- UN NUEVO ESTILO DE VIDA
Vivir el estado de Caridad como «modo de ser» conlleva un estilo de vida específico y nuevo: «¿Quién ha oído hablar alguna vez de semejante obra antes de hoy? Había ciertamente varias órdenes religiosas. Se habían fundado hospitales para la asistencia de los enfermos; algunos religiosos se habían consagrado a su servicio; pero hasta ahora no se había visto nunca que se cuidase a los enfermos en sus casas… Hasta el presente, Dios mío, no habías establecido ninguna orden para socorrerlos; y parecía como si tu Providencia adorable, que a nadie falta, no se hubiese cuidado de ellos. ¿Y por qué creéis, hijas mías, que Dios estuvo aguardando tanto tiempo para suscitar esta ayuda? ¡Es que os lo estaba reservando a vosotras!
Un estilo de vida que posibilita continuar en la tierra la misión que Jesucristo comenzó en su Encarnación cuando, «dejándose arrastrar por el amor a las criaturas, dejó el trono de su Padre para venir a tomar un cuerpo sujeto a las debilidades, para establecer entre nosotros por su ejemplo y su palabra la caridad con el prójimo. Este amor fue el que lo crucificó el que hizo esta obra admirable de nuestra redención. Y nos interpela el señor Vicente: «Si tuviéramos un poco de ese amor nos quedaríamos con los brazos cruzados? ¿Dejaríamos morir a todos esos que podríamos asistir? No, la caridad no puede permanecer ociosa, sino que nos mueve a la salvación y al consuelo de los demás».
Vicente de Paúl dice a las Hermanas: «Habéis aceptado hacer lo que Nuestro Señor hacía en la tierra…. tenéis que instruir a los pobres en todas partes y siempre que tengáis ocasión, no sólo a los niños que van a la escuela, sino en general a todos los pobres a quienes asistís, de forma que tenéis que tener…, en general, todas las virtudes que son propias y necesarias a todas las congregaciones que hacen profesión de servir a Dios, ya que él pide todo esto de vosotras… Como ya os he dicho, hay religiosas que se ocupan de atender a los pobres: y vuestra Compañía tiene como fin principal servir a los pobres niños expósitos, a los pobres galeotes: y eso no lo ha hecho hasta ahora ninguna casa religiosa. Hijas mías, decid en vuestro interior: «Dios nos pide más a mí que a las religiosas». Os lo aseguro: Dios os pide a vosotras grandes virtudes, puesto que os ha encomendado tantos trabajos.
Para llevar a cabo estos trabajos, Vicente de Paúl se dio cuenta que las coordenadas del estilo de vida que el Hijo de Dios llevó en la tierra no son sólo las definidas por los consejos evangélicos que por la profesión de los votos determinan el estado de perfección propio de la Vida religiosa, sino las determinadas por las necesidades de los pobres que irrumpían en la vida de Jesús y que, hoy, invaden nuestro mundo donde la Compañía vive y se desarrolla. Servir a Cristo en la persona de cualquier pobre, y en cualquier lugar donde éste se encuentre, determina un estilo de vida propio de quien siempre está en búsqueda y en salida; en salida de sí, de la seguridad comunitaria y de la inmovilidad institucional. Un estilo marcado por la búsqueda de la voluntad de Dios en todo, conformándose con ella, sin más interés que el agrado de Dios, es decir, la salvación de los pobres. Para ello el señor Vicente cuidó mucho de que nuestras primeras Hermanas se mantuviesen en un estatus social sencillo y humilde, sin propiedades ni instituciones propias», bajo las órdenes de otros, en comunión eclesial, insertas en las parroquias y con una convicción teologal de siervas de los pobres, en seguimiento del Pobre, Jesucristo.
Este estilo de vida propio del estado de Caridad, está perfectamente reflejado en la que llamamos «Carta Magna de la Compañía»» y enmarcado en las virtudes de sencillez, humildad y caridad: ¡no es de «mínimos evangélicos»!
Si recordamos, además de las enseñanzas de Vicente de Paúl, el nacimiento y evolución de las distintas obras de servicio a los pobres, a las que las Hermanas eran enviadas, no podemos menos que asombrarnos de la radical confianza que los fundadores tenían en ellas. y la valentía, la entereza, el coraje y la entrega que reflejan sus vidas. con un estilo sencillo de mujeres arriesgadas, bañadas de gran frescura evangélica.
Es un estilo de vida totalmente nuevo, con la novedad propia del amor, que empuja cada momento histórico, que no sabe de estrecheces y ataduras, que no se deja bloquear por las seguridades, que se abre permanentemente al Espíritu y se deja tocar por la Voz de Dios que clama en las necesidades de los empobrecidos; que permanece en continua búsqueda de respuestas a estas necesidades pues en ellas reconoce el «querer y no querer’ del Creador.
Vivir en estado de Caridad nos reclama un estilo de vida que transparente un intenso amor personal y exclusivo a Cristo, quien nos hace vivir para los demás y amar de otra manera: que hace socialmente visible y creíble a la Comunidad, en medio del mundo del sufrimiento de los pobres, con gran libertad de espíritu y acción, en continua disponibilidad y agilidad para responder a una Caridad que nos urge. Un estilo de vida que desde la profunda y permanente vida interior rompa toda seguridad, personal y comunitaria para estrenar cada día la libertad que necesitarnos para que los empobrecidos de nuestro mundo sean, de verdad, nuestra preferencia y referencia. Un estilo de vida que alumbra la comunión fraterna, donde se discierne la presencia del amor de Dios en las realidades de sufrimiento y exclusión: se pone en juego toda la creatividad del amor para acoger. consolar. fortalecer y acompañar procesos que generen vida; donde se acepta y comparte la limitación y se aprende respeto, ternura y compasión.
Cristina Calero
CEME 2015







