Entrevistamos a Rayco José Sarmiento Santana. Natural de Valleseco (Gran Canaria).
Este joven de 19 años, estudia 2º de bachillerato y el septiembre próximo comenzará su vida de formación sacerdotal en el seminario de su diócesis. Pidiéndole a Dios por su vocación, y dándole las gracias por habernos regalado a un futuro sacerdote diocesano amigo de la Familia Vicentina, y así pues de los Pobres.
Gracias Rayco por tu testimonio vocacional y de fe. Que sea para gloria de Dios.
Explicarnos brevemente tu proceso de fe.
Mi proceso de fe, ha sido un proceso continuo desde mi nacimiento.
He tenido la suerte de criarme en un ambiente cristiano, además de tener una tía Hija de la Caridad. He tenido bastante suerte.
Mi infancia fue feliz rodeado de mi familia. Aunque vas creciendo y la familia se va distanciando. Te das cuenta que siempre no va a ser así.
A los 6 años entré en el grupo de monaguillos de la parroquia, más bien presionado por mi abuela (cosa que ahora estoy agradeciendo).
La fe la descubrí hace escasos 2 años y algo. Es más, estuve a punto de dejar el grupo de monaguillos, porque cuando llega la edad de la bobería, la adolescencia, te empiezas a plantear las cosas y yo veía que sólo iba a la iglesia por ir, es decir, no había ninguna motivación. No lo dejé porque en mi parroquia llegaba un nuevo sacerdote y yo era uno de los que más o menos le iba a poner al tanto de las cosas que no le había explicado su antecesor. Este sacerdote se llama Juan Carlos y es a quien yo le debo el descubrir verdaderamente, como es y como trabaja un sacerdote. Además que con él descubrí la fe en múltiples experiencias.
Después vinieron los dos años de catequesis y posterior confirmación, donde sentí realmente el espíritu sobre mí, que me empujaba a abrazar a Cristo que entraba en mí y me llamaba a una conversión verdadera.
¿Cómo fue madurando tu vocación?
A partir de este sacerdote me lo planteé pero yo decía que no. Estaba estudiando un ciclo de electricidad porque no me atreví a hacer bachillerato. Cuando llegue a 2º y me di cuenta que no podía presentarme a la prueba para hacer el ciclo superior por la edad, me planteé mi futuro. No me veía trabajando de electricista, así que miré otras opciones. La de bachillerato me pareció la que más salidas tenía, así que entré con el sueño de hacer psicología porque me gustaba el rollo de ayudar a los demás.
En el primer curso de bachillerato a Juan Carlos, lo destinaron al seminario diocesano, como vicerrector y formador, además de una pequeña parroquia cerca del mismo.
Ese verano fue el de mi primer Benagalbón, que animado por mi tía, Hija de la Caridad, fuí.
No conocía a nadie, sólo a un par de chicos de la Prepascua. Han sido las semanas que más me han marcado en mi vida. Conocí a gente increíble, también a uno de mis mejores amigos, que aunque lejos seguimos manteniendo el contacto… Además me conocí un poco más a mí mismo.
En el seminario que realizamos en la escuela Benagalbón, dedicado a educar la interioridad, me di cuenta de lo poco que me conocía interiormente y la falta que me hacía revelar mi interior a los demás para poder conocer de verdad a la gente que me rodea.
Terminado Bena´09 empezaba el nuevo curso en bachillerato lleno de ilusión y ganas. Juan Carlos, me había dado un folleto de caminatas y retiros del seminario y fui a la primera. Más bien fui por vivir algo distinto porque yo no me lo planteaba. Después de la caminata y tras mucho esperar para tener los 18, pude hacer los cursillos de cristiandad en noviembre de 2009, animado por Juan Carlos. Mi alma esperaba algo así.
Cuando hice los cursillos tenia novia hacía un mes. Pero algo pasó de que me hizo cambiar de opinión. Me dijeron: «Hay un momento en el que si quieres puedes confesarte con un sacerdote». Yo lo conocía de alguna experiencia anterior, era un sacerdote alegre y chistoso. Me confesé y al final de la confesión me pregunto:
¿Y tú qué quieres estudiar?
Psicología.
¿Y no ves la opción sacerdotal?
No porque no me gusta hablar en público, me gusta más cara a cara.
¿Y… por qué no? Un cura también puede hablar cara a cara a través de la confesión, ¿No será una barrera que tú mismo te estás poniendo?
Aunque no supe darle respuestas, dejé a mi novia a la semana, porque no sentía nada especial por ella. Esa pregunta es la clave de mi proceso vocacional. Aunque no fue enseguida cuando me di cuenta. Seguí yendo a las caminatas y retiros… sobre todo en los últimos veía que la opción de psicología se alejaba debido a que es una carrera de ciencias y yo soy de letras.
Me propuse vivir una experiencia más grande de comunidad, integrarme mejor, conocer a la gente, y crear un clima de ayuda mutua. Además me propuse tomar la vocación en serio, a través de un proceso vocacional más fuerte.
Llegó el verano y con él: Benagalbon. Volví a ver a mucha gente, sobre todo a mi gran amigo. Este Benagalbón me sirvió para conocer un poco más a la familia vicentina y para estrechar lazos. Además pude compartir experiencias semejantes a la mía… pero vistas desde la Congregación de la Misión. También viví una experiencia muy agradable con la frater (que es una organización de enfermos físicos, psíquicos), experiencia muy gratificante ya que descubrí la verdadera cara de Dios en las sonrisas de estos enfermos de los que tenemos tanto que aprender.
Este año ha sido y sigue siendo un proceso vocacional continuado. Aún no lo tengo claro del todo, pero hay muchas posibilidades de que en septiembre comience primero de seminario y de licenciatura en estudios eclesiásticos.
¿Cuál es la vocación de un sacerdote diocesano?
La vocación diocesana es una vocación de servicio en mayúsculas. Servicio a todas las realidades parroquianas. Servicio a los niños, a los jóvenes, a los adultos y a los ancianos, sin olvidarnos de los enfermos, promoviendo la común-unidad y respetos mutuos.
¿Qué sientes al servir al Pobre?
Servir al pobre en las distintas realidades, que no siempre es pobreza física, es algo con lo que te sientes realizado, es duro, pero el esfuerzo por llevar comida, sonrisas o por intentar alegrarles un poco la situación es muy grande, son un verdadero don de Dios. En ellos está la sabiduría verdadera, la que no conoce de materia, si no que se fija únicamente en las personas y en Dios. Hay algunas cosas negativas pero si se va decidido y con voluntad, carecen de importancia.
¿Qué relación tienes con la Familia Vicentina?
Tengo una tía que es Hija la de la Caridad. Ella me ha inculcado el ser servicial hasta el extremo, ya que ella lo es porque nunca está parada, siempre está haciendo algo. Gracias a ella conocí a la Familia Vicentina y su labor, ya que, me invitó a la Prepascua del 2009 y al Benagalbón 2009 y 2010.
¿Qué piensas sobre su función en el mundo?
La Familia Vicentina, es muy importante en la sociedad actual. JMV, forma a muchos jóvenes, con la inestimable ayuda de las Hijas de la Caridad y de los misioneros de la Congregación de la Misión, que están respondiendo a las necesidades de muchas parroquias. Las vocaciones a estas ramas de la iglesia también son pocas. Pero aún así, sé que esta Familia Vicentina tiene mucho futuro, por su labor social, tanto de misión como de acogida de niños o ancianos.
¿Cómo ves tu futuro?
Abierto a Dios.
¿Qué les dirías a los jóvenes con una pequeña inquietud misionera?
Les diría que se lancen, si el señor los llama a la vida de misión, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras, y que si aceptan su voluntad, serán las personas más felices, porque el ser humano es únicamente feliz haciendo lo que Dios quiere para él.







