«Iba caminando de pueblo en pueblo y de aldea en aldea proclamando la Buena Noticia del Reino de Dios; lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que él había curado de malos espíritus y enfermedades». (Lc 8,1-2).
«Dado que la Congregación de la Misión goza de la misma herencia que las Hijas de la Caridad, los misioneros se prestarán gustosos a ayudarlas cuando lo pidan, especialmente en lo que concierne a ejercicios y dirección espiritual». (C 17).
La ayuda espiritual a las Hijas de la Caridad es otro ministerio propio de la Congregación de la Misión. Dios, que dio origen a ambas Congregaciones con fines muy similares y con un mismo espíritu, quiso servirse de los Misioneros para sostener, animar y dirigir espiritualmente a la Compañía de las Hijas de la Caridad. El hecho no es un caso insólito en la historia de las Congregaciones religiosas; vemos que otros Institutos femeninos también se sirven y reclaman de Órdenes masculinas dotadas del mismo espíritu, la ayuda espiritual que aquellos necesitan. Es, por consiguiente, una obligación para los Misioneros atender a las Hijas de la Caridad, y esto, por causas históricas previstas por la providencia de Dios.
1. «Agregadas a la Misión y participando del bien que allí se hace».
No fue San Vicente quien reclamó la ayuda espiritual que necesitaban las Hijas de la Caridad, ayuda que rechazó para otras religiosas, sino la misma Santa Luisa de Marillac, que escribe a su director:
«Hemos de creer que la debilidad y ligereza (de algunos espíritus demasiado bastos que siempre habrá en la Compañía) necesitan la ayuda de ver algún fundamento sólido, para poder así superar las tentaciones que surgen contra la vocación. Y la base de este fundamento, sin el cual creo que es imposible que pueda subsistir dicha Compañía, ni que Dios obtenga de ella la gloria que parece que se les dé, es la necesidad que la Compa-iiía tiene de ser erigida…, enteramente sometida y dependiente de la dirección venerable del Superior General de los sacerdotes de la Misión, con el consentimiento de su Compañía, a fin de que, agregadas a ella y participando del bien que allí se hace, la divina bondad, por los méritos de Jesucristo y la intercesión de la Santísima Virgen, nos conceda la gracia de vivir del espíritu con que tu bondad anima a dicha venerable Compañía». (IV 216).
2. «¿Por qué hemos de atender a las Hijas de la Caridad?».
Esta es la pregunta que el mismo San Vicente se formula, y a la que responde satisfactoriamente delante de los Misioneros:
«¿No ha venido el Hijo de Dios a evangelizar a los pobres, a hacer sacerdotes, etc.? Si. ¿No quiso que fueran en su Compañía algunas mujeres? Si. Pues si nuestro Señor, que hizo todas las cosas para nuestra instrucción, así lo quiso, ¿creéis que no haremos bien en seguirle? ¿Es acaso contrario a su proceder cuidarse de esas mujeres para la asistencia de los pobres enfermos? ¿No tuvieron también los apóstoles mujeres a su servicio? ¿Y creemos nosotros que no es asunto de la Misión hacer que nuestro Señor sea servido y honrado por los dos? ¿No somos imitadores de ese divino Maestro, que parece que no venía a este mundo más que para los pobres y que, sin embargo, dirigió a un grupo de mujeres? Ved, hermanos míos, qué gran bendición de Dios es que nos encontremos en el mismo estado en que ve encontró el Hijo del Padre Eterno, dirigiendo como Id a unas mujeres que sirven a Dios y al público de la mejor manera que esas pobres mujeres son capaces de hacer». (XI 392-393).
3. «Los designios de Dios `para que naciera su pequeña Compañía se sirvieron de la nuestra’».
No faltaron Misioneros que pidieron expresamente una respuesta a San Vicente sobre la ayuda espiritual a las Hijas de la Caridad. San Vicente contesta al padre De la Fosse:
«No condenamos la asistencia a las religiosas; al contrario, alabamos a los que las sirven…; pero no todo lo que es plausible en los demás es conveniente para nosotros. Además, las Hijas de la Caridad no son religiosas, sino hermanas que van y vienen como seglares; son personas de las parroquias, donde está establecidas v, si nosotros dirigimos la casa en que se educan, es porque los designios de Dios para que naciera su pequeña Compañía se sirvieron de la nuestra; y ya sabe que Dios utiliza los mismos medios para dar el ser a las cosas que para conservarlas». (VIII 226).
- ¿Procuro atender espiritualmente a las Hijas de la Caridad cuando los superiores me encomiendan este ministerio?
- ¿Soy responsable y prudente en el trato con las Hermanas
- ¿Conozco suficientemente la vida y espíritu de las Hijas de la Caridad para poder orientarlas en su vocación de siervas de los pobres?
Oración:
«Señor y Dios nuestro, tú has suscitado en la Iglesia la doble Compañía de la Misión y de las Hijas de la Caridad para evangelizar y servir a los pobres corporal y espiritualmente; concede a todos los Misioneros la gracia de saber dirigir a sus hermanas por el camino de la humildad, sencillez y caridad. Por Jesucristo nuestro Señor».






