El 13 de septiembre de 1763, el Sr. Simon Perkowski murió en el pueblo de Golub, al principio de la misión que daban en este lugar varios sacerdotes de la casa de Culm. Había nacido el 17 de octubre de 1728, en la diócesis de Luck en Volhynie. Fue recibido en la Congregación en Varsovia, el 26 de septiembre de 1750. Apenas hubo hecho los votos cuando dio señales del celo que le debía animar toda su vida. Le confiaron la oficina de recibir a los que venían a hacer el retiro a Santa Cruz, y desempeñó esta función con tanta humildad y caridad que varios atraídos por sus virtudes volverían con agrado para apuntarse de nuevo a estos santos ejercicios.
Habiéndose ordenado sacerdote tras sus estudios, fue enviado a la casa de Culm donde ejerció durante siete años el ministerio parroquial. Se entregó con mucho celo a los catecismos, a la predicación y a la administración del sacramento de la penitencia. Se distinguía sobre todo por sus asiduidad al lado de los enfermos; día y noche estaba presto a volar a su vera; ninguna ocupación era capaz de detenerlo; por ello le llamaban por lo general el confesor de los enfermos. Varias cofradías piadosas estaban establecidas en la parroquia. Él las dirigía con mucho cuidado y mantenía el buen orden y el fervor con sus palabras, sus ejemplos y el canto de los cánticos. Cada año reunía a los pobres de toda la ciudad y los disponía durante toda la Cuaresma con instrucciones particulares para la confesión y la comunión pascual. Se cuidaba también de recoger para ellos las limosnas de los ricos y se las distribuía a los que se habían hecho más dignos por la mejora de su conducta.
A pesar de tantos trabajos estaba siempre dispuesto a tomar parte en las misiones y en ellas prestaba su concurso con tanto éxito como entrega. Sobresalía ante todo en las instrucciones familiares y en los catecismos. En todas partes, bien en casa, bien en la misión, se advertía en él una bondad y una dulzura que le hacían querido de todos, y aunque en su cargo de procurador tenía que vérselas con toda clase de gente, su virtud no le desmentía nunca. Sus palabras o sus acciones no traicionaban ninguna intención de su propia estima, y su humildad era igualmente profunda en medio de las muestras del respeto que todo el mundo de prodigaba.
Durante los tres últimos años de su vida que ejerció las funciones de procurador, no escatimó ni sus fatigas ni trabajos para remediar las necesidades de la casa; frente a la intemperie de las estaciones, hacía a veces varias leguas a pie para hacer sus compras y manejar los recursos de la familia. Evitaba también fielmente todos los gastos que parecían algo superfluos, a la par que ponía todo el cuidado en el mantenimiento de sus cohermanos.
A consecuencia de dos graves contusiones, recibidas una en el pecho por una caída que tuvo al bajar una montaña por correr a socorrer a un enfermo, la otra en el costado al caerse del caballo, comenzó a perder fuerzas insensiblemente. A pesar de su debilidad, su celo le llevó a pedir a ofrecerse para compartir los trabajos en la misión que se iba a dar en el pueblo de Golub : pero desde el primer día, mientras daba el catecismo por la tarde, se sintió más débil que de ordinario y avisó a sus cohermanos de la proximidad de su muerte ; les puso al corriente de las cuentas de la casa, se confesó, recibió el santo viático y la extrema unción, luego no pensó más que en preparase para la muerta formulando con frecuencia actos de fe, de esperanza, de caridad y de contrición. Conservó el conocimiento hasta su muerte, que aconteció el tercer día de la misión. Su cuerpo fue trasladado con un gran concurso de pueblo de Gplub en Culm, y fue depositado en la sepultura de los misioneros. –Mém. ; Polonia.







