Susana Guillemin: Repetición de oración, 7 de diciembre de 1962

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Susana GuilleminLeave a Comment

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Author: Susana Guillemin, H.C. .
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A las Hermanas que van a emitir los Votos por primera vez

Hermanas, van ustedes a cumplir el mayor acto de su vida en la fiesta de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen: pronunciar los votos que las entregarán irrevocablemente al Señor.

Ella, nuestra Inmaculada Madre, será quien presente a su Divino Hijo la ofrenda de sus vidas y la firme resolución de sus corazones de seguirle sin reserva a El solo.

Ante ustedes se abre una larga vida, durante la cual tendrán que cumplir, mantener, perfeccionar, la donación que van a hacer mañana. Que nuestra Madre ,sea siempre su modelo y su apoyo. A Ella confió Santa Luisa la pureza y la perseverancia de todas sus hijas. Mírenla.

—  Ella, la Virgen Inmaculada, vivió libre de todo apego a los bienes de la tierra, pobre entre los pobres, es decir, no considerando cosa alguna como propia, dejando a la primera indicación su casa de Nazaret, despúés su país de Judea, aceptando la incomodidad, la pobreza material, no sólo para sí, sino también para Aquél a quien amaba más que a todo: su Hijo; consintiendo, por último, en verse desposeída de ese Hijo y aceptando en su lugar a Juan.

—  Ella, la Virgen Inmaculada, cuyo corazón no latió más que para Dios. Ni un segundo de su vida, ni un movimiento de su alma fue nunca para ella o para las criaturas. Todo su ser estuvo penetrado por Dios, enteramente poseído por el Señor. Nunca podremos comprender la profundidad y lo absoluto de esta posesíón. De tal modcp estaba María poseída por Dios, que su corazón era soberanamente libre y estaba abierto a todos, era lo bastante grande y lo bastante puro como para abrazar en un amor maternal a todos los pecadores, a todos nosotros.

—  Ella, la Virgen Inmaculada, confundíó su voluntad con la de Dios. La sumisión no fue nunca en ella una sujección inquieta o servil, sino una adhesión total, en fe y esperanza, a pesar de los obstáculos de su razón humana, a los designios de Dios, ya le fueran manifestados por un ángel o por los que tenían autoridad sobre ella, por la ley humana o divina o por las simples circunstancias.

—  Ella, la Madre Inmaculada, se inclina sin cesar a todos los que sufren. No hay necesidad del alma o del cuerpo que la deje indiferente. A su prima Isabel, le presta los más humildes servicios; en la Pasión, no se separa ni un momento de Cristo. Alienta y estimula la oración de los Apóstoles en espera del Espíritu Santo. Sostiene los primeros pasos de la Iglesia naciente.

María es el más puro, el más sencillo, el más hermoso modelo para toda vida de Hija de la Caridad. Basta con mirarla para encontrar la luz, pero hay que mirarla.

Si quieren ustedes mantener su fervor y reanimar de continuo su amor, contemplen a menudo a la Santísima Virgen en sus oraciones, con esta contemplación, sencilla y asequible a todos, que sólo requiere un corazón lleno de deseos, un alma humilde y u.na mirada atenta. Pidan al Señor la gracia de una fidelidad total.

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