El mismo año de 183o, en el cual la solemne traslación de las reliquias de San Vicente de Paúl abría una nueva era de caridad sobre las ruinas de la Revolución, María Inmaculada manifestaba a una humilde hija de la Caridad la Medalla milagrosa.
Tres años más tarde, unos piadosos varones se juntaban. en París, bajo la dirección del ilustre Ozanam, con el fin de seguir las máximas enseñadas por el Apóstol de la Caridad a todos los que deseen, permaneciendo en el siglo, servir a los desgraciados: no son más que ocho, sin fortuna y sin nombradía algunas, siete estudiantes, y el otro, aunque más entrado en edad, no ha pasado aún la edad viril.
Estos hombres trataban entre sí del modo de unirse fraternalmente y ayudarse mutuamente a conservar íntegra su fe cristiana en medio de los errores que por todas partes minan la sociedad, y proponiéndose al mismo tiempo ejercitar la caridad para con los pobres, como saludable medio de poner sus creencias al abrigo de todo peligro. Cada semana se reunían todos, y a estas reuniones dieron el nombre de Conferencias; en ellas deliberaban sobre los medios de aliviar la miseria de los pobres que visitaban; después hacían una colecta de limosnas que cada uno llevaba, y, finalmente, se edificaban y nutrían sus almas con piadosas lecturas y con el ejercicio de la oración.
Dios, que se digna dirigir su mirada a los pobres, los contemplaba y los multiplicó de tal modo, que cincuenta años después de haber celebrado su primera reunión, las Conferencias esparcidas por todas las partes del Universo pasaban ya de 4.000, y Roma podía decir a todos los cristianos:
«La divina Providencia ha dado al mundo un insigne modelo de misericordia para con los pobres y un jefe ilustre destinado a propagar en lejanas tierras las obras de la caridad cristiana en San Vicente de Paúl, el cual haciéndose todo a todos, pasó haciendo el bien y ha dejado como en heredad su espíritu a los Sacerdotes de la Congregación de la Misión y a las Hijas de la Caridad, de las que es fundador.
»A estos Sacerdotes y religiosas se han unido más tarde gran número de seglares, que inspirados en los mismos sentimientos de beneficencia y puestos bajo el patronato de San Vicente, han emprendido con denuedo obras admirables de misericordia, tanto espirituales como corporales, asistiendo a los pobres y enfermos, sin retroceder ante ningún trabajo, dificultad o gastos.
»Así se fundó la Sociedad llamada de las Conferencias de San Vicente de Paúl, la cual tuvo origen en París el año 1833 y se ha extendido maravillosamente por todas las regiones donde la Iglesia tiene fieles hijos y produce abundantes frutos de salvación.»
(Decreto de la S. Congregación de Ritos del 26 de Abril de 1883.)
ANALES 1906







