Tercer domingo de Adviento (reflexión de Mario Yépez, C.M.)

Francisco Javier Fernández ChentoHomilías y reflexiones, Año CLeave a Comment

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Author: Mario Yépez, C.M. .
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Alegría esperanzadora

El profeta Sofonías realizó su ministerio probablemente en tiempos de Josías, rey de Judá, en los tiempos de la reforma religiosa, que destruyó todo signo de idolatría que atentara contra la unidad de fe en el Dios Yahvé. Sofonías parece ser un gran colaborador de esta obre reformista religiosa pero aún así insistió en el peligro de volver a caer en la idolatría previendo la futura catástrofe de Jerusalén. Con todo esto, Sofonías como muchos de los profetas no deja de presentar una profecía de esperanza para Jerusalén y es lo que hemos proclamado en esta primera lectura. En estos pocos versículos se reúnen casi todos los verbos posibles que expresan el mismo sentido de «alegría» tanto en el pueblo («grita de alegría», «da vítores», «alégrate y exulta»: v.14) como en Dios («exultará ante ti», «se alegrará»: v.17). Para llevar adelante este mensaje de alegría y esperanza es necesario que Dios esté en medio del pueblo (v.15.17), y que éste le considere su «valiente salvador». No se puede mirar al futuro en la presencia de Dios sino se reconoce su acción en el pasado y aunque hayamos sido conscientes de nuestro «escarnio» por haberlo abandonado, él nos muestra el camino de su liberación, curando nuestras heridas, secando nuestras lágrimas, consolando nuestras penas.

Continuamos leyendo la carta a los filipenses y nuevamente escuchamos el afecto considerable de Pablo a esta comunidad caracterizada por su amor sincero para con él mismo y para con los hermanos siendo un ejemplo para otras comunidades (resalta de manera particular: la tolerancia). Aún a pesar de ello, Pablo insiste en no decaer en la exigencia de vivir la alegría de ser cristianos (dos veces repetida en el v.4). La constancia de la oración y la paz del corazón son para Pablo signos de identificación de la vida del cristiano, pues ayuda a purificar siempre el pensamiento superando así todo tipo de conocimiento. Pablo predica la venida del Señor, pero sabe también que las comunidades deben sostenerse en el ejemplo fiel de sus miembros para que tenga sentido la espera por el Salvador.

Es indudable que Juan el Bautista para Lucas es el primer discípulo de Jesús. Por eso su predicación pasa a tener todas las connotaciones de una predicación cristiana. Lucas se adelanta a la evangelización y lo pone en boca de Juan quien prepara el camino del Mesías el Señor. El diálogo con estos diferentes representantes (gentes, publicanos, soldados) revelan la apertura del anuncio del Reino para todos los hombres no importando su condición. Para el evangelista, no basta asumir desde la purificación del bautismo de conversión que ofrecía Juan, la preparación de la venida de Cristo, sino hay una exigencia de moralidad necesaria a practicar. La fuerza del relato se manifiesta en la posibilidad de que Juan sería el Mesías. Lucas no deja esto sin aclaración y es el mismo Juan especifica que no es él, sino «el que viene», quien es «más fuerte que yo». Juan es el amigo del «esposo» y es quien no puede ocupar su lugar porque sólo él es el «quien puede rescatar» (goel: imagen de las sandalias). La autoridad de Jesús es subrayada con el ejemplo de la limpieza de la era. Así Juan anuncia las buenas nuevas, Juan es el primer convertido y el que quiere que todos se conviertan al nuevo tiempo que se inaugura con Cristo.

La esperanza del adviento una vez más se nos traduce en acción. Seguimos meditando la alegría del adviento, una alegría que pueda ayudar a mirar con optimismo el futuro, curando las heridas del pasado. Es verdad que estamos imbuidos en este tiempo que muchas veces se puede convertir en cómplice de nuestras tristezas amargas y deseos de venganza y retribución, pero es necesario dar el salto en busca de salvación, perdón y paz. El Señor está cerca, ¿qué hemos de hacer? Intentemos que el Señor esté en medio de nosotros, y elevemos plegarias de acción de gracias que hagan posible esto no solo para nosotros sino para todos los hombres. ¡Ánimo!, lleva tu cántaro, como el salmista y comparte la alegría a tus hermanos de saber que:»sacareis aguas de las fuentes de la salvación, porque quieres que Dios esté en medio de ti, el Santo de Israel».

 

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