Este verano de 2010 he estado en Cuba y cuento lo que he visto y vivido.
Santos Suárez es un Municipio de la periferia de La Habana, donde se encuentra la Parroquia de la Milagrosa. Dicen que, antes, estaba ocupado por familias de economía media, con casas bien cuidadas, jardines… Hoy es otra cosa; pero tienen muchas ganas de recuperación.
Allí se asentaron nuestros Padres de la Congregación de la Misión, hace ya bastantes años, y levantaron un templo muy capaz y muy hermoso. Los feligreses recuerdan todavía los nombres de Obanos, Redín, Enríquez…
No sé qué referencias tendría la Iglesia particular de La Habana de aquella Parroquia, antes de la Revolución. Conozco de viva voz la que tiene ahora.
El Cardenal Jaime Ortega ha manifestado públicamente que es «la mejor de su Archidiócesis». Por lo que invita a sus sacerdotes a imitarla.
Están al frente de la misma, el «todoterreno y juvenil» P. Lusarreta, y el octogenario P. Jesús Cuevas. Cuando el primero, hace unos 15 años, decidió cruzar el Atlántico para intentar reevangelizar todo aquello, alguno de los que habían salido de la Isla, donde había participado físicamente conduciendo su todoterreno por Sierra Maestra, le dijo, muy convencido:»No vaya, no va a poder hacer nada. Todo está perdido para la Iglesia». Mas, empujado por su espíritu misionero, allí está, haciendo de aquel lugar un foco de redención espiritual, humana y social, entre aquellas humildes gentes.
Movimiento asistencial
Comenzó la labor transformando y creando lugares para una atención adecuada para todos los sectores de la Comunidad Parroquial: Salones y salitas para diversas necesidades de los «abuelos», hombres, mujeres, jóvenes y niños. Ha logrado hacer «acampadas» hasta encima del tejado del templo. Y ha logrado que el hueco de la torre, sea un lugar de oración.
El parque Móvil
La Guagua «Abuelos de La Milagrosa«, (una Villavesa de Pamplona), les lleva a la playa, a San Lázaro, en el Rincón, donde tienen una leprosería las Hijas de la Caridad, al Charcón, a ver los monumentos de la Ciudad. Lo mismo a los niños, a las Convivencias de los Jóvenes… Cuenta también con una Ambulancia y dos Guagüitas para los recados, idas al Hospital u otros menesteres de todos.
Acaban de inaugurar un Centro para unos 20 pacientes del síndrome DAWM. Todo nuevo.
Así están distribuidas las diversas plantas:
Planta baja: Salón de actividades, almacén de víveres, cocina y patio, estilo andaluz.
Planta primera: Sala de T.V., Fisioterapia, Oficina y Consultorio.
Planta segunda: Biblioteca, Salón Verde. Salón de reuniones, Sala abierta y comedor.
Planta tercera: Peluquería, Lavandería, Sala de costura, Terraza, Geriatría, Psiquiatría, Estomatólogo y Farmacia. Todo este montaje, al servicio de más de 200 «abuelos», y de 50 «cantineros», a quienes se les sirve… a domicilio.
La mañana comienza muy pronto. Muchos van a misa, desde donde pasan al comedor para desayunar. No faltan ni el saludo familiar ni la reflexión espiritual. Lo mismo ocurre al medio día, 14´30 p.m., cuando se les sirve el almuerzo. A la mitad de la mañana, se les ofrece un tente en pie; y a la tarde, se les despide con la cena.
EI día lo emplean: jugando, leyendo, viendo la T.V, haciendo otros oficios que redundan en beneficio de la Comunidad. En las paredes del Centro se pueden leer pensamientos aleccionadores de San Vicente y Santa Luisa; del Padre de la Patria, José Martí, o de los líderes de la Revolución.
Parroquia evangelizada y evangelizadora
En la Misión de Baena, Córdoba, año 1982, el P. Lusarreta estrena un nuevo modelo de Misión Popular, añadiendo a los Actos de la Misión la Reunión por las casas, que llamamos: Comunidades Familiares.
Este mismo sistema lo ha acomodado a la Comunidad Parroquial, y lo ha echado a andar, por ahora, con excelentes resultados. Dividida la parroquia por «cuadras» y Sectores, tiene unas 150 Casas Misión. Las Micro-parroquias, las llama. Con sus Responsables en todos los «carismas» de una Comunidad.
Este verano le ha correspondido a un servidor darles un empujón, y he dedicado todas las tardes de la semana a reunir en el templo, de cuatro en cuatro, a las Casas Misión; a veces a más, para que se conocieran mejor, y vivieran juntos la Palabra, la Liturgia y la Caridad. Comenzábamos con el rezo de Vísperas, de 6 a 8 de la tarde, y desmenuzábamos la Catequesis, con la participación de los asistentes. A las ocho pasábamos a celebrar la Eucaristía (se les colocaba en lugar preferente, para que el pueblo advirtiera el «acontecimiento»), y al finalizar esta celebración, compartían también la mesa, como consecuencia de lo que habían vivido.
Está siendo una experiencia muy positiva y, de cara al futuro, muy esperanzadora. Quizá sea el único sistema para la Parroquia del siglo XXI. Porque, no cabe duda, este sistema se irá extendiendo, y se formará una inmensa «red telaraña», que irá recogiendo y reuniendo a toda clase de gentes, atraídas por esas Comunidades, estilo a las de los Hechos de los Apóstoles.
Cuba está en un buen momento para trabajar de esta manera. Lo vimos en la Gran manifestación popular del día 8 de septiembre, festividad de la Virgen de la Caridad del Cobre, Patrona de la Isla. El pueblo llano abarrotó las calles, las ventanas y balcones a lo largo de los 4 kilómetros de la Habana vieja, que recorrió la Madre de Dios.
He estado en esta Ciudad. He intuido el cambio que se avecina. He vivido el modo de evangelizar el P. Lusarreta y sus compañeros, y doy gloria a Dios por los dones que les ha dado, y que los utilizan hasta el extremo a favor de los pobres. Y todo, como suele decir públicamente el P. Lusarreta, se lo debe… «a la Virgen de la Medalla Milagrosa».






