OÑATE. (De nuestro corresponsal, Ugarte).
A nivel de pueblo, Oñate vivió una jornada inolvidable de profunda condolencia y exteriorizó sus sentimientos, acudiendo en masa a los funerales de Sor Paulina, religiosa Hija de la Caridad, que el día 25 de julio falleció, a los 92 años de edad, en nuestro hospital
Toda una prolongada existencia vivida en plenitud al servicio de los niños párvulos, alternando con sus desvelos continuos cerca de los pobres y ancianos, en un constante quehacer, sin dar lugar a desmayos ni treguas, en una dedicación que se prolongó a lo largo de 72 años, en los que desfilaron por las aulas de su humilde parvulario, prácticamente, todos los pequeñuelos, a partir de los dos años. La buena religiosa tenía que emplearse a fondo en una doble labor para conjugar admirablemente sus labores magistrales con las atenciones maternales hasta descender a las más humildes y necesarias propias de los niños de tan corta edad, que la humilde religiosa las realizaba con encantadora sencillez y naturalidad; en su doble sentido, era toda una institución y su caritativa ejemplaridad era la llave mágica que le abría las puertas de los corazones y de las casas y hogares de Oñate.
Cada día, los niños con su media lengua, al regresar a sus casas, eran los portavoces de las vicisitudes y anécdotas que se originaban en el parvulario que los niños, con su lengua de trapo, las comentaban a su estilo; necesariamente, Sor Paulina aparecía como figura central: contarían lo que aquel día se les había enseñado; otros comentarían aquellos «dulces» coscorrones con que salpicaba sus reiteradas explicaciones, ante las ingenuas travesuras de los inquietos párvulos, mientras la amable religiosa se desgañitaba.
Así la conoció y así se forjó su inconfundible personalidad de recia navarrica en el pueblo de Oñate. Este, con esa exquisita sensibilidad que reconoce conmovido lo que se hace en favor de sus pequeñuelos, quiso dejar constancia de su honda gratitud dedicándola, años atrás, un fervoroso homenaje, donde inconfundiblemente se puso de manifiesto su entera gratitud hacía aquella religiosa que en el amor de Dios y de los hermanos se había gastado y quemado, sin reservas, para vivir la caridad en esta humilde y sufrida congregación hacia los pequeños y necesitados de Oñate. En una nueva exigencia de reconocimiento y gratitud, el pueblo de Oñate, al cumplir Sor Paulina la edad de 90 años, nuevamente se lanzó a la calle para volver a agasajar a la que se le nombraba «primera maestra», y, en una nueva edición de reiterada gratitud, volvió a revivir una inolvidable jornada, en la que exteriorizó su perenne gratitud y amor hacia tan ejemplar maestra como abnegada madre.
Todo este reconocimiento de afecto y consideración brotó de nuevo este viernes pasado, provocado por la noticia de la muerte de Sor Paulina. El comentario obligado de las conversaciones en familia y de los corrillos de las esquinas de las calles se centraban en la luctuosa noticia, que corrió con rapidez por todo el pueblo: salió a relucir la ejemplaridad de su vida; las diversas anécdotas del parvulario estaban a la orden del día. Ella, amando incondicionalmente a los más pequeños y necesitados, se había identificado plenamente con el pueblo de Oñate, en sus alegrías y en sus penas, como una auténtica oñatiarra, de forma que sin temor a ser desmentida gustaba repetir: «Vosotros, sí, gritáis, con legítimo orgullo, que sois oñatiarras: nadie os lo discute, pero yo os digo que, aunque navarrica, soy más oñatiarra que todos vosotros», refiriéndose a los muchísimos años que residía en Oñate, y a la que se sentía vinculada como una oñatiarra más.
Con motivo del funeral, revivieron en el alma del pueblo estos nobles sentimientos, y nuestra hermosa parroquia presentaba el aspecto de las grandes jornadas. El obispo presidió las honras fúnebres y la misa concelebrada con la participación de doce sacerdotes, con la particularidad de que uno de ellos era sobrino, P. Paúl, y los restantes, antiguos alumnos del parvulario de Sor Paulina: una nota bien evocadora. El obispo dirigió su palabra pastoral en una conmovedora introducción de circunstancias, y la homilía corrió a cargo del sacerdote don José María Aguirrebalzátegui, quien en breves y oportunas palabras, glosó entrañablemente la labor realizada por la desaparecida, y terminó pidiendo una súplica por su eterno descanso. Descanse en paz nuestra admirable Sor Paulina Ocáriz, quien, nacida en el pueblo navarro de Morentín de la Solana, en medio de una familia numerosa, Sor Paulina, la mayor, cuenta asimismo, con otras dos hermanas religiosas, también miembros de las Hijas de la Caridad, que llegó a nuestro pueblo hace ahora 72 años, a la prometedora edad de sus generosos 20 años, y aquí ancló y plantó su tienda, por obediencia, entre nosotros, en un solo y único destino que se prolongó maravillosamente entre nosotros.
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Vaya desde estas líneas de «La Voz de España» nuestra condolencia profunda, a la par que nuestra gratitud y admiración, hacia los familiares de Sor Paulina. Asimismo nos valemos de esta circunstancia y oportunidad para exteriorizar a la Comunidad de Hijas de la Caridad de Oñate, junto con nuestra condolencia, el afecto más reconocido y entrañable, por la magnífica labor que en tantísimos años vienen desarrollando con numeroso sector de nuestra niñez y adolescencia, labor docente y de formación cristiana, digna del mayor aprecio, así como también la dedicación plena con que atienden a nuestros hermanos necesitados, pobres y ancianos.







