Senjust: Manos a la obra

Mitxel OlabuénagaFormación VicencianaLeave a Comment

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1. Llega un ángel

La vocación, por la que tanto había suspirado y sufrido, estaba a dos pasos. La ilusión escon­de dificultades y pone fuerza a la voluntad. Sin duda que comunicaría su firme decisión a sus amigos más íntimos, para expansionarse y para que fueran su apoyo. Encontramos a uno que muy pronto será su brazo derecho. El Señor le manda un ángel colaborador: El Canónigo Jeró­nimo Enveja, Doctor en ambos derechos, (1642­1709), que vive similares sentimientos y deseos apostólicos. Al saber todo el entramado, un día se le acerca y le ofrece su ayuda incondicional, no sólo moral, sino también económica; pone parte de sus bienes a su disposición. Dialoga­ron, se entendieron y animaron. Nos abrazamos dando gracias a Dios, que así mueve los corazo­nes y manifiesta su providencia…. No es verdadera amistad sino aquella que nos une a Dios y a los demás (San Agustín).

Algunas otras personas piadosas y generosas, se comprometieron a ayudarle: Quien con 200, con 500 y quien con 1000 doblones, afirma Sent-just. Con esto, mis rentas y las del Canónigo Enveja y otros que las aplicaban venía a hacerse unos 200 doblones de renta.

Oigamos lo que siente el fundador en ese momento: Traté luego de irme a mi patria, con el alborozo de ver estaba tan cumplidamente formado todo cuanto yo tenía en mi corazón, pareciéndome que ya todo el negocio estaba hecho, por juzgar no se podrían ofrecer tantas dificultades en transplan­tar un Instituto como en plantarle de nuevo; y como mi mayor dificultad era el hallar sujetos, pudiéndoles llamar de allá me pareció todo muy llano. Con esta satisfacción, luego que llegué a mi patria procuré la ejecución; y cuanto más la intentaba, mayores difi­cultades se ofrecían, y tan crecidas, que me obliga­ron a desfallecer en la empresa por reducírseme todo a imposibles, obligándome a desistir totalmen­te; y conociendo que todas estas cosas me llevaban sobradamente turbado, sin poder hallar sosiego en la vida recogida, ni poder aprovechar en algo en la vida activa, resolví dejarlo del todo y desembarazar­me, gastando todo para cuanto dicho efecto tenía prevenido, para que de esta suerte no pudiese jamás volver a emprender este negocio.

Tres frases muy serias y muy duras llaman la atención: sin hallar sosiego en la vida recogida, ni poder aprovechar en la vida activa, resolví dejarlo del todo. Él mismo confiesa que cuanto más inten­taba abrirse paso en lograr que la Congregación de la Misión se estableciese en Barcelona, más difícil le resultaba. Surgían obstáculos duros y difí­ciles; un caudaloso río que vadear, una alta mon­taña que ascender. Se ve obligado a vivir radical­mente de una fe probada al estilo de Abraham, hasta que llegue la fecunda primavera. Así son muchas veces los caminos de Dios.

Los pensamientos expresados nos muestran la debilidad y la grandeza de su alma; la flaqueza y la fortaleza de su espíritu. Las obras de Dios lle­van el sello de la contradicción… y necesariamen­te han de participar del carácter de las de Jesu­cristo… al tiempo de admirar la Providencia de Dios en la fundación de la Congregación de la Misión en España”.

2. Pasos realizados

Siguiendo a los primeros biógrafos y el testimo­nio del propio Sentjust, señalemos brevemente ese dificultoso y enmarañado proceso llevado a cabo, con esfuerzos, luchas y esperanzas; y tengamos en cuenta a los personajes que intervienen, cola­boran u obstaculizan la gran obra apostólica, en esa siembra de la primera y fecunda semilla de la Congregación de la Misión en Barcelona, que, posteriormente, se dispersará por toda España, para llegar hasta las Américas y aún más allá.

Me pareció que el más proporcionado era escribir al Sr Cardenal Portocarrero, por cuanto oí decir en Roma que, estando allá, había intentado llevar dicho Instituto a España, y que estaba muy aficionado a él.

Cuando Fray Juan del Santísimo Sacramento publica la biografía de Vicente de Paúl en espa­ñol, en 1701, hace la elogiosa dedicatoria con estas palabras: El amor que V.E. muestra tener a la C. M. de quien tan preciosos frutos recoge la Iglesia, pide como deuda el que la Vida de su Fundador, el venerable siervo de Dios Vicente de Paul… busque su mayor fortuna en la soberana sombra de Vuestra Eminencia y se honre con el dichoso y alto patrocinio de su glorioso nombre… Y cuando se celebró la beatificación de san Vicen­te, fue uno de los Cardenales que apoyó tal soli­citud como afirma el Superior General, P. Watel, el 9 de febrero de 1708.

Y como era en tiempo que S. Emcia. goberna­ba solo la Monarquía de España y dependía de su única resolución el ejecutarlo, me determiné el escribirle; más pareciéndome poco agente el de una carta, y que convenía hubiese quien con calor tratase la materia, y con secreto… se dirige al dominico Fr. Raimundo Berart, que durante una estancia anterior en Barcelona se había converti­do en amigo suyo, para que él pusiese en manos de Su Eminencia una carta.

El 16 de enero de 1702 le manifestó su deci­sión de instaurar en Barcelona la Congregación de la Misión (CM), para gloria de Dios y bien de los cristianos, solicitándole la licencia y poderes necesarios. El Cardenal le contesta el 28 del mismo mes y año, aprobando sus nobilísimos y apostólicos deseos… me declaro agente de esta causa, deseándole ayudarle hasta su últi­ma perfección.

Mas, todo obstaculiza las gestiones. Triste en verdad y angustiosa en extremo era la situación del señor Sentjust en aquel entonces. En Madrid estaba relegado al olvido el asunto; en Barcelona le privaba Dios de cuatro amigos que le habían ofrecido sus haberes para la fundación; en su ánimo sentía el peso de la dificultad y esterilidad de sus esfuerzos….

Entonces quiso el Señor que Berart contestara a Sentjust, asegurándole que él, con el Cardenal, harán un Memorial para presentarlo al Rey en nombre de Sentjust, pidiéndole autorización para tal fundación en Barcelona. El Cardenal además recomienda el asunto al Duque de Montalto, Pre­sidente del Consejo Supremo de Aragón (1702).

El Duque despacha cartas para el virrey de este Principado, Conde de Palma, para que con­sulte al Real Consejo sobre esta materia, y tam­bién al Sr. Obispo, pero dichos despachos no lle­garon a Barcelona… Sentjust entre noviembre y diciembre de 1702, avisa al cardenal de que no han llegado. De nuevo, a principios de enero de 1703, vuelve a escribir con firmeza al Card. Portocarrero, recordándole la promesa que le había hecho de conseguir la Congregación de la Misión para Barcelona, como Primado de España, debía aplacar la ira de Dios, proporcionando medios para la reforma del estado eclesiástico… y as( señor, con más lágrimas que letras, suplico a V.E. tome de nuevo sobre sus… hombros toda esta causa de nuestro gran Dios. Parece que el escrito le creó inquietud, y habló del asunto al rey, y se le remitieron por la primera posta copias de los des­pachos reales, uno para el Conde de Palma, y otro para el obispo de Barcelona… con fecha de 31 de enero de 1703.

Sentjust no lo supo hasta mayo, encontrando unos informes favorables a su causa por parte del Obispo de Barcelona, del 12 de mayo de 1703, y de la Real Audiencia… como tuve los informes de la Real Audiencia de Barcelona y del obispo Fr. Benito Sala.

El 30 de Junio de 1703 Felipe V expide una Real Orden concediendo la licencia para la fundación. Para dar cumplimiento, el Virrey publicó la Real Orden recomendándola,… he resuelto concederle licencia (a Francisco de Sentjust)… para establecer dicha Congregación en la forma expresada… y que nadie se lo estorbe… añadiendo otro decreto, apoyando tan noble causa. Ya todos felicitaban a Francisco por el feliz éxito de su empresa. Pero el Obispo, al entender que el nuevo Instituto estaba exento de la jurisdicción del Ordinario, le dijo que de ningún modo permitiría su establecimiento en su diócesis, pues se hablaba solo de sacerdotes seculares; y se opuso rotundamente. Nunca ima­giné que pudiera S. Ilma. tener reparo en ello, dijo Sentjust al Obispo; Pues le tengo y muy grande, y jamás la aprobaré por haber leído en las Bulas que está exenta de los Ordinarios… le contestó el prelado. En vano trató de explicarle la exención vicenciana. Además, había demasia­dos Institutos religiosos, conventos, frailes y sacerdotes desocupados, como para autorizar que pudiese haber otro más. Fue el momento más desolador y pesimista.

Entonces Sentjust, ayudado de unas perso­nas expertas y de su confianza, redactó un infor­me exponiendo que el Instituto no era en manera alguna un perjuicio de la jurisdicción ordinaria, y lo entregó al Obispo. Lo hizo con tan notable acierto, que cuatro doctos varones retractaron sus falsas opiniones y aconsejaron a Sentjust presentarlo al Obispo; pero no convencieron al Prelado.

El Obispo daba largas al asunto. Sentjust recu­rrió a Madrid escribiendo repetidas cartas al car­denal y añadió otro informe sobre la realidad de la Congregación, fundada por Vicente de Paúl y aprobada por Urbano VIII.

Pasaron unos meses, escribió de nuevo a Portocarrero, urgiendo su ayuda y una aclaración o especificación que yo pedía y que fuera firmada por el rey… Pero se perdió el nuevo decreto… Y así fue necesario que segunda vez obrase el Carde­nal… y llegó a mis manos; del tenor siguiente: Deseando el Rey nuestro Señor que la Congrega­ción que ha de fundar en esa ciudad F Sentjust… sea un Instituto del venerable Vicente de Paúl, en la misma forma que se observa… en Francia y Roma, me manda S.M; para que V E. se dedique al mayor logro de ese encargo… Madrid, 5 de sep­tiembre, 1703.

El Cardenal Portocarrero también escribió al obispo con similar solicitud, el 21 de octubre de 1703. Al mismo tiempo, Sentjust escribe a la Curia Romana diciendo que será muy difícil qui­tar de la cabeza del Sr. Obispo los prejuicios que tiene contra la Congregación, si el Papa no se interesa por el asunto. En Roma se extrañaron, pero no dejé de insistir, como destituido ya de todo remedio, rogando muy de veras me diesen este consuelo.

Por fin obtuvo del Papa Clemente XI un Breve para el Obispo de Barcelona, en el cual señala los muchos bienes que reportaría el nuevo Instituto, y exhorta a S. Ilma. a conceder la licencia; fue fir­mado por el Cardenal Palucci el 20 de septiembre de 1703.

Pero esta singular demostración de Su Santi­dad… se perdió en el Correo, y son seis las veces que en casos semejantes ha intentado el enemigo por este medio impedir la fundación…; pues jamás se ha podido saber de donde provenía tanto per­derse los papeles efectivos para dicha fundación… No obstante me llegó, el mismo día que recibí el segundo Decreto de S.M., copia de esta carta pontificia… y fui a participarlo a Su Ilustrísi­ma; los leyó. Pero lo despidió con menos espe­ranzas que nunca; hasta que a dos días me envió al M. R. Luciano Marzán diciéndome venía de parte de Su Ilustrísima para que, siempre que qui­siese, llevase el Instrumento de la fundación que desde luego le admitiría y decretaría con todas las cláusulas y circunstancias que fuesen menester.

Sentjust y Enveja redactaron y presentaron, sin pérdida de tiempo, la escritura de fundación de la Congregación de la Misión en Barcelona. …en estos tiempos en que ha sido del agrado de Su Majestad divina suscitar a Vicente de Paúl para la fundación de un Instituto, cuyo fin principal es anunciar la divina palabra a los habitantes de los pueblos y aldeas e instruir a los eclesiásticos en las ciencias y en las virtudes para el desempeño de su ministerio; Instituto que hemos tratado de arraigar en España y para el cual tenemos licencia de S. M. el Rey y del Ilmo. Sr Obispo de Barcelo­na, en virtud de las cuales, instituyo y fundo, en compañía del Sr. Jerónimo Enveja, la primera casa de la Congregación en esta ciudad de Barcelona, dando para ello nuestros bienes y rentas y cuanto fuere por otra parte necesario…

La escritura lleva la fecha de 6 de noviembre de 1703, y el mismo día la aprobó y firmó el Obis­po por decreto. Cuatro días después era aproba­ba también por decreto del Virrey.

Ese “Instrumento”-escritura encarece la necesi­dad y urgencia de celosos y santos operarios que trabajen en evangelizar a los pobres, al cual se dedica dicho Instituto, y para el cual se tiene licen­cia de S.M. el rey y del Ilmo. Sr. Obispo de Barce­lona. Siguen después cuatro Decretos del Obispo de Barcelona Benito Sala, del Virrey de Cataluña, Luis Fernández, del Cardenal Portocarrero, del Obispo de Urgel, Julián Cano, del Obispo de Gero­na, Manuel Juan de Taverner, aprobando el “Instru­mento de fundación” redactado por el Sr. Sentjust.

3. Más obstáculos

El sacrificio producía su buen fruto. Todo esta­ba ya a punto, el fresco y colorido capullo llegaba al momento de abrirse. Todos los documentos, legalizados en debida forma, fueron reunidos y remitidos a Roma, junto con la carta del señor Obispo pidiendo al Papa que lo confirme todo con su autoridad apostólica y haga que vengan pronto los misioneros; y ante nuevas dificultades, que acudan al señor Benito Vadella, arcediano de Gerona residente en Roma.

También Sentjust escribió a los Misioneros de Montecitorio, rogándoles que aceptaran la funda­ción, que habían concertado anteriormente, advir­tiéndoles que para que la Congregación de la Misión no encontrase dificultades y prosperase en España, sería muy conveniente que los que vinie­ren fueran españoles, y si no, de naciones gratas a España, como portugueses e italianos. No se olvide que en ese tiempo estaban en lucha los Borbones franceses y los Austrias que goberna­ban España, y con los que simpatizaban más. Esta cláusula disgustaba a los Superiores Gene­rales franceses de la Congregación.

Grande fue el júbilo con que el Papa recibió la carta del Obispo de Barcelona y la escritura de fundación. Clemente XI dirigió un Breve al Prelado elogiando su celo, y le invita a dar gra­cias a Dios, mandando que la Casa de Barcelo­na pertenezca a la Provincia de la Congregación de Italia. Junto con el Breve papal, añadió el Cardenal Palucci una carta al obispo Sala, con fecha de 29 de diciembre de 1703, notificándo­le, en nombre del Papa, que quedaba facultado para admitir de plenitude potestatis al señor Francisco Sentjust como miembro de la Congre­gación de la Misión, aun antes de llegar los Misioneros.

El señor Lázaro M. Figari, Visitador de la Con­gregación de Italia, contestó al señor Sentjust con fecha de 22 de febrero de 1704, dándole gracias por la decisión que él y el Canónigo Jerónimo Enveja habían tenido, anunciándole que los Misio­neros ya están dispuestos, y que en toda la Pro­vincia ha mandado ofrecer misas y plegarias en acción de gracias al Señor, por la felicidad espiri­tual y temporal de los bienhechores.

Las cosas de palacio van despacio y los con­tratiempos no terminaron. Desgraciadamente, así el Breve del Papa, como las cartas, se perdieron por lo cual fue preciso avisar, y esperar el dupli­cado que tardó algunos meses en venir

Y surgieron nuevas y graves dificultades, espe­cialmente económicas. Afirma Sentjust que nadie le ayudó en ese preciso momento, ni siquiera con un maravedí. Fallecieron además algunos de los que le ayudaban; a duras penas cobraba algo de las pocas rentas que le quedaban, de suerte que si en este tiempo hubiera libertad, debía en con­ciencia dejar dicha fundación, pues todo se había de hacer empeñando y no pagando a los oficiales su jornal. Los deseos profundos y no logrados hacen sufrir.

Por fin llegaron el Breve, firmado el 20 de sep­tiembre de 1703, y las cartas de Roma. El obispo estaba visitando la Diócesis. Sentjust le dio cuen­ta enseguida, y éste contestó que procediese en todo con el Dr. Marcal.

4. La prueba final

Parecía que al fin, tras indecibles esfuerzos, con la satisfacción y bendición del Papa, y la venia del Obispo y autoridades civiles, iban a abrirse las puertas de la tierra española a la obra misionera vicenciana.

Sin embargo, a última hora surgieron nuevos problemas, que casi ahogan toda posibilidad de fundar. Ningún estorbo ponía el Virrey, que en todo estaba con el Obispo, pero sí el Consejo de la Ciudad (el Consell de Cent). Al presentarles el señor Sentjust los Documentos probatorios, e invitarlos a la inauguración, le contestaron que era jurisdicción suya el dar licencia para hacer fundaciones eclesiásticas… en fuerza de un Real privilegio… No habiendo esperanza de conseguir esa licencia por el momento, Senjust cortó por lo sano, y contestó que se atendría a lo que orde­nara su Prelado en lo espiritual y al Virrey en lo temporal.

Continuó la oposición hasta que Sentjust supli­có al Obispo, que, supuesto que tenía licencia del Monarca y del Papa, lo ejecutase, dijera lo que dijera el Consejo de la ciudad. El Obispo señaló entonces el miércoles, infraoctava del Corpus, que aquel año fue el 5 de junio de 1704, a las cinco de la mañana, para verificar el acto inicial. El Obispo Sala celebró la Eucaristía, en la capilla de la casa propiedad de Sentjust, sita en Calle Tallers, n.2 77, que sería la primera Casa CM de España; colocó el Santísimo Sacramento en el sagrario, trasladado del Colegio de los PP. Domi­nicos de enfrente; expidió el decreto de la funda­ción y admitió al señor Sentjust en la Congrega­ción de la Misión, confiriéndole todos los poderes para la dirección de la Casa hasta la llegada de los misioneros de Italia. Primus in Hispania dicen los viejos manuscritos en latín.

El obispo me mandó que lo notificara al Excmo. Consistorio, y aunque quisiera excusarme, referí como quedaba del todo ejecutada la fundación y erigida la iglesia… a que se me respondió que se les hacía muy nuevo ese proceder, y que verían por el sabio Consejo de Ciento lo que se debía obrar.

Y Sentjust termina esa primera página histórica de la fundación de la Congregación de la Misión en España: Pasó la noticia universalmente por toda la ciudad con sentimiento general… con que quedó esta casa gozando con toda quietud la formalidad de eclesiástica con comunidad, Santísimo Sacra­mento, campana y todas las demás circunstancias que se requieren para una perfecta posesión.

53 Hay una tradición muy arraigada entre los misioneros de la Casa de Barcelona del siglo xviii y xix, atribuyendo a verdadera acción sobrenatu­ral, el cambio tan radical de opinión que se operó en el ánimo del Obispo. Según esa tradición se le apareció san Severo, obispo y mártir de Barce­lona (siglo iv), y de parte de Dios, le ordenó que admitiese a los misione­ros traídos por el Arcediano; pues de su trabajo y celo de los sacerdotes que irían ingresando, lograrían grandes frutos espirituales para su dióce­sis. A la mañana siguiente de la manifestación llamó el Obispo a Sentjust y le comunicó lo sucedido, así como lo hizo luego a los sacerdotes italia­nos. Manifestación que transmitían los Misioneros que iban ingresando a la Congregación y consignándolo por escrito; siendo éste el motivo de la gran devoción a san Severo por parte de los misioneros.

5. ¿Fue Francisco el primero?

Para terminar este capítulo de dolorosas ges­tiones, aunque fructíferas, digamos que no fue Sentjust el primero en intentar establecer la Con­gregación de la Misión en España, pero sí en lograrlo. Los historiadores señalan unos cuatro intentos, cada vez más factibles; todos nacidos en Roma, al calor espiritual de la Comunidad vicen-ciana de Montecitorio.

San Vicente ciertamente recomendó al P. Mar­tín, uno de los misioneros mejores y más capaci­tados que tenía, que aprendiese español para una posible fundación. Aprendió el castellano, pero lo empleó sólo en Roma, con los ejercitantes espa­ñoles que acudían a Montecitorio.

Más tarde, se habla ya del lugar de la posible fun­dación. Parece que durante el período en que Cata­luña sostuvo guerra contra su rey Felipe IV (1640) y proclamó Conde de Barcelona a Luis XIII, se trató de establecer la Congregación en la Ciudad Condal. En una carta del 14 de abril de 1644, san Vicente dice al P. Codoing, superior en Roma: No he recibido todavía las tres mil libras que le dije que nos había prometido la reina para Cataluña… Haga el favor de retrasar el viaje a Barcelona de los que había que enviar, hasta que hayan llegado éstos… En otra carta del 13 de mayo, trata el mismo asunto.

Por los años de 1653 se habla de fundar una casa en Toledo, según carta de san Vicente al Dr. Loeus. Cuatro años después, hay otra carta del santo al P. Jolly, referente de nuestro estableci­miento en España. Sigue más correspondencia. El señor Loeus hace mucha presión para lograr­lo, y san Vicente le contesta que ha recibido su carta con la copia de la que escribe el Emmo. Cardenal Arzobispo de Toledo, pero tampoco se realizó la fundación.

Señalemos el último intento. Un caballero de Plasencia hizo ejercicios espirituales en Monteci-torio, y quedó tan impresionado que insistió una y otra vez a su Obispo que lograra esos misioneros para su diócesis. Éste lo intentó por todos los medios; le atendió el P. Jolly, pero san Vicente no quiso adelantarse a la Providencia, según le dice.

No había llegado la hora. Le estaba reservado al señor Francisco Sentjust y de Pagés, lograr esa gran realidad benéfica eclesial, a los 44 años de la muerte de Vicente de Paúl.

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