombres, concédenos avanzar por el camino de la salvación a quienes, celebrando los sacramen­tos, proclamamos con fe la muerte y resurrección de Cris­to. Que vive y reina contigo». (Mro, Votiva de la Santísima Eucaristía).

 

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