Susana Guillemin: Repetición de oración, 14 de agosto de 1962

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Susana GuilleminLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Susana Guillemin, H.C. .
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Susana Guillemin, H.C.
Susana Guillemin, H.C.

14 de agosto de 1962
A las Hermanas que van a emitir los votos por primera vez

Hermanas, se encuentran al pie del altar del Señor, dispuestas a pronunciar dentro de unas horas las palabras que van a comprometerlas definitivamente con El. Cada una de ustedes llega hoy al término de una larga cadena de gracias. Cada una admira, en lo secreto de su corazón, la acción de Dios en ella y cómo, por caminos a veces extraordinarios, la ha ayudado a triunfar de los obstáculos, conduciéndola al don total. Sea, pues, su primer sentimiento el de una humilde, pero ferviente acción de gracias: Es Dios quien las ha elegido.

Y, mañana, van ustedes a ser presentadas a El como séquito de la Reina del Cielo, formando en el cortejo de las vírgenes que lo siguen por donde va. Su consagración a Cristo tendrá el carácter de un compromiso a reproducir y continuar el estado de virginidad, consagrado por el ejemplo de Aquella que lo abrazó la primera, recibiendo de El su nombre glorioso de Santísima Virgen.

Estado de vida que tributa a Dios la más perfecta de las alabanzas, puesto que es la afirmación indiscutible de que sólo El merece ser amado y preferido por encima de todos los bienes de este mundo. La elección personal de ustedes ha correspondido, ha sido una respuesta a la elección de Dios: han decidido renunciar a todo lo que no es El y van a comprometerse a ello, ante Dios y ante los hombres, mediante los votos. Que la Santísima Virgen, que recibe en los cielos la recompensa a su fidelidad, les obtenga la gracia de ser cada día más fieles a las promesas que van a hacer.

Que les obtenga la gracia de descubrir toda la extensión de la santa pobreza, junto con la fortaleza necesaria para practicarla estrictamente: desde la sujeción a los permisos que hay que pedir, hasta la renuncia a todo espíritu de posesión, en cualquier terreno que sea. Pidan cada día el poder comprender esa pobreza interior que es el verdadero tesoro de las almas consagradas y la fuente inagotable de su alegría.

Contemplen en la vida de la Virgen las maravillas del amor divino. Aprendan de Ella cómo una virgen consagrada ha de guardar y meditar los misterios de Cristo. El voto de castidad no es otra cosa que voto de Amor. El día en que su caridad llegara a enfriarse, su castidad estaría amenazada Reanimen sin cesar en la oración, el pensamiento del Señor, único dueño de su corazón.

Pero sepan encontrarlo también y sobre todo en aquellos a los que El las envía y en los que El las aguarda. Tienen que prestarles cuidados y servicios; tienen que darles, más especialmente a través de toda su vida», el testimonio evangélico que esperan y necesitan.

Su vida pobre, casta, obediente, dará testimonio de Cristo. Esos tres primeros votos, bien observados, les permitirán practicar con perfección el cuarto voto de servicio corporal y espiritual a los pobres.

No dejen pasar ni un solo día de su vida, Hermanas, sin haber hecho algún esfuerzo, y sobre todo sin haber orado para conseguir la gracia de cumplir con fidelidad sus santos votos. Solamente el esfuerzo y la vigilancia, sostenidos por una oración constante, pueden merecer la fidelidad que vamos a pedir para ustedes a la Santísima Virgen.

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