NUESTRA SEÑORA DE LAS ANGUSTIAS CORONADA (AYAMONTE) (Huelva)
La venerada imagen de la Virgen de las Angustias de Ayamonte tiene una piadosa leyenda que relata su aparición: Los Coritos, unos hermanos que se dedicaban a la pesca en el estero de San Bartolomé, próximo a Castro Marín (Portugal), frente a Ayamonte, capturaron una caja de gran peso, donde encontraron la bella imagen de María con Cristo en los brazos, que fue colocada en la capilla de la Espiración, situada en la misma orilla del río Guadiana. Los portugueses disputaron la posesión de la santa Imagen interviniendo incluso la Santa Sede que mandó entregarla a los portugueses, puesto que en su término se había encontrado. Cuando se disponían a la entrega, una fuerte tempestad impidió el traslado, repitiéndose tantas veces cuantas se hacía el intento. Admirados interpretaron los sucesos como voluntad del cielo para que la imagen de la Virgen quedara en Ayamonte. Sigue la leyenda contando cómo se edificó la iglesia a base de hechos extraordinarios hasta su terminación.
La santa Imagen de la Virgen de las Angustias es una obra anónima del siglo XVI, de estilo barroco que representa el momento en que la Virgen recibe el cadáver de su hijo, descendido de la Cruz. La Madre Dolorosa está de rodillas cubierta con manto azul sobre traje rojo, sosteniendo con su mano derecha la cabeza de Cristo y con la izquierda haciendo ademán de enjugar con las tocas sus lágrimas. Numerosas modificaciones y restauraciones ha sufrido la santa Imagen que apenas dejan entrever el arcaismo de su talla original.
El templo es del siglo XVI, con planta basilical de tres naves y techumbre mudejar. Es retablo de estilo renacentista, con el camarín de la santa Imagen de estilo rococó. En 1756 fue nombrada Patrona de la ciudad de Ayamonte. Una floreciente Hermandad cuida de su templo y culto, desarrollando además un intenso programa de apostolado, caritativo y cultural.
Los PP. Paúles regentan este Santuario-Parroquia desde 1946. La gente sencilla y en lenguaje llano, cuenta que los Paúles han trabajado mucho y bien para que esta advocación mariana tenga la pujanza que tiene hoy y que ha culminado en su coronación canónica.
Fernando Espiago
Madrid, 1992







