SANTUARIOS MARIANOS C.M. en ESPAÑA (IV)

Mitxel OlabuénagaSin categoríaLeave a Comment

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SANTUARIO DE NUESTRA SEÑORA DE LOS ÁNGELES de CHERA (Valencia)

Algunos de cuantos han escrito sobre la fundación del Eremitorio de Ntra. Sra. de los Ángeles no habían tenido ocasión de visitar dicho Eremitorio y por lo mismo dan noticias, que no concuerdan con la realidad sobre su situación geográfica.

Sot de Chera es una población de la provincia de Valencia, que dista de la capital unos 67 kilómetros, con una población de unos 445 habitantes en 1970. A 12 kilómetros y sobre un monte, se eleva un castillo en ruinas, llamado de Xera (Chera). Durante la dominación musulmana, se formó bajo el castillo, a 12 kilómetros escasos, un núcleo de población que tomó el nombre de Sot de Chera (el actual pueblo). Surgió posteriormente un barrio, a dos kilómetros del castillo, llamado primeramente Barrio del Conde, como aldea dependiente del mismo castillo, que con el tiempo tomó el nombre del castillo: CHERA. Solamente recibió la independencia munici­pal en 1840. Dista de Valencia 77 kilómetros y tenía una población , en 1970, de 806 habitantes.

Aclarado este punto geográfico, se ve que tanto cuando se fundó el Eremitorio, como cuando llegaron los PP. Paúles, dependía de Sot de Chera y así consta en todos los documentos de nuestros archivos. Hoy las ruinas del Eremitorio, antigua Casa Misión, pertenecen a Chera.

En 1687 fue fundada esta Ermita-Santuario dedicada a Ntra. Sra. de los Angeles por el V. Juan Crisóstomo Vicente Jordá. contemporáneo de San Vicente de Paúl, cuya rocambolesca vida se halla manuscrita en nuestro archivo. Natural de Mislata, donde había nacido en 1631, educado cristiana­mente por sus padres, siendo aún niño fue preso cuando iba en un barco con su hermano menor. Llevado como esclavo al gran turco, apostató, al menos exteriormente, de la religión católica. Contrajo matrimonio con una hija del gran sultán, llegando a ser gobernador de diversas provincias turcas. Enviado por el sultán a tierras cristianas, oyó predicar a un francis­cano y conmovido, pidió perdón a Dios de su apostasía, huyendo, después de mil peripecias a Tierra Santa. Peregrinó a Roma antes de volver a Valen­cia, donde encontró aún con vida a su madre y algunos hermanos.

Deseando dedicarse a la vida eremítica, en penitencia por sus pecados, supo que en la villa de Moviedro, cerca del convento de Recoletos Francisca­nos del Vall de Jesús, había una ermita bajo la advocación de la Purísima Concepción. Con la licencia del Arzobispo de Valencia y de los PP. Francis­canos, comenzó allí su nueva vida, reedificando la ermita y su celda, en 1669. Diez años vivió con otros dos compañeros en aquel lugar, pero la frecuencia de fieles que acudían a la Ermita, les impedía vivir su deseado retiro, por lo cual se decidieron a buscar otro lugar más propicio para sus fines y deseos.

Después de varios intentos llegaron a conocer Sot de Chera y las propie­dades del Conde de Gestalzar, como el lugar tan buscado para su soledad. En 1680 compraban el lugar llamado La Ortezuela de Chera, al pie del castillo, donde había unas cuevas, algunas ruinas y la soledad y silencio tanto tiempo buscados.

Comenzaron los tres ermitaños habitando cada uno en una cueva, dedi­cándose a la oración y mientras, edificaban el eremitorio y su iglesia. Tanto fue su celo y su trabajo, que en un año quedó terminada la obra. Dedicóse la iglesia a la Virgen de los Ángeles y a San Miguel Arcángel, el 8 de octubre de 1695.

Las Constituciones que regían el Eremitorio llevan fecha de 1684, con las cuales no quisieron introducir una nueva Congregación, sino sencillamente vivir una vida apostólica, según las normas de la Iglesia, dedicándose a las misiones populares, recorriendo para ello todo el Reino de Valencia y parte de la Diócesis de Cuenca. Su vida estaba organizada con abundantes ejerci­cios de piedad, las Horas canónicas, Misa conventual, oraciones diversas, silencio y clausura.

Pronto vinieron, con abundantes vocaciones, fundaciones piadosas de capellanías generosamente dotadas para los sacerdotes ermitaños y misio­neros.

Dios probó al Venerable Hermano Vicente Jordá con larga y penosa enfermedad, que le hizo abandonar su tan deseada soledad, instalándose en Sot de Chera, donde habiendo recibido los Sacramentos, descansó en el Señor el 25 de septiembre de 1695, siendo enterrado al siguiente día en la iglesia del Eremitorio de Ntra. Sra. de los Ángeles.

El fervor de los ermitaños primitivos fue decayendo y según el «Libro de la visita de la Ermita de Ntra. Sra. de los Angeles, sita en el término de Sot de Chera, hecha en el año 1738″, las fundaciones se cumplían mal o no se cumplían por falta de personal.

El arzobispo de Valencia, Sr. Arias Texeiro, trató de poner remedio a tal situación y no encontró otra que sustituir a los ermitaños por misioneros de San Vicente de Paúl, pidiendo al rey la debida autorización para el cambio, dándole noticia exacta de la fundación de los ermitaños, así como de sus fines: la propia santificación y la santificación del prójimo por medio de las misiones populares y las prácticas doctrinales que debían hacer en la Dióce­sis. Decía también el Sr. Arzobispo en dicho documento, cómo se recibían quejas contínuas sobre la inobservancia de las constituciones y mala admi­nistración de las pías fundaciones y cómo a partir de 1816 había querido la Diócesis poner remedio a tan caótica situación, sin fruto alguno. En vista de lo cual se proponían encomendar dicho eremitorio y santuario de Ntra. Sra. de los Ángeles a los sacerdotes de la Congregación de la Misión de San Vicente de Paúl, los cuales cumplirían con todas las obligaciones, principal­mente las misiones populares.

El Arzobispo, que conocía de cerca la Congregación de la Misión tanto en Cataluña como en Mallorca y había asistido a misiones dadas por los PP. Paúles, esperaba no sólo el solucionar el problema del Eremitorio de Sot de Chera, sino también dotar a su Diócesis de una Congregación misionera que predicase en toda ella.

El Rey aprobó el 11 de diciembre de 1819, por Real Cédula, la fundación propuesta.

El 30 de abril de 1820 se firmó la cesión del Eremitorio de Ntra. Sra. de los Ángeles de Sot de Chera a la Congregación de la Misión de San Vicente de Paúl, que se comprometía a conservar casa y santuario con cinco sacerdotes y varios hermanos para cumplir las cargas y pías fundaciones de misma y dar ejercicios al clero y seglares que lo solicitasen, así como a misiones populares en la Diócesis y cada cinco años en el pueblo de Sot de Chera.

Los Misioneros Paúles que llevaban ya varios meses en el Eremitorio tomaron posesión de él, el 5 de mayo de 1820. La casa, sin ser grande, el suficiente para los fines de la fundación y la iglesia santuario, suficiente también para cumplir sus fines. Según el Inventario, aunque no eran abundantes los utensilios encontrados, eran dignos para el género de vida de Congregación. La iglesia santuario cobijaba una imagen de la Virgen de los Ángeles en el altar mayor, ornamentada con gargantillas de perlas fina zarzillos de plata y brillantes y corona también de plata. Cuatro altares ml en pequeñas capillas abiertas en los muros, con cuadros del Santo Cristo, Soledad, la Purísima y San Pablo. Los ornamentos aunque no abundante eran suficientes.

Cuenta el P. Paradela: «Por más apacible y delicioso que fuese el sitio donde estaba situado el Eremitorio-Santuario, no era sitio muy a propósito para los misioneros por la dificultad de los desplazamientos: pensaron haría más bien estando cerca de Valencia y de más fácil acceso para quienes desearan hacer los ejercicios en su casa».

A los cinco años de estancia en Sot de Chera, pidieron al señor Arzobispo poder trasladarse cerca de la capital. Pusieron sus ojos en el Santuario de Ntra. Sra. de Monteolivete, en Ruzafa, cerca de Valencia.

Los cinco años de estancia de los PP. Paúles en el Santuario de Ntra. Sr de los Ángeles de Sot de Chera, fueron de un reflorecer la vida del Santuario, como en los mejores tiempos de la fundación.

Con la marcha de los PP. Paúles, comenzó la ruina del Eremitorio del Santuario, pasando a manos seglares que lo dedicaron a los más diversos usos. Aún se conservaba tanto la casa como la iglesia, en deplorable estado pero con señales claras de lo que fue en el pasado.

La santa imagen de la Virgen de los Ángeles, tan venerada de los ermitaños y de nuestros primeros misioneros, pasó a la parroquia de Chera destruida en la pasada guerra. Hoy, una réplica —creemos— de la hecha en la década de los cincuenta, es venerada como titular de la parroquia de Chera y patrona de la Villa.

Fernando Espiago

Madrid, 1992

 

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