Unidad de vida

Francisco Javier Fernández ChentoEspiritualidad vicencianaLeave a Comment

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Author: Flores-Orcajo · Year of first publication: 1985 · Source: CEME.
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unidad de vida«Para mí es alimento cumplir el designio del que me envió a llevar a cabo su obra». (Jn 4,34).

«Es necesario, además, que nuestra vocación, a saber, fin, naturaleza y espíritu, dirija la vida y la organización de la Congregación» (C 9).

La C 9 no sólo es un criterio para la interpretación de toda la normativa constitucional, es sobre todo un criterio para la vida del misionero, para darle unidad, cohesión y armonía y evitar la dispersión y división en medio de tantas y tan variadas tareas.

1. Existe el peligro de la dispersión.

Es un dato que nos da la experiencia: existe el peligro de la dispersión de fuerzas, de la división y desorden exterior. El Vaticano II, mediante el documento Presbyterorum Ordinis, nos advierte del peligro de la dispersión:

«Siendo el mundo moderno tantas las tareas que han de afrontar los hombres y tanta la diversidad de problemas que los angustian, que reclaman con frecuencia solución urgente, no es raro se vea en tales circunstancias el peligro de la dispersión. Los sacerdotes, implicados y distraídos por múltiples obligaciones de su ministerio, no pueden menos de buscar con ansiedad cómo hacer compatible la unidad de vida interior con la acción exterior». (PO 14).

También Juan Pablo II avisa sobre el peligro de la dispersión en la vida apostólica:

«Un peligro constante para los obreros apostólicos consiste en dejarse implicar de tal forma en su propia actividad por el Señor que se olvidan del Señor de toda actividad». (Disc. a la Plenaria de la SCRIS, marzo de 1964

2. «Fortificar el hombre interior».

Lo que el Presbyterorum Ordinis aconseja al sacerdote preocupado por conseguir la armonía y unidad interior vale también para el Misionero:

La «unidad de vida no puede conseguirse meramente, ni por la organización de la actividad ministerial, ni por la práctica de los ejercicios de piedad, aunque a ello contribuyan notablemente. La pueden construir, en cambio, los presbíteros siguiendo en el cumplimiento de su ministerio el ejemplo de Cristo Señor, cuyo alimento era cumplir la voluntad de Aquel que le envió para acabar su obra.

Pues, en verdad, Cristo, para hacer en el mundo, mediante la Iglesia, la misma voluntad del Padre, obra por sus ministros, y por ello continúa siendo siempre principio y fuente de unidad de vida. Por tanto, los presbíteros conseguirán la unidad de vida uniéndose a Cristo en el conocimiento de la voluntad del Padre y en la entrega de sí mismos por el rebaño que se les ha confiado. De este modo, desempeñando el oficio de Buen Pastor, encontrarán el vínculo de la perfección sacerdotal en el ejercicio de la actividad pastoral, que reduzca a la unidad su vida y trabajo». (PO 14).

3. La fidelidad a la vocación vicenciana camino de unidad y armonía interior del misionero.

«Nuestra vocación dirige nuestra espiritualidad; nos esforzaremos en seguir a Cristo que se hizo pobre y humilde para comunicar su Misterio.
Nuestra vocación dirige nuestros trabajos apostólicos y nos da los criterios para juzgar si éstos cooperan objetivamente a la construcción de la Iglesia Servidora y Pobre.
Nuestra vocación dirige nuestra vida comunitaria sobre todo en lo que respecta al uso de los bienes, al modo de vivir y a los medios que debemos utilizar.
Nuestra vocación dirige la formación espiritual e intelectual y los estudios que debemos hacer en la Congregación para que ésta sea competente en la línea de máxima eficacia en el servicio de los pobres y del clero.
Nuestra vocación dirige nuestro ordenamiento comunitario. Los Superiores fieles a las Constituciones y a la práctica de la autoridad como servicio deberán promover el carisma de S. Vicente». (AG 1974, n. 26).

  • ¿Siento la falta de unidad interior, la falta de armonía interna, viéndome dominado, arrastrado por lo que tengo que hacer, por la fuerza de los acontecimientos imprevistos o más bien soy dueño de todo ello?
  • ¿He sabido no sólo organizar bien mi vida, sino preocuparme de hacer lo que un buen discernimiento me descubre como voluntad de Dios?
  • Mi vida espiritual, intelectual, apostólica, etc., ¿está en conformidad con las exigencias de mi vocación misionera?

Oración:

«Infunde en nosotros, Señor, el espíritu de inteligencia, de verdad y de paz, para que conozcamos de veras lo que a ti te agrada y, una vez conocido, lo realicemos con la ayuda de la gracia. Por nuestro Señor Jesucristo».
(Mro, Votiva 1.a, reunión de estudio o pastoral).

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