SANTUARIOS MARIANOS C.M. en ESPAÑA (VIII)

Mitxel OlabuénagaSin categoríaLeave a Comment

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BASILICA DE LA VIRGEN MILAGROSA (MADRID)

Entre los santuarios marianos confiados a la Congregación de la Misión en España ocupa la Basílica de la Virgen Milagrosa en Madrid de los últi­mos por su fecha cronológica, aunque sea el primero por su rango litúrgico de Basílica.

La historia del templo comienza en 1901 con la colocación de la primera piedra y su inauguración en 1904, como homenaje a San Vicente de Paúl y recuerdo del segundo centenario de la llegada de los Padres Paúles a España.

Como iglesia de la casa central de los Padres Paúles se vio enriquecida con hermosas imágenes y artísticos retablos. La imagen de la Virgen Mila­grosa ocupaba un altar lateral. La devoción a la Virgen Milagrosa se iba extendiendo por toda la nación por medio de la Asociación de la Medalla Milagrosa, que miraba a este templo de San Vicente en Madrid como su centro nacional. Una peregrinación de las asociaciones de la Medalla Mila­grosa de España a Roma, presidida por el obispo de Coria, que después sería cardenal Segura, en 1923, consiguió de la Santa Sede el título de Basí­lica menor para la iglesia de San Vicente de Paúl en Madrid, templo nacio­nal de las asociaciones de la Medalla Milagrosa. Para celebrar este aconteci­miento se construyó un nuevo retablo mayor que cobijaba en su centro la nueva y hermosa imagen de la Virgen Milagrosa obra del escultor barcelo­nés Claudio Rius. Desde entonces todas las miradas se centraron en Ella, las celebraciones con tal motivo y las centenarias de las apariciones de la Virgen Milagrosa en 1930 hicieron que la basílica de San Vicente de Paúl comenzase a llamarse Basílica de la Virgen Milagrosa, como desde entonces la conoce todo Madrid.

Las asociaciones que en ella radicaron le dieron una vida apostólica potente. El 11 de abril de 1926, los reyes don Alfonso XIII y doña Victoria Eugenia visitaron la Basílica y fueron nombrados presidentes honorarios de la Asociación de la Virgen Milagrosa, recibiendo la Santa Medalla de manos del Nuncio del Papa en España. La reina accedió a ser madrina en la bendi­ción de la nueva bandera de la Asociación que aún hoy se usa.

Varios obispos eligieron esta Basílica para su consagración: monseñor Basulto, obispo de Jaén, el 16 de enero de 1910; monseñor Reig y Casanova obispo de Barcelona, el 8 de noviembre de 1914; monseñor Esténaga, obispo de Ciudad Real, el 23 de julio de 1923, y monseñor Pablo Tobar, C.M. obispo de Cuttak (India), el 29 de junio de 1949.

La Basílica sufrió su martirio en la guerra de 1936. Con la expulsión de la comunidad todo quedó paralizado, pero por poco tiempo. La revolución trajo también la destrucción: todo fue profanado, robado o quemado. Con tres palabras queda condensada la historia de aquellos tres años: la Pasión de la Basílica.

Cuando el 28 de marzo de 1939 los Padres Paúles pudieron de nueve tomar posesión de su casa e iglesia, comprobaron que el huracán había arrasado cuanto la piedad de los fieles había ofrendado a Dios y a la Virgen. El benemérito P. Antonio Serra, que era rector de la basílica desde 1926 comenzó la penosa obra de restauración poniendo en ella todo su gran entusiasmo. A la par que la restauración material, se dio vida de nuevo ala asociaciones de la Milagrosa, de la Santa Agonía, de San José, San Antonio visita domiciliaria, etc., todo bajo la protección de la Virgen Milagrosa y la dirección incansable del P. Serra.

La comunidad de la casa central, siempre numerosa, ha hecho de la Basílica uno de los templos preferidos por el pueblo madrileño, por sus cultos y su atención continua al confesonario.

En 1965 la Basílica fue erigida parroquia por un decreto firmado por el arzobispo de Madrid, monseñor Casimiro Morcillo. Se ordenaba «que la nueva parroquia comience a regir el 1 de noviembre de 1965». La fecha se retrasó hasta el 7 de noviembre, fiesta entonces del beato Juan Gabrie Perboyre.

A partir de esta fecha nada ha perdido de su categoría de santuario mariano; junto a las asociaciones tradicionales comenzaron a surgir los grupos de vida apostólica parroquial que han potenciado su ya rica vida apostólica, siempre bajo la mirada de la Virgen Milagrosa.

Después de las normas conciliares sobre liturgia y también ante el desgaste del tiempo, se procedió a una reforma completa para poner al día la liturgia y hacer el templo más acogedor. El 14 de marzo de 1966 se reabría la Basílica actualizada. Monseñor Morcillo, arzobispo de Madrid presidió esta inauguración. El acondicionamiento guardó la línea gótica armonizándola con las mejoras introducidas.

Se amplió el templo con una nueva capilla dedicada a la penitencia y otra dedicada a la Santísima Trinidad, para cultos reducidos.

El cincuentenario de la concesión del título de Basílica se solemnizó de una manera especial los días 14 al 20 de mayo de 1973 con una semana mariológica en torno a la Virgen Milagrosa y la historia de su templo y un triduo de acción de gracias, en el que intervinieron el Visitador, P. Julián Tobar; monseñor Echarren, obispo auxiliar, y el arzobispo de Madrid, cardenal Tarancón. La fiesta de San Vicente de aquel año tuvo una especial solemnidad ya que San Vicente es el contitular de la Basílica. Presidió también el cardenal Tarancón. La novena de noviembre en honor de la Virgen Milagrosa fue predicada por el entonces obispo de Barbastro monse­ñor Damián Iguacén. El nuncio de Su Santidad, monseñor Dadaglio, presi­dió la celebración de la fiesta.

La Basílica ha sido el marco espléndido para todas las celebraciones vicencianas: centenario del nacimiento de San Vicente, fiestas de la canoni­zación de San Justino de Jacobis y de Santa Isabel de Setón, beatificación de las mártires de Agens, centenario de Santa Luisa, etc.

Y la Basílica sigue siendo uno de los templos preferidos por el pueblo fiel de Madrid, que hoy como siempre encuentra allí la digna y solemne celebra­ción de los cultos y la atención del confesonario a todas las horas en que el templo permanece abierto.

En el Año Mariano el cardenal arzobispo de Madrid designó la Basílica como templo jubilar para lucrar las indulgencias propias del Año Mariano. Con este fin se intensificó la atención a los fieles y se solemnizaron todas las fiestas marianas. Y el pueblo, fiel devoto fe la Virgen Milagrosa, responde a esta llamada y sigue honrando a la Virgen con la tradicional jaculatoria de la Medalla de la Virgen: «Oh María sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos».

Como recuerdo del Año Mariano se proyectó y realizó un camarín para acoger la santa imagen. Los fieles costearon con generosidad la obra que fue inaugurada en la noche de la Pascua, 3 de abril de 1988.

Fernando Espiago

Madrid, 1992

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