Senjust: los primeros años de Francisco

Mitxel OlabuénagaFormación VicencianaLeave a Comment

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1. Analogía

Cuando una intensa llama de caridad se apa­gaba en París, dejando como tiernas plantas, fecundas obras de acción social, organizadas, amplias e inextinguibles, prendía en España, mis­teriosamente, otra diminuta llama de amor evan­gélico que con el tiempo se convertiría en antor­cha de caridad luminosa, y que participaría de esa luz imperecedera e inmortal de la fraternidad. Moría Vicente de Paúl en 1660, y aparecía Fran­cisco Sentjust. Vicente y Francisco, a pesar de su distancia y lugar, se dieron la mano, tenían inquie­tudes comunes y vivieron actitudes parecidas, casi en un mismo tiempo.

Ambos sentían análogas y profundas instan­cias religiosas y sacerdotales. Vivían sentimientos semejantes, identificándose con el mundo y sus gentes. Las situaciones cristianas que viven ambos son muy similares: descristianización e ignorancia del pobre pueblo del campo, abun­dancia excesiva de clero y religiosos como medio de vida, pero con poco celo y poca ansia de san­tidad, pobreza rural y riqueza ciudadana.

Aunque con distintas posibilidades para desa­rrollar esas nobles inquietudes, uno se siente apo­yado, pero el otro no halla inmediata respuesta en su entorno; Vicente, con su larga vida pudo afian­zar su obra; Sentjust desapareció en pocos años; pero uno y otro dejan posteridad de continuidad apostólica.

Ambos se apoyaron en la misteriosa y amorosa Providencia; y respondiendo al designio divino por diversos caminos; los dos se entregaron plena­mente a una noble causa. Los dones de Dios los distribuye el Espíritu; lo importante es responder a ellos para que sean fecundos. No responder a la propia vocación es caer en la esterilidad. No fue así en ellos.

2. Primeros pasos

Apenas los conocemos. Para saber la fecha del nacimiento de Francisco nos vemos obligados a recurrir al año de su muerte que sabemos; ésta fue en 1708 a sus 54 años. Por lo tanto nació en 1654, en la ciudad de Barcelona. Natural de Barcelona y bautizado en la misma Episcopal ciudad.

Todos señalan su origen de familia distinguida y pudiente. Su padre D. Francisco Sentjust y de Pagés, fue Conseller en Cap, Donzell, primera autoridad, de familia noble, entre los años de 1675 y 1684. Era una de las más ilustres familias de Bar­celona, pues contaba entre sus parientes cerca­nos al Marqués de Montenegro… al Muy Ilustre Prior Claustral, Diputado Eclesiástico del Principa­do de Cataluña… Fue heredero de una de las más ilustres y nobles familias del Principado.

Tuvo tres hermanos: Manuel, nacido en L’Ametlla del Valles Occidental; será miembro de la Junta del Principado de Cataluña y llegará a ser obispo de Vic (1710-1717); José, militar y gober­nador de Menorca; y Gilderico, abad del Monas­terio de San Pedro, en Camprodón (1710-1735). En el orden social vivirá pues cómodamente, con muchas posibilidades y gran bienestar.

Además, forma parte de una familia levítica pues como indicamos, dos de sus hermanos fue­ron, uno obispo de Vic y el otro Abad del monas­terio de Camprodón, en Gerona.

3. La infancia de Francisco

Nos es también desconocida. Son los años oscuros de su vida. No tenemos datos de sus primeros pasos, adolescencia, vida de fe, estu­dios… Sin embargo, algo habría en ese niño que con el tiempo realizará obras tan meritorias e importantes. A imitación de Jesús crecía sin duda en edad, gracia y sabiduría. El P. Torres, siguien­do la tradición, rodea su infancia de sencillas y atrayentes anécdotas, florecillas de Asís. Varias veces estuvo su vida en serio peligro. Un ejem­plo: Desde los primeros días de su tierna infancia favorecióle el Señor con singulares dones de naturaleza y gracia… ¿Quién no admirará la amo­rosa Providencia sobre el niño Francisco, cuando hallándose éste en Tortosa, bajo la dirección de su tío el Prior claustral, y habiendo caído de una altura muy elevada, no solo no recibió lesión alguna en su cuerpo, sino que resultó completa­mente ileso?.

Digamos que las tradiciones no salen de la nada; es muy posible que la bondad y la virtud adornaran sus primeros años. Una Providencia par­ticular guardaba, al parecer, su preciosa existencia.

Según algunos biógrafos pasó cierto tiempo de su infancia en Tortosa, como acaba de señalar el P. Torres, y el señor Garrigó en su oración fúnebre dice que fue la primera vez en Tortosa, cuando en los años de su puericia, educándole con cristiana piedad su tío el Muy Ilustre Prior Claustral…

Paradela se contenta en señalar más pruden­temente: La Providencia veló de un modo especial sobre Francisco, sacándole sano y salvo de muchos peligros en que estuvo de perder la vida durante su infancia14.

La religiosidad era una práctica popular en la mayoría de los hogares de ese tiempo y se puede pensar que Francisco tuvo una infancia cristiana y religiosa, hasta devota.

4. Su juventud

También son mínimas las referencias dejadas acerca de su edad juvenil y estudios. Su primer bió­grafo anota: Nos vemos en la triste precisión de pasar en silencio sus estudios y ocupaciones hasta la edad de veinte años. Y el Diccionario de Historia Eclesiástica de Cataluña: Se distinguió en los estu­dios de teología y mística. Francisco Garrigó añade: Tenía bellas prendas nuestro Francisco. Aún en los años de su juventud era en el trato grave pero ale­gre, en el hablar agradable… E insinúa el mismo orador: Así miraba cuidadoso Su Divina Majestad a Francisco, y recelándose que el mundo no le hicie­se con su lodo “vas in contumelia” Rm 9, 21 (motivo de deshonor) quiso su divina clemencia hacerle “vas in honorem”, un vaso de honor y de grande gloria suya15.

El orador señala una juventud alegre, libre y afectiva, y añade y ved aquí a nuestro joven entre­gándose todo en manos de Dios, y renunciando las bien fundadas esperanzas de una pingüe herencia que le ofrecía un tío suyo… Y remarca que era tanta la limpieza de alma que era menes­ter que recurriese siempre el confesor a la vida seglar para hallar materia suficiente de absolución y expresa: Si antes había sido un tanto alegre y bullanguero, cambió desde entonces por completo17.

Si era de familia noble y pudiente, sin duda que no le faltaría una esmerada y cuidadosa formación según los tiempos, con un risueño y envidioso por­venir, que sin duda era lo que sus padres desea­ban y esperaban de Francisco. Pero nos ha dicho

Garrigó que renunció las bien fundadas espe­ranzas de una pingüe herencia que le ofrecía un tío suyo; no sabemos más, ni qué, ni cuándo, ni por qué. De hecho, sus otros hermanos lograron alcanzar un nivel social importante, como señalan los documentos.

Las familias de categoría de aquel tiempo intentaban que uno de sus hijos escalara la carrera sacerdotal. El primero continuaba con las pro­piedades familiares y las tradiciones familiares; de ahí tal vez, que los padres de Francisco fuesen reticentes respecto a su opción por el presbiterado. El segundo de los hijos era destinado al sacer­docio, vía muy apetecible en aquellos días, sobre todo cuando por ese medio se alcanzaba alguna prebenda, abadía o beneficio.

No sabemos dónde pasó Francisco estos años y vivió la experiencia de abrirse a un futuro. Unos señalan que pasó su infancia y primera juventud en Tortosa, y sus estudios en la Seo de Urgel; sin embargo apenas tenemos dato alguno al res­pecto, pues también se nos habla de Barcelona, L’Ametlla del Valles, del Priorato de Santa Oliva en el Bajo Penedés…

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