SANTUARIOS MARIANOS C.M. en ESPAÑA (X)

Mitxel OlabuénagaSin categoríaLeave a Comment

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IGLESIA-SANTUARIO DE LA VIRGEN MILAGROSA (PAMPLONA)

La fundación de nuestra casa de Pamplona tiene sus antecedentes en la villa de Lodosa, donde en 1914 se fundó una casa-misión gracias a la gene­rosidad y celo de la famosa Sor Simona Oroz, secundada más tarde por Sor Carmen y Sor Petra Ezcurra, naturales del mismo pueblo. Duró esta funda­ción hasta 1924, en que el P. Visitador, de acuerdo con el señor Obispo, hicieron el traslado a Pamplona, para dar allí más amplitud a nuestros ministerios. No fue fácil esta fundación, ya que había en la ciudad numero­sas casas religiosas. La tenacidad del P. Atienza logró la debida autorización episcopal. En la plaza de San José, junto a la catedral, se conservan aún las casas donde se estableció la primera comunidad y fueron acogidos en 1927 los primeros apostólicos.

Pero la ilusión de todos era una nueva casa que fuese colegio apostólico y un santuario a la Virgen Milagrosa.

En 1928 se comenzaron las obras en el lugar llamado de la Cruz Negra. Un boletín gratuito con el nombre «La Milagrosa», publicado desde la plaza de San José, 2, fue caldeando el ambiente y haciendo la propaganda. Largas listas de donativos eran publicadas mensualmente. El P. Chivite mantenía el entusiasmo por sus simpáticos artículos y poesías, dando cuenta de las obras, con miras a ser inaugurada en 1930, centenario de las apariciones de la Virgen Milagrosa.

La ilusión soñada y acariciada por tantos se hizo realidad y en la fecha señalada, el 19 de julio, fiesta de San Vicente, del año centenario de la Mila­grosa, 1930, el entonces obispo de Pamplona, don Tomás Muñiz, bendecía solemnemente la nueva iglesia santuario. Siguió un triduo solemne los días 20, 21 y 22, con asistencia de las comunidades y párrocos de la ciudad. Todos los periódicos de aquellas fechas se hicieron eco de tal efeméride. Entresacamos del Diario de Navarra del 20 de julio de 1930: «A las diez de la mañana del día de ayer tuvo lugar la solemne bendición del nuevo templo que los Padres Paúles han erigido con ocasión del primer centenario de las Apari­ciones de la Virgen Milagrosa. Después de la ceremonia de ritual se cantó una misa de medio pontifical. El templo, con ser tan capaz, veíase lleno de altas personalidades. Las Hijas de la Caridad no podían faltar a este acto que de tan cerca a ellas pertenece. En la función de la tarde participaron una gran multi­tud de fieles, predicando el P. Horzanco».

El día 20, desde la catedral, una gran procesión paseó la imagen de la Virgen Milagrosa hasta la nueva iglesia. Los reyes enviaron sus representan­tes y de todos los pueblos vecinos a Pamplona fueron llegando fieles para aclamar a la Virgen. Cuatro carrozas, muy al gusto de la época según las descripciones, y que representaban las apariciones de la Virgen a Santa Catalina y a Ratisbona; todas ellas cuajadas de angelitos de blancos vesti­dos, desfilaron en el cortejo.

Este santuario de la Virgen Milagrosa de Pamplona fue el monumento levantado a la Virgen por la Congregación de la Misión en el centenario de sus apariciones a Santa Catalina Labouré. Para que este monumento fuera realmente tal no se escatimaron gastos y trabajos. Se buscó a uno de los arquitectos de prestigio, don Víctor Eusa. Su estilo modernista y original sigue hoy llamando la atención. Mide la iglesia 30 metros de largo por 12 de ancho. Una imagen de aluminio de cuatro metros corona la fachada, visible entonces en varios kilómetros. Los testigos de aquella tarde esplendorosa, en que la imagen fue izada, recordaban con emoción el acto, mientras padres, y apostólicos cantaban: » Bendita la Virgen sin par Milagrosa, la que hoy en Pamplona su trono asentó», del P. Chivite y música del P. J. M. Alcácer.

El retablo, compuesto de una gran cruz, ocupa la casi totalidad de los 19 metros de altura de la nave: en el centro se abre el camarín de la Virgen. La imagen primitiva ha sido sustituida recientemente por una hermosa talla.

Los muros interiores fueron ornamentados con grandes cuadros, al fres­co, del pintor Oñativia, que recoge varias escenas de las Apariciones de la Virgen Milagrosa y la vida de San Vicente de Paúl.

A partir de aquellas fechas centenarias e inaugurales, el Santuario de la Milagrosa de Pamplona se convirtió en un centro de espiritualidad y vida mariana que se mantiene a través de los años. De manera especial, la nove­na y la fiesta de la Milagrosa tienen ecos de multitudes. Todos los años nuestra revista Anales recoge estas efemérides.

El P. Aranguren escribía sobre la novena del pasado año 1987: «Casi ha sido una obra perfecta: buena organización, buen contenido doctrinal, respuesta generosa de los fieles, buen servicio. La temática basada en la encí­clica «Redemptoris Mater». Cada día ocho Eucaristías, ocho homilías, con el mismo contenido mariano. Los cultos de cada día precedidos del rosario de la aurora, devoción repetida por la tarde. 24.000 comuniones son un buen dato a tener en cuenta. El influjo de la novena rebasa los límites de la capital y llega a los pueblos. Y la gente, que es generosa, responde a la cita y va a la iglesia, y se confiesa, y participa en la Eucaristía, y reza a la Virgen, y se va la mar de feliz. María, que visitó y alegró a su prima, es hoy visitada por tanta gente que quie­re renovar su fe mariana».

Buen resumen de la vida pujante de este santuario mariano, levantado y mantenido por el entusiasmo de nuestra Congregación y a cuya sombra tantos misioneros y apóstoles de la Virgen Milagrosa se han formado.

Fernando Espiago

Madrid, 1992

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