Sor Basilisa Lumbreras

Mitxel OlabuénagaBiografías de Hijas de la CaridadLeave a Comment

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Author: J.M.R. · Source: Anales españoles, 1964.
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biografias_hijas_caridadSor Basilisa Lumbreras era riojana, natural de Cenicero, provincia de Logroño. Y no lo desmintió nunca su carácter: regocija­do, juguetón, jovial y al mismo tiempo firme y entero cuando trataba de sus convicciones o de sus principios. Por eso había sorprendido a sus padres, cuando, en medio de una juventud revoltosa y hasta presumidilla, salió de pronto con la pretensión de hacerse Hija de la Caridad. Por eso también supo ser inconmovible a las negaciones hasta conseguir ingresar en la Compañía a los dieciocho años, desvaneciendo las esperanzas familiares de verla ama de casa hacendosa y aprovechada.

De sus años en el Seminario como Hermanita primero y luego como parvulista ella sólo sabía recordar anécdotas chispeantes. Debieron ser para ella años de puro y alegre gozo espiritual, sin sombra de pesadumbre o amargura. Más de una vez el fresco estallido de las risas de sus compañeras ante alguna de sus ocurrencias provocaba la llamada al orden mediante el grave tin­tineo de la campana.

¿Qué ha sido esta vez? preguntaba Sor Directora.

Sor Lumbreras…—decían todas a coro.

Y ante el vano es fuerzo esfuerzo de la misma Directora por contenerse, sor Basilisa mostraba su chamiseta, más larga por detrás que por delante y explicaba con aire compungido:

Les decía que seguramente tendría que asistir hoy a alguna recepción importante, porque como me han dado este frac de etiqueta—

Aquella juventud radiante e irresistible la preparaba, sin em­bargo, para altas responsabilidades. A raíz de su profesión fue destinada con otras Hermanas, entre las que figuraba Sor Mer­cedes Fernández, a iniciar la fundación de Manzanares. Comien­zos difíciles como pocos, que hicieron aflorar el tesoro de ener­gía y firmeza que se ocultaba bajo el alegre talante de Sor Ba­silisa. Allí se ha deslizado el resto de su vida y allí ha realiza­do su obra: la transformación en un espléndido complejo de obras asistenciales y benéficas de la humilde fundación inicial.

Si las mejoras materiales del edificio han sido grandes, no han sido menores las llevadas a cabo en el aspecto formal del Establecimiento: de las cuatro Hermanas primitivas, la Comuni­dad ha llegado a las trece actuales. Y de unos tímidos comien­zos sin horizonte se ha pasado a esa especie de mundo de la ca­ridad, que es hoy aquella residencia manchega, en la que fun­cionan simultáneamente hospital, asilo, escuelas con 400 niñas y 100 niños, clases nocturnas, clases de cultura general, bachille­rato elemental, magisterio, taquigrafía, mecanografía, contabili­dad, música, labores, Auxilio Social, Damas y Luisas de la Cari­dad, etc., etc. En Manzanares—no es exageración—, en todo y para todo, se recurre al hospital. La Casa de las Hermanas es, en el más amplio y generoso sentido, la casa de todos, la casa del pueblo,

Y el alma de esta creación ha sido Sor Basilisa. Su genero­sidad sin límites, su atención a todas las necesidades, su perpe­tuo espíritu de servicio, su constante apertura a los problemas y dificultades del prójimo hicieron de ella, en vida, la figura más popular y conocida de toda la población y, en su muerte, la más universalmente llorada.

Su entierro constituyó—si la expresión no resultara tan gas­tadas—una manifestación de duelo público. Estuvieron presen­tes en él, conforme a la reseña publicada por el periódico «Lanza», de Ciudad Real, los niños Colegio del Hospital, las alumnas de las Concepcionistas y los alumnos de los demás centros docen­tes de Manzanares, las autoridades manzanereñas en pleno, todas las cofradías locales con sus estandartes, mayordomos y Her­manos mayores al frente, hombres y mujeres con cirios y coro­nas de flores en filas interminables; en fin, sin ponderación de ningún género, la población entera de Manzanares. Se vio a hom­bres hechos y derechos llorar como niños al paso de la comitiva.

Por parte de la doble familia asistieron a los actos fúnebres representantes de varias residencias madrileñas, el Superior de los Padres de Hortaleza y el Excmo. Sr. Obispo de Cuttack. Una verdadera glorificación póstuma rendida a esta Hermana ejemplar al día siguiente de su fallecimiento, ocurrido el 15 de enero

 

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