Todos misioneros

Mitxel OlabuénagaEspiritualidadLeave a Comment

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asdVivid a la altura de la vocación que habéis recibido; sed humildes y sencillos, sed pacientes y conllevaos unos a otros con amor. Esforzaos por mantener la unidad que crea el Espíritu, estrechándola con la paz. Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu como una es también la esperanza que os abrió su Ilamamiento; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Pa­dre de todos, que esta sobre todos, entre todos y en todos. Cada uno ha recibido el don en la medida que Cristo nos lo dio». (Ef 4,1-7).

«Todos los miembros de la Congregación de la Misión participan por el bautismo y la confirmación del sacerdocio real de Cristo. Unos son Clérigos y otros Hermanos, y todos se llaman también Misioneros.

1.° Los clérigos, esto es, sacerdotes y diáconos, conforme el propio orden, a ejemplo de Nuestro Señor Jesucristo Sacerdote, Pastor y Maestro, cumplen su vocación ejerciendo este triple oficio en todas las formas de apostolado que pueden servir para lograr el fin de la Congregación. Próximos a estos están los miembros de la Congregación que se preparan para recibir las Órdenes.

2.° Los laicos, que entre nosotros se llaman Hermanos, están destinados al apostolado de la Iglesia y de la Congregación y lo cumplen con obras adaptadas a su condición». (C 52, 1.°    ).

Desde el principio, los miembros que integran la Congregación de la Misión son clérigos y laicos. Cada uno, desde su propia condición y según los dones recibidos, contribuye a que la Congregación cumpla su misión en la Iglesia. Si los sacerdotes son importantes, los hermanos no lo son menos.

  1. Sacerdotes para Ia Misión.

La evangelización que la Congregación de la Misión quiere llevar a cabo en la Iglesia requiere que gran parte de sus miembros sean sacerdotes. El sacerdote querido por San Vicente es aquel que perpetúa el sacerdocio de Cristo evangelizador de los pobres. Es un sacerdote que, además, se consagra a la Misión. A él se le puede aplicar lo que el Presbyterorum Ordinis dice de todo sacerdote:

«El fin que persiguen los presbíteros con su ministerio y con su vida no es otro que el de procurar la gloria de Dios Padre en Cristo. Y esta gloria consiste en que los hombres acepten, consciente y libremente agradecidos, la obra de Dios realizada en Cristo y la manifiesten en toda su vida. De este modo, ya se entreguen a la oración y adoración, ya prediquen la palabra, ya ofrezcan el sacrificio eucarístico y administren otros sacramentos, ya se dediquen a los demás ministerios para el servicio de los hombres, los presbíteros contribuyen, a un tiempo, al aumento de la gloria de Dios y a que progresen los hombres en la vida divina. Todo esto, procediendo de la Pascua de Cristo, se consumaría en la venida gloriosa del mismo Señor, cuando El haya entre-gado el Reino a Dios Padre». (PO 2).

  1. Hermanos para Ia Misión.

San Vicente consideró a los Hermanos como un tesoro para la Compañía. Supo emplearlos bien para que prestaron óptimos servicios a la Misión. Hoy la presencia de los Hermanos en la Congregación adquiere un nuevo matiz a la luz de lo que el Concilio Vaticano II ha enseriado sobre las responsabilidades de los laicos en la construcción del Reino de Dios. San Vicente vio así la presencia del Hermano en la Congregación:

«Los Hermanos… concurren con sus trabajos corporales a las operaciones espirituales de los sacerdotes y la conversión del mundo; contribuyen a dar a los hombres el conocimiento de Dios, la fe, a excitarlos a la penitencia, a administrarles los sacramentos y a hacerles capaces de la vida eterna; a todo esto no podrían dedicarse los sacerdotes sin la ayuda que reciben de los Hermanos… Tenéis que dar gracias a Dios por encontraros en esta situación de contribuir a los designios que tiene Jesucristo sobre la Compañía. ¡Dichosos vosotros, que os encontráis en un estado que, aunque sea menor, es más seguro! Por eso habéis de alabar a Dios, porque podáis ayudar al prójimo de la forma que la obediencia os señale». (XI 401-404).

Todos unidos para servir a la Misión.

La unión entre los Sacerdotes y los Hermanos significa la «comunión» que existe en la Iglesia, el mutuo complemento entre el oficio de Marta y Maria. Pero para ello se requiere la unión que solo da el respeto y el amor mutuos.

«Esto (presencia de Sacerdotes y Hermanos) hace ver la comunión que existe en la Iglesia y en las comunidades, en donde todos buscan un mismo fin, donde cada uno contribuye a su consecución, aunque de diversas formas, donde los unos trabajan por los otros…

Pero mue es lo que deben hacer los Sacerdotes con los Hermanos? Les deben amar como a hijos, aunque les traten como a hermanos; deben ser, además, tolerantes y condescendientes con ellos y compasivos con sus debilidades; si, Padres, debéis amar a los Hermanos franca y sinceramente… Y esta es la manera de conservar a la Compañía en esta santa unión: que nuestros Hermanos sean respetuosos y obedientes y que los Sacerdotes tengan siempre un verdadero amor a los Hermanos». (XI 402, 407).

  • Yo, sacerdote, estimo la votación de los Hermanos y procuro que tengan un puesto responsable en los proyectos comunitarios y apostólicos de la comunidad?
  • Yo hermano, soy consciente del gran servicio que puedo prestar a los Sacerdotes en sus trabajos apostólicos?
  • Tengo idea clara del papel que tanto los quehaceres sacerdotales como los laicales pueden desempeñar en la Compañía?

 

ORACIÓN:

«Oh Dios, Padre misericordioso, que has llamado a cada por su propio nombre; concédenos comprender plenamente el sentido de nuestra vocación de Sacerdote y Hermano de la Congregación. Que tu Espíritu nos inspire y anime a cumplir con celo y competencia las obligaciones propias. Que tu bondad nos otorgue el poder contribuir a las tareas de nuestra Congregación con todo lo podamos dar de nosotros mismos para que nuestro don spa total en el servicio de la Iglesia. Por Jesucristo nuestro Señor».

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