Sor Paulina Ocariz

Mitxel OlabuénagaBiografías de Hijas de la CaridadLeave a Comment

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Author: · Year of first publication: 1974 · Source: Anales españoles.
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biografias_hijas_caridadOÑATE. (De nuestro corresponsal, Ugarte).

A nivel de pueblo, Oñate vivió una jornada inolvidable de profunda con­dolencia y exteriorizó sus sentimientos, acudiendo en masa a los funerales de Sor Paulina, religiosa Hija de la Cari­dad, que el día 25 de julio falleció, a los 92 años de edad, en nuestro hos­pital

Toda una prolongada existencia vi­vida en plenitud al servicio de los ni­ños párvulos, alternando con sus des­velos continuos cerca de los pobres y ancianos, en un constante quehacer, sin dar lugar a desmayos ni treguas, en una dedicación que se prolongó a lo largo de 72 años, en los que desfilaron por las aulas de su humilde parvulario, prácticamente, todos los pequeñuelos, a partir de los dos años. La buena re­ligiosa tenía que emplearse a fondo en una doble labor para conjugar admi­rablemente sus labores magistrales con las atenciones maternales hasta descen­der a las más humildes y necesarias propias de los niños de tan corta edad, que la humilde religiosa las realizaba con encantadora sencillez y naturalidad; en su doble sentido, era toda una ins­titución y su caritativa ejemplaridad era la llave mágica que le abría las puer­tas de los corazones y de las casas y ho­gares de Oñate.

Cada día, los niños con su media lengua, al regresar a sus casas, eran los portavoces de las vicisitudes y anécdo­tas que se originaban en el parvulario que los niños, con su lengua de trapo, las comentaban a su estilo; necesaria­mente, Sor Paulina aparecía como fi­gura central: contarían lo que aquel día se les había enseñado; otros co­mentarían aquellos «dulces» coscorro­nes con que salpicaba sus reiteradas ex­plicaciones, ante las ingenuas travesu­ras de los inquietos párvulos, mientras la amable religiosa se desgañitaba.

Así la conoció y así se forjó su in­confundible personalidad de recia na­varrica en el pueblo de Oñate. Este, con esa exquisita sensibilidad que re­conoce conmovido lo que se hace en favor de sus pequeñuelos, quiso dejar constancia de su honda gratitud dedi­cándola, años atrás, un fervoroso home­naje, donde inconfundiblemente se pu­so de manifiesto su entera gratitud ha­cía aquella religiosa que en el amor de Dios y de los hermanos se había gas­tado y quemado, sin reservas, para vi­vir la caridad en esta humilde y sufri­da congregación hacia los pequeños y necesitados de Oñate. En una nueva exigencia de reconocimiento y gratitud, el pueblo de Oñate, al cumplir Sor Pau­lina la edad de 90 años, nuevamente se lanzó a la calle para volver a aga­sajar a la que se le nombraba «prime­ra maestra», y, en una nueva edición de reiterada gratitud, volvió a revivir una inolvidable jornada, en la que ex­teriorizó su perenne gratitud y amor hacia tan ejemplar maestra como ab­negada madre.

Todo este reconocimiento de afecto y consideración brotó de nuevo este viernes pasado, provocado por la no­ticia de la muerte de Sor Paulina. El comentario obligado de las conversa­ciones en familia y de los corrillos de las esquinas de las calles se centra­ban en la luctuosa noticia, que corrió con rapidez por todo el pueblo: salió a relucir la ejemplaridad de su vida; las diversas anécdotas del parvulario estaban a la orden del día. Ella, aman­do incondicionalmente a los más peque­ños y necesitados, se había identifica­do plenamente con el pueblo de Oñate, en sus alegrías y en sus penas, como una auténtica oñatiarra, de forma que sin temor a ser desmentida gustaba re­petir: «Vosotros, sí, gritáis, con legí­timo orgullo, que sois oñatiarras: na­die os lo discute, pero yo os digo que, aunque navarrica, soy más oñatiarra que todos vosotros», refiriéndose a los muchísimos años que residía en Oñate, y a la que se sentía vinculada como una oñatiarra más.

Con motivo del funeral, revivieron en el alma del pueblo estos nobles sen­timientos, y nuestra hermosa parroquia presentaba el aspecto de las grandes jornadas. El obispo presidió las hon­ras fúnebres y la misa concelebrada con la participación de doce sacerdo­tes, con la particularidad de que uno de ellos era sobrino, P. Paúl, y los restantes, antiguos alumnos del parvu­lario de Sor Paulina: una nota bien evocadora. El obispo dirigió su palabra pastoral en una conmovedora introduc­ción de circunstancias, y la homilía corrió a cargo del sacerdote don José María Aguirrebalzátegui, quien en bre­ves y oportunas palabras, glosó entra­ñablemente la labor realizada por la desaparecida, y terminó pidiendo una súplica por su eterno descanso. Des­canse en paz nuestra admirable Sor Paulina Ocáriz, quien, nacida en el pue­blo navarro de Morentín de la Solana, en medio de una familia numerosa, Sor Paulina, la mayor, cuenta asimis­mo, con otras dos hermanas religiosas, también miembros de las Hijas de la Caridad, que llegó a nuestro pueblo hace ahora 72 años, a la prometedora edad de sus generosos 20 años, y aquí ancló y plantó su tienda, por obedien­cia, entre nosotros, en un solo y úni­co destino que se prolongó maravillo­samente entre nosotros.

 

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Vaya desde estas líneas de «La Voz de España» nuestra condolencia pro­funda, a la par que nuestra gratitud y admiración, hacia los familiares de Sor Paulina. Asimismo nos valemos de esta circunstancia y oportunidad para ex­teriorizar a la Comunidad de Hijas de la Caridad de Oñate, junto con nues­tra condolencia, el afecto más recono­cido y entrañable, por la magnífica la­bor que en tantísimos años vienen des­arrollando con numeroso sector de nuestra niñez y adolescencia, labor do­cente y de formación cristiana, digna del mayor aprecio, así como también la dedicación plena con que atienden a nuestros hermanos necesitados, po­bres y ancianos.

 

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