«Os fijáis solo en apariencias. El que esté convencido de ser de Cristo, que tenga en cuenta eso: que yo soy tan de Cristo como él. Y aunque alardease un poco de mi autoridad, que me dio el Señor para construir vuestra comunidad, no para destruirla, nadie me va a dejar en mal lugar, para no dar la impresión de que os meto miedo con cartas».
(II Cor 10,7-9).
«Los que en la Congregación ejercen la autoridad, que procede de Dios, y los que de cualquier modo participan en su ejercicio, incluso en las Asambleas y Consejos, tengan presente el ejemplo del Buen Pastor, que no vino a ser servido sino a servir. Por ello, conscientes de su responsabilidad ante Dios, ténganse por servidores de la comunidad, para promover el fin propio de la misma según el espíritu de San Vicente, en una verdadera comunión de apostolado y de vida». (C 97,1).
La autoridad en la Compañía viene de Dios como la de la Iglesia, de cuya naturaleza participa (c. 618). Los que de alguna manera ejercen la autoridad deben fijarse en Dios, no solo para comunicar la voluntad de Dios, sino para actuar como actúa Dios. De ahí la importancia de tomar a Cristo como ejemplo.
- Los superiores y la triple función de profeta, sacerdote y rey.
La autoridad es servicio (Mt 20,28), un servicio que se fundamenta en la triple función de Cristo como profeta, sacerdote y rey:
«Los Superiores ejercen su función de servicio y guía de acuerdo con la índole propia del Instituto. Su autoridad proviene del Espíritu del Señor en conexión con la sagrada jerarquía… Ahora bien, teniendo presente la condición común del Pueblo de Dios, es decir, la condición profética, sacerdotal y real (cf. LG 9, 10, 34, 36), la autoridad de los superiores goza de esta triple función: a) función de magisterio: los Superiores tienen la misión y autoridad del maestro del espíritu con relación al contenido evangélico del propio Instituto… b) función de santificación: son propios de los Superiores la misión y mandato de perfeccionar, con diversas incumbencias, en todo aquello que tiene relación con el incremento de la vida de caridad conforme al modo de ser del Instituto… c) función de gobierno: los Superiores deben ejercer el servicio de ordenar la vida de su propia comunidad, y organizar los efectivos del Instituto en orden al fomento de la misión peculiar del mismo… ». (MR 13).
- «No tenga Ia pasión de parecer superior ni de ser maestro».
El servicio debe ser humilde, como el de Jesús, que se hizo siervo (Flp 2,7). Esta clase de servicio aconsejó San Vicente:
«Otra cosa que le recomiendo es la humildad de nuestro Señor. Diga muchas veces: Señor, qué he hecho yo para tener este cargo? ¿Qué méritos tengo para cumplir con la carga que han puesto sobre mis espaldas? Dios mío! Lo voy a estropear todo, si tú no guías todas mis palabras y mis acciones. Consideremos en nosotros todo lo que tenemos de humano e imperfecto y encontraremos demasiado en que humillarnos, no solo delante de Dios sino también ante los hombres… Sobre todo, no tenga Vd. la pasión de parecer superior ni maestro. No opino lo mismo que una persona que hace unos días me decía: para dirigir bien y mantener la autoridad hay que hacer ver que uno es superior. ¡Dios mío! Nuestro Señor no hablo así; nos ensenó todo lo contrario de palabra y con el ejemplo, diciéndonos de sí mismo que había venido a servir y no a ser servido y que el que quiera ser el amo tiene que ser el servidor de todos. Acepte, pues, este santo principio, y pórtese con aquellos con quienes va a convivir «quasi unus ex illis», diciéndoles de antemano que no va Vd. a enseñarles nada sino a servirles; hágalo así por dentro y por fuera y ya vera como le va bien todo». (XI 238-239).
- Servidores de Ia Comunidad.
Se trata de servir a la comunidad según su propio fin y según su propio espíritu. San Pablo confiesa que ha recibido la autoridad para edificar y no para destruir (2 Cor 13,10). La Iglesia establece que los superiores «procuren edificar una comunidad fraterna en Cristo, en donde por encima de todo Dios sea buscado y amado» (c. 619). La Congregación señala a los superiores sus deberes para con la comunidad:
«El Superior General, sucesor de San Vicente, a una con toda la Congregación, continua la misión del Fundador, adaptada a las diversas circunstancias, en servicio de la Iglesia universal. Así, pues, gobierne la Congregación con tal desvelo que el carisma de San Vicente permanezca siempre vivo en la Iglesia». (C 101).
«El Visitador, celoso por la activa participaci6n de todos en la vida y apostolado de la Provincia, dedique los misioneros y bienes de la misma al servicio de la Iglesia según el fin de la Congregación, fomente los ministerios de las Casas y muéstrese solicito del progreso personal y actividades de cada uno procurando una viva unión entre todos». (C 123,2).
«El Superior, centro de unidad y de animación de la vida de la Comunidad local, fomente los ministerios de la Casa y, a una con la Comunidad muéstrese solicito del progreso y actividad de cada uno». (C 129,2).
«Las Asambleas de la Congregación de la Misión, cuyo fin es velar por la espiritualidad y la vitalidad apostólica de la Congregación…». (C 135).
- Si he sido llamado al servicio de la autoridad ¿tengo en cuenta el valor teológico de la misma?
- La convicción de que la autoridad viene de Dios ¿me sirve para que el desempeño de mi oficio sea evangélico?
- ¿Me lamento de que hoy la autoridad no tenga «buena prensa» y no goce de los privilegios de antaño?
ORACION:
«Oh Padre, que, según el ejemplo de tu Hijo Jesucristo, quieres que los que participan de tu autoridad no se hagan servir sino que sean servidores de sus hermanos; concede a todos los superiores la gracia de darse plenamente e incansablemente, de ser vigilantes en la oración, y alegres y solícitos en el servicio a la comunidad. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amen».






