Senjust: llegan los primeros

Mitxel OlabuénagaFormación VicencianaLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: .
Tiempo de lectura estimado:


1. Sentjust misionero

Podemos adivinar los sentimientos que embar­gaban el alma de este gran luchador por tan noble causa. Por fin el piadoso Sentjust iba a ver coro­nados sus generosos esfuerzos, su admirable tesón y constancia, su fe inquebrantable y su ardiente celo por la gloria de Dios y la salvación de las almas.

Podía descansar, o mejor, debía comenzar una nueva etapa, la última de su vida, por la que había soñado y luchado años «contra viento y marea». Ya no le restaba mucho tiempo; todo le urgía, pero había ilusión, entrega y esfuerzo inalterable.

Este era su ideal y su gran ilusión por la que había luchado años; ser sacerdote como los que había visto, dialogado y admirado en Montecitorio; apóstol en el campo y en la ciudad; sobre todo ser un hermano fiel y ejemplar, con sus hermanos en el sacerdocio, y lograr formar un grupo de amigos, al estilo del Maestro Jesús, que le dieran continuidad.

Él mismo se había adelantado a toda previsión. Y ahora llega el gran regalo del Sumo Pontífice. Por un Breve especial del Papa Clemente XI fue admitido en la Congregación e hizo los votos, aún antes de llegar los Misioneros italianos de Roma. Se sentía profundamente feliz. Todos los docu­mentos antiguos de la Casa de Barcelona anotan con precisión: A 14 de mayo de 1704, el Ilmo. Y Rvmo. Sr. D. Fr. Benito Sala, obispo de Barcelona, con Autoridad Apostólica por mandato de Cle­mente XI, Pontífice Máximo, admitió por primer Misionero y Administrador de la nueva Casa de la CM en España, fundada en la ciudad de Barcelo­na a su Fundador el Iltre. Sr D. Francisco Sentjust y de Pagés…

Ahora Sentjust misionero por Decreto de la Autoridad Suprema Papal, preparará la primera Casa-hogar de España para la Comunidad vicenciana, a la que está unido y que está por llegar.

2. Los primeros

Momento inolvidable en los Anales de la Con­gregación de la Misión en España y más allá de sus fronteras. Fecha imborrable el 8 de julio de 1704, cuando llegaban a Barcelona cinco Misio­neros procedentes de Roma. Tres italianos y dos españoles, tres sacerdotes y dos Hermanos Coadjutores. Los Padres Juan Domingo Orsese, como superior; Juan Bautista Balcone, como director de novicios; Luis Narváez, como ecóno­mo; y dos Hermanos Coadjutores, Jaime Bisso y Antonio Camino[1].

Misioneros realmente escogidos para esta pri­mera labor, hombres de Dios, entregados a tan noble causa, llenos del espíritu del fundador, Vicente de Paúl. En sus pocos años de presencia esparcirán el espíritu de Jesucristo de forma admirable y encomiable, mientras el Señor bende­cirá y hará fecunda su labor.

Lleno de gozo, relata el recibimiento el propio Sentjust: Cuando llegó aquí la noticia de haberse recibido en Roma estas cartas (del obispo de Bar­celona al Papa) fue Dios servido que llegasen los Sres. sacerdotes nombrados de Su Santidad para formar esta casa; viniéndome aviso desde Mataró cómo habían desembarcado allá día 8 de julio y que pasado mediodía se partirían para esta ciu­dad. Esta noticia tuve a las cuatro de la tarde; fuíme a participarla al Sr. Obispo, quien mandó al instante al Vicario general saliera con carroza de Su Ilma. a recibirlos; previne otras dos de parien­tes y amigos, y yo me adelanté a recibirlos en Besós donde llegamos juntos.

Pude prestar allí mi primera obediencia y «osculum pacis» a mi Superior y compañeros con todo júbilo y felicidad. Encontramos a media hora las referidas carrozas, con ellas entramos dere­chos al palacio episcopal, donde fueron recibidos de Su Ilma. con todo honor y singulares demos­traciones de afecto. Tomamos el agasajo, y con todas las carrozas nos mandó acompañar hasta la propia casa de la Misión, donde estaba preve­nido con la mayor decencia que se pudo el orato­rio, y después de adorado y dadas gracias al Smo. Sacramento, se despidió el Sr. Canciller de Cataluña, Vicario general y otros muchos que nos favorecieron…

«Anales de Cataluña», deja constancia el mismo día y año: «Con Breve de Clemente XI, dirigido al Obispo de Barcelona, fes fundó día 29 (error corre­gido 8), en la Calle deis Tallers la Congregación de la Misión la primera en España, siendo su fundador y primer Miniftro Don Francisco Senjuft y de Pagés, Prior que había fido de santa Oliva, y Canónigo de Vrgel, el cual entregó fu renta y caffa para dicha fundación, aumentándola en renta el Doctor Gero-nimo Enveja Canonigo de Barcelona…

3. El viaje

Intentemos señalar la ruta de Roma a Barcelo­na. Como poco después, en 1718, hizo el P. Jofreu, saldrían en galera de Roma a Génova, y del puerto de Génova en velero hasta Mataró. Después de unos días de viaje, navegando con gran vigilancia para no caer cautivos en manos de los turcos, cuando alboreaba el alba, llegaron los cinco al puerto de Mataró, en la apacible y caluro­sa calma del cielo y del mar veraniego. Era el 8 de julio.

Mandan aviso de su llegada, descansan, toman su refrigerio, y a primeras horas de la tarde en una galera, por el camino de la costa, recorren el litoral del Maresme… Montgat, Badalona… encontrándose con Sentjust en San Adrián del río Besós. Hechos los consabidos saludos siguen camino de San Martín, hasta hallarse con las otras carrozas amigas; caminan hacia la ciudad vieja; entran en Barcelona por el «Portal Nou» de la muralla; y siguen las calles «Portal Nou», del Rec Comtal, Riera de Sant Joan hacia la estrecha calle de la Catedral, llena de viejas casas de gremios de hosteleros, zapateros… que impedían contem­plar su fachada, entonces sencilla, pues la actual es de 1882. Pasaron las dos torres, aún existentes, que abren la Calle del Obispo y llegaron al Palacio Episcopal en la Plaza Nueva. Serían las siete de la tarde.

4. En casa

Entramos derecho al Palacio Episcopal donde fueron recibidos de su Ilma con todo honor y sin­gulares demostraciones de afecto; tomamos el agasajo y con todas las carrozas nos mandó acompañar hasta la propia casa de la Misión, donde estaba prevenido con la mayor decencia que se pudo el oratorio, y después de adorado y dado gracias al Smo. Sacramento, se despidió el Sr Canciller de Cataluña Vicario general…59.

Cumplimentada la máxima autoridad eclesial, toman la Calle Canuda, pasan la polvorosa riera de la Rambla y entroncan con la C. Tallers hasta llegar a la casa n.9 77. (Los carniceros dieron nom­bre Tallers a esa calle, cuya carne se vendía en el mercado, en la Boquería…).

Sentjust les ofrece su propia casa —rincón remanso de paz entonces— y bienes, como alber­gue y estancia definitiva, con su huerta frondosa. Entraron en su nuevo hogar, y para agradecer el gran momento en el que eran protagonistas de una realidad nueva, entraron en la estancia más importante de toda casa de misioneros, la capilla, para visitar a Jesús eucaristía. Y en esa estancia se instalaron, aunque desacomodados, dice Sent-just con humildad. Y aquí vivieron a lo largo de ciento cincuenta años los misioneros, hasta que la invasión francesa de 1808, y luego las autorida­des civiles, se apoderaron de la casa.

Fácilmente comprensibles aunque difícilmente manifestables serían los sentimientos que experi­mentaron aquel primer momento: el gozo inmen­so, profunda gratitud al Señor, ansias esperanza­doras, deseos grandes de que lo «soñado» fuera pronto realidad, afán, temor reverencial, gran esperanza…

5. Por Mataró

¿Por qué desembarcaron en Mataró y no fue­ron directamente a Barcelona?

En el siglo xvii se edificaron en Barcelona las Atarazanas, donde se construían naves. Pero a finales de este siglo, para evitar la presión fiscal, muchos negociantes se establecieron en otras partes, como Mataró, provocando una crisis naval. Las naves y embarques barceloneses tenían vida lánguida. Entonces el Consejo de Ciento, en 1701, pensó establecer en Barcelona un puerto franco. Se abrió una Escuela naval en la Barceloneta, extenso arenal ocupado por barracas de pesca­dores, y fijaron una matrícula de 20 alumnos: cua­tro de Barcelona, seis de Mataró y los restantes de poblaciones vecinas.

Tenemos pues la ascendencia naval de Mataró sobre Barcelona en aquel momento. Un año des­pués, también Carlos de Austria, desembarcará por Mataró en 1705.

6. Cumplimentando

La semilla está echada; ahora tiene que cuidar­se, crecer, robustecerse, fructificar… Será una obra espiritual ingente, llena de sacrificio y de gracia. Pero sus 300 años nos confirman que ese naci­miento, constancia y fecundidad fueron obra de la gracia del Señor. A través del tiempo, el germen con todas las duras dificultades que le ha tocado pasar, no se ha agotado en personal y obras, sino todo lo contrario, fructificando abundantemente.

Al día siguiente, 9 de julio, los nuevos inquilinos vuelven a encontrarse con el Obispo, Fray Benito Sala, entregándole la carta de Su Santidad escrita por el Secretario de estado.

Los PP. Juan Orsese, Juan B. Balcone y Luis Narváez van a fundar la nueva casa de Barcelona. El Padre Santo, que ya en octubre último me mandó recomendara a V S. I.. ayudase a esta obra de tanto provecho, me ha ordenado renueve ahora el mismo encargo. Su Santidad mira con mucho aprecio la Congregación y el celo vivísimo con que los miembros de ella derraman entre los fieles las enseñanzas de la piedad cristiana, y pro­mueven entre los eclesiásticos la observancia de las buenas costumbres y de las sagradas cere­monias». Roma, 22 de abril de 1704.

Luego, acompañados del señor Obispo se diri­gen al palacio del Virrey, Sr. D. Francisco de Velas­co y Ceballos para saludarlo y presentarle sus cre­denciales, donde fuimos recibidos con todo honor. El señor Orsese le entregó el Breve de Su Santi­dad en el que elogia el trabajo de los misioneros y le suplica los favorezca con su autoridad.

Recorrieron la ciudad por voluntad del Obispo, dando vuelta a ella nos condujo hasta la misma casa Misión.

El Consejo de Ciento de la ciudad fue visitado el día siguiente. El Superior, señor Orsese, al en­tregarles el Breve de Clemente XI, les dirige un hermoso saludo de gratitud, en latín. También habló el señor Sentjust. El Presidente del Consejo contestó, también en latín, al Superior, deseando unas buenas relaciones mutuas. Elogió la piedad y pureza de fe de los habitantes, y que no cabía duda de que los Misioneros serían bien recibidos.

Al otro día continuando el Sr Obispo sus aga­sajos, nos dio su mesa y vueltos a casa asistimos a los universales cumplimientos de todos estados (menos las religiones) solo en los jesuitas por su Rector y otros individuos experimentamos singula­res agasajos…

Así era en aquellos tiempos: gran respeto para todas las Autoridades, burocracia, dar tiempo al tiempo…

Los agasajos y felicitaciones fueron numerosos y de personajes importantes. Y comenta Sentjust: No me bastarían muchos años de vida para escri­birlo; sino que unas no es bien manifestarlas, otras deben callarse y las más que no importa decirlas. Lo que aseguro es que en veinte años que lo lle­vaba de idea, nunca he dejado de experimentar palpablemente oposición formal del enemigo a esta obra, tanto antes de la ejecución, mayor al ejecutarla y extremadamente hoy ejecutada, en procurar perderla; pero fío en Dios que «las puer­tas del infierno no podrán contra ella»; sino que se perdiese por mis pecados, y cansado Dios de ellos por estar yo metido en obra tan de su agra­do, le obligara a dejar lo que más quiere. Esto sí que lo temo y debo temer, y así rueguen a Dios por mí que tal no suceda. Amen.

Con estas palabras, profundamente humildes, termina Sentjust su narración vicenciana.

El señor Obispo volvió a invitarlos a su mesa, para dialogar y compartir la misión a desarrollar, esclare­cer ideas y programar. Llegados ya los equipajes, presentaron al Obispo unos obsequios del Papa.

Aún hubo más. Ahora todos responden a los Breves del Papa, agradeciendo esta decisión y prometiendo su colaboración, cuyas cartas envia­ron a los misioneros de Italia, para que ellos las hicieran llegar a su destino.

El Superior General de la Congregación de la Misión, señor Francisco Watel (1705-1710), en su Circular de 1.2 de enero de 1705, desde París comunicaba tan fausto acontecimiento: Habiendo pedido el Ilmo Sr Obispo de Barcelona, a instan­cias de los más ilustres miembros de su clero, algunos sacerdotes de nuestra Congregación, ésta ha enviado allí tres y dos Hs. Coadjutores. Hemos nombrado Superior de la nueva casa al genovés Sr Orsese. Ya tienen un pequeño semi­nario interno, formado por dos o tres eclesiásticos que dan buenas esperanzas y dos Coadjutores… Se ocupan ya en los ministerios de nuestra Con­gregación: ejercicios, seminarios y Ordenandos.


[1] JUAN DOMINGO ORSESE, nació en Génova en 1633, y entró en la Congregación de la Misión en 1682. Estuvo al frente de la Casa de la Congregación de Barcelona como superior, desarrollando una labor fun­dacional acertada y eficaz, hasta 1714 que fue desterrado por el maris­cal francés Bervick, como partidario y favorecedor de Carlos de Austria. Murió siendo superior de Cremona (Italia), el 14 de enero de 1735. JUAN BAUTISTA BALCONE, natural de Pavía, ingresó en la C.M. en 1686. Fue el primer director del Seminario interno que se abrió en Barcelona, formando a los primeros misioneros, la mayoría sacerdotes, en el conocimiento y amor a los fundadores y espíritu vicenciano. Falle­ció en Barcelona el 6-junio-1710. Luis NARVÁEZ, nació en Córdoba en 1661, y estando en Roma ya sacerdote entró en la C.M. en 1694. Vino como procurador de la nueva fundación; dirigió los primeros Ejercicios espirituales, pero estuvo poco tiempo, regresando a Italia a finales de 1705. Murió en la Casa-Misión de Florencia el 10-enero-1749.

JAIME Bisso, nacido en Ussi, diócesis de Génova, en 1675. Hizo los votos en la C.M. como Hermano Coadjutor en 1699. Pero estuvo apenas unos meses en Barcelona regresando a Italia, donde murió en 1740.

ANTONIO CAMINO, natural de Santiago de Compostela, había naci­do en 1675. Entró como Hermano Coadjutor iniciando el Seminario inter­no en Roma, terminándolo en Barcelona. Hizo los votos en 1706, según escribe él mismo. Murió en Barcelona el 2 de febrero de 1710.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *