Sor Gaudencia Benavides

Mitxel OlabuénagaBiografías de Hijas de la CaridadLeave a Comment

CREDITS
Author: Elías Fuente · Year of first publication: 1942.
Estimated Reading Time:

biografias_hijas_caridadDesde la Cárcel de Mujeres, Antiguo Asilo de San Rafael, a cargo de los Hermanos de San Juan, de Dios, camino de Chamartín, telefonean al Hospital Francés: —De parte del Administrador que venga la ambulancia inmediatamente para trasladar a una enferma grave. El tal Administrador creyó en el Hospital que era el suyo propio, y la ambulancia voló a la cárcel. Momentos después, en la cama número 8 de la sala 17 revivía Sor Gaudencia Benavides. El dicho Hospi­tal lo seguían rigiendo las Hermanas de Corneta, con ella y todo el santo hábito. Sor Gaudencia no cesaba de dar gracias a Dios por haberla concedido morir entre sus Hermanas de Congregación, después de haber recibido, con la solemnidad litúrgica, los últimos Sacramentos.

Con tales consuelos se prolongó unas horas su vida. Pero venía de la cárcel herida de muerte, y… murió el 11 de fe­brero de 1937. Hasta con esta particularidad de volar al Cie­lo en un día tan destacado de la Virgen Santísima, quiso pri­vilegiarla el Señor.

Copiamos a continuación el siguiente relieve escrito en Anales de la Congregación de la Misión y de las Hijas de la Caridad, por la diestra y ágil pluma del Padre Albiol:

«Su muerte fue particularmente consoladora.

Era cardíaca y llevaba cinco meses en la cárcel. Evidentemente había sufrido mucho, pues traía la carne llena de úlceras y anquilosadas las articulaciones.

A su inseparable enfermera (Sor Nemesia Fernández, de la Provincia Española, que se hallaba en el Hospital Francés convaleciente de las heridas que la habían inferido los fusi­les rojos le dijo el segundo miércoles de febrero:

—Hoy me lleva San José a la Gloria.

—Pida allí por la Congregación y por España.

—Pediré, asintió sosegada la enferma.

Pero antes de salir de este mundo perdone a los que le han hecho sufrir tanto.

—Sí, sí; los perdono y los amo.

Siguió una pausa.

¿Quiere hacer algún encargo o dejar algún recuerdo para alguien?

—Esta medalla de San José, que siempre he llevado con­migo, para usted.

—Gracias. ¿Necesita alguna cosa?

—Rece por mí el Rosario, pues yo no puedo.

—¿Qué misterios quiere que rece?

—Los gloriosos.

Y, a la mitad del tercer misterio, cuando el reloj de la sala marcaba las tres de la tarde, cerráronse los ojos de Sor Gau­dencia en un sueño de inmensa felicidad.

Su cadáver —asegura la boca que le dio el último beso— quedó flexible, natural y hermoso, corno una flor tronchada en la plenitud de su lozanía.

Así murió Sor Gaudencia Benavides, a los cincuenta y ocho años de edad y treinta y cinco de vocación.

Era natural de Valdemorilla (León). Su primer destino fuéeel Hospital Provincial de Albacete. En 1911 fue enviada a Puerto Rico. Vivió en Santurce. En 1933 volvió a España, con la salud quebrantada, y fue destinada a la Beneficencia de Valladolid. Estuvo una temporada en Convalecientes de Madrid y luego pasó a las Escuelas de la Milagrosa, en la calle de Canillas, en, la Guindalera. La revolución la sorpren­dió en el Asilo del Niño Jesús, Fundación Marquesa de Es­quilache, en la calle de Alburquerque.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *