OTROS TESTIMONIOS
También es exponente de su gran fama de santidad los elogios fúnebres, de D. Vicente de la Fuente, que fue Rector de la Universidad de Madrid, Académico de la Historia y de las Ciencias Morales y Políticas, Secretario de la primera Conferencia de San Vicente de Paúl, uno de los tres primeros fundadores junto con Santiago Masarnau y Anselmo Ouradou, vivió estrechamente con él, codo con codo, realizando las primeras andaduras de tan insigne Obra.
El primer testimonio fue el que apareció en el periódico «La Unión» estando aún de cuerpo presente el 15 de diciembre de 1882 en primera página y a tres columnas, el cual termina así:
«Conocer en todos sus detalles la vida de don Santiago Masarnau, exigiría un volumen que sería leído con grandísimo interés; pero por fortuna, la vida de los Santos puede compendiarse siempre en dos líneas: su mente estaba siempre en Dios, sus obras constantemente dirigidas en obsequio a los pobres.
Estos le deben mucho bien; hay una juventud que también le es deudora del buen camino que emprendió a instancias y por consejos de aquel varón santo. Hoy las oraciones de todos se unirán sin duda para pedir a Dios que le haya recibido en su seno».
Otro testimonio fue leído 15 días después de su muerte en una velada que organizó la Juventud Católica el 29 de diciembre de 1882 para honrar la memoria de Santiago Masarnau.
En él se resaltó su santidad de vida, su caridad ardiente, amor a la pobreza y a los pobres, su inmensa humildad, demostrando cómo cumplió, no solamente los preceptos, sino también los consejos evangélicos, enseñando con el ejemplo y la palabra, a imitación de Jesús a quien tuvo como modelo. Habló de su carácter metódico, de su gran calma habitual e imperturbable, escrupuloso (sin exageración) en todo su quehacer y caritativo hasta el último momento de su vida. Unos minutos antes de expirar envió una limosna a una familia necesitada. Vivió y murió ejerciendo la caridad en todas su facetas.
Entre sus muchos recuerdos, describe Vicente de la Fuente cómo Don Santiago les enseñaba a metodizar la vida y aprovechar el tiempo «todo lo necesitaba para cuidar a los pobres». Estas virtudes, halladas en Masarnau eran contrarias a la costumbre de la época, donde la mayoría de las gentes de su clase se dedicaba a «hacer tiempo y a matar el tiempo», con ello salvó a muchos de lo que podíamos llamar «la holgazanería». Su buena distribución del tiempo le dio grandes facilidades para trabajar tanto y tan bien corno lo hacía. Solía denominar el lugar de su trabajo, la Secretaría de la Sociedad, «La Colmena», como sinónimo de esa actividad ordenada de las abejas que producen tan dulces frutos. También enseñó la puntualidad rigurosa a fin de no perder un minuto de tiempo para destinarlo a los pobres. A no faltar a la verdad en lo más mínimo. A no contestar a las injurias, sobre todo desde los periódicos y todo ello, no por medio de una teoría sino por un ejemplo de vida, ya que él, observaba con rigor todas estas virtudes.
Siempre estaba de buen humor. especialmente con los jóvenes a quienes profesaba un afecto especial. Tenía puesta en ellos su confianza para forjar la sociedad del futuro. A los asiduos y fervorosos los prefería, aún para ocupar puestos de responsabilidad dentro de la Sociedad de San Vicente.
Dios suscitó un hombre de virtud, en un siglo y junto con otros, como San Antonio María Claret, Santa María Micaela del Santísimo Sacramento, Santa Soledad Torres Acosta. Beato Benito Menni, la Venerable Madre María Antonia de Oviedo, etc., ayudaron a revitalizar la vida de la iglesia en España por medio de una comprometida «acción social» con los más necesitados.
Don José María Esperanza y Sola, que se gloria de haber sido su amigo y testigo de su vida, merced al íntimo trato frecuente y cariñoso, dio un fidedigno testimonio sobre:
«Su gran amor a Dios como sincero y ardiente cristiano y el amor al prójimo como apóstol de ferviente caridad, siendo este amor el norte de todas sus acciones, sobre todo a partir de 1838, año en que Dios le cambió el rumbo de su existir. A partir de la Cuaresma de este año se le ve, progresivamente, desprendiéndose de todo lo que no fuera perfección y austeridad con una gran exigencia personal, aunque tolerante, abierto y comprensivo con las faltas ajenas, encontrando en la humildad el refugio para evitar cualquier tipo de vanagloria y el ser tenido por virtuoso ante los demás… Para Santiago Masarnau el ser pobre no era un deshonor, los trataba como a alguien de su familia, solía decir su célebre frase: «han ascendido a pobres». Por ello, como San Vicente de Paúl, su Patrono, al cual imitaba, se dedicó a curar las llagas del alma y del cuerpo, llevando palabras de consuelo y socorro al enfermo que yacía en miserables buhardillas, al encerrado en oscura prisión, al huérfano, al desvalido, a todos aquellos que la desgracia atormentaba. Se entretenía en acariciar a los niños harapientos y en escuchar atentamente las penalidades de sus infelices padres». La especie de voto de pobreza que se había impuesto le permitía consagrar todo su dinero y sus energías, para socorrer los infortunios, que por desgracia eran incontables en la España del siglo XIX.
En el discurso del 1 de enero de 1883 publicado en el Boletín de la Sociedad de San Vicente de Paúl los socios dan este testimonio:
«Tenía una gran humildad al mismo tiempo que una gran firmeza de carácter, su mortificación estaba unida a un espíritu jovial. La más sólida piedad junto con una laboriosidad constante y una gran libertad de espíritu en consonancia con una gran austeridad de vida. Era Masarnau, un hombre de quien se podía aprender mucho con su respetabilidad de todos reconocida, logró infundir en nuestra Sociedad un espíritu e imprimirle una marcha, que Dios quiera se conserve siempre en ella… Todos acudíamos a pedirle consejo en casos graves o dudosos. Tenía un interés vivísimo en fomentar la fe y la piedad».
- Feliú y Pérez socio de las Conferencias, tradujo en 1887 la Obra de San Vicente de Paúl de Arturo Loth y añadió unos Apéndices sobre las Asociaciones vicentinas, entre ellos dedica unas páginas a la Sociedad de San Vicente de Paúl en España y al hablar de su fundador nos da este precioso testimonio:
«Un católico español, hombre de grandes alientos y de imperecedera memoria para la obra de nuestra Sociedad, regresaba de París en 1843. Aquel hombre tenía la pasión de la Caridad y había nacido para hacer el bien. Se llamaba Santiago Masarnau. Tenía un carácter muy singular. Era un tipo de hombre metódico. Tenía un recuerdo constante de la cuenta que hemos de dar a Dios, del empleo del tiempo… Jamás le faltaba constancia para someterse al plan propuesto, ni tesón para sobreponerse a los respetos humanos y a las exigencias sociales que pudieran desviarle de su tarea. Este tesón lo aplicaba al régimen de las Conferencias, cuyos individuos reconocían en él al padre de los pobres, al hermano mayor de los consocios y al modelo de la firmeza cristiana.
Tenía un alto concepto de la pobreza, con un gran amor a los desvalidos y a todos los asuntos relacionados con ellos. De ahí su gran celo por comunicar a todos los socios de las Conferencias el espíritu del Reglamento. A su lado no cabía indiferencia. Era preciso amar y trabajar por ellos como verdaderos hermanos.
Por otra parte, era su vida ejemplar, sus virtudes notorias, su trato sencillo, su carácter apacible e igual y su independencia bien probada. No cabe duda de que el Señor Masarnau podía acometer la empresa, ardua como pocas, de implantar en España la Obra de las Conferencias».
Jesús Monasterio, uno de los mejores violinistas del siglo XIX. discípulo predilecto de Don Santiago, compuso para su entierro el «Dies irae» y el «Requiescat» entre lágrimas de dolor por la pena que le causó la muerte de su amigo.
- José Mª Quadrado, su primer biógrafo, periodista, gran polígrafo, archivero histórico del reino de Mallorca e infatigable historiador, se encarga de una biografía extensa, crítica y documentada. Contemporáneo de Masarnau, escribe una semblanza de su vida y virtudes heroicas, completa, precisa, basada y documentada, según su prólogo:
«en una gran arca de legajos y cuadernos, comprendiendo la colección de datos más abundante y rica que pudo reunirse».
A principios de 1883, pocos meses después de la muerte de Masarnau, se le confía esta tarea a petición de sus amigos y consocios de la Sociedad de San Vicente, sobre todo su gran amigo D. Vicente de la Fuente, y todo esto para la edificación de los de acá abajo a los que el Consejo Superior de España envío un ejemplar a cada uno, para que pudiera servir de modelo y guía. Esta obra de las Conferencias, continúa hoy en España con 400 Conferencias y más de 4.000 vicentinos que siguen su ejemplo.
A pesar de estar firmado el prólogo el 1 de diciembre de 1891, no se imprimió hasta el 1 de mayo de 1905, después de la muerte de Quadrado y tras 23 años del fallecimiento de Santiago Masarnau. Se hizo cargo de ello el Marqués del Arco y Conde de Isla, Don Joaquín de Isla Fernández y Pantoja, íntimo amigo de José María Quadrado, el cual le entregó el manuscrito.
Esta biografía contiene detalles de su vida y penetra bien en el alma de aquel varón insigne. El autor tiene un estilo bastante realista y cuanto escribe, lo documenta suficientemente dando pistas para posibles investigaciones posteriores.
Los apéndices de esta obra son importantísimos, en tanto en cuanto, aparecen las cláusulas de su Testamento, sus virtudes relevantes, las reglas para las Conferencias de San Vicente de Paúl, y por último una preciosa colección de máximas morales y religiosas sacadas de los apuntes y libros de memorias de Santiago Masarnau, donde demuestran que practicó la virtud de una forma heroica.
A lo largo del siglo XX, la memoria de Santiago Masarnau ha permanecido viva sobre todo entre los miembros de la Sociedad de San Vicente de Paúl por él fundada en España. El boletín de la Sociedad está plagado del recuerdo de su fama de Santidad. No encontramos Asambleas anuales, reuniones y cualquier tipo de actividad que no mencione el ejemplo de D. Santiago y cómo poner en práctica sus enseñanzas.
Al cumplirse el primer Centenario de la fundación de la Sociedad de San Vicente de Paúl en París, el Presidente del Consejo Superior de Madrid, D. Francisco Silva y Fernández de Henestrosa, Marqués de Zahara, recordó a Santiago Masarnau en su discurso de la Junta General extraordinaria del 7 de mayo de 1933. Dijo él:
«Permaneció durante 32 años al frente de las Conferencias lo que le permitió ser su norma directriz, su alto ejemplo y su espíritu vivificador. La última etapa de su vida podría ser considerada como un manual práctico de los Socios de San Vicente de Paúl, escrito con heroísmo de corazón aún mejor que con luz de inteligencia».
Numerosos artículos en revistas y periódicos han contribuido a mantener viva esta memoria. El domingo 10 de diciembre de 1905, el periódico «El Universo», con motivo del primer Centenario (le su nacimiento, publicó una hoja ilustrada con datos inéditos referentes a textos y retratos de Santiago Masarnau y sus primeros colaboradores, resaltando su vida, virtudes, y Obras realizadas, sobre todo, la fundación de la Sociedad de San Vicente en España, que se extendió rápidamente por toda su geografía.
Gabriel de Armas en la Revista «Iglesia-Mundo» (noviembre de 1974) publicó un artículo «¿Quién fue Santiago Masarnau?». Hace una apología de este hombre ejemplar, al cual descubre y dice:
«Necesitamos, cada día más, filosofía y vida, palabra y testimonio: El arte de la composición musical y de su perfecta ejecución, es una de las vertientes de Masarnau con capacidad para dispararlo al blanco de la fama imperecedera. Pero quizá, con ser tan brillante, haya podido quedar oscurecida por la otra vertiente: La Caridad silenciosa que oculta el bien que hace y esconde la mano que se alarga generosamente. Por su calidad de artista y por su condición de instaurador en toda España de una institución como las Conferencias de San Vicente de Paúl, creo que el nombre de Masarnau debe ocupar un lugar destacado. Tampoco debemos olvidar la conversión de Donoso Cortés, obra de este genio de la música. Chopin, Mendelsohn, Rossini y Bellini, admiraron e interpretaron sus célebres composiciones».
El Padre Felipe García Martínez de la Congregación de la Misión (C.M.) autor de «Datos para la Historia de la Sociedad de San Vicente de Paúl» publicada en el año 1985 en el Boletín de Ozanam dice;
«La vida de Don Santiago Masarnau estuvo siempre en perfecta conformidad con el apelativo de «El Ozanam español», que le daban en París sus consocios de la Conferencia de San Luis d’Antin, de la que fue Tesorero. Y tal vida le hace verdaderamente digno de ser incoado el proceso de Beatificación, como lo ha sido el de Federico Ozanam. Porque, efectivamente, su vida, su carácter, sus grandes virtudes, su abnegado apostolado de seglar católico-vicentino, etc., se traspasaba a través de su modestia, que las encubría constantemente…»)
- Federico Suárez Verdaguer, catedrático de Universidad y reconocido historiador, es el autor de una biografía escrita sobre Santiago Masarnau publicada en 1994. Es una obra crítica y muy bien documentada. Conoció al personaje a través de sus muchos estudios sobre Donoso Cortés, el cual aseguraba que Masarnau era el artífice de su conversión. Está convencido de su fama de santidad; esto lo refleja a lo largo de todo el libro. Podemos citar algunos párrafos:
“Merecida fama tenía Masarnau de ayudar a todo el que acudiera a él, como si fuera natural su propensión a hacer el bien a cualquiera”.
“A partir de su conversión, no sólo mejoró su carácter, sino que cambió de tal modo que parece como si fuera otro hombre, los ojos se le abrieron a lo sobrenatural”.
“Al fin de su vida, se le recordó más por la fundación de las Conferencias de San Vicente de Paúl que por su labor como pianista y compositor: su fama de santo eclipsó a la que tuvo como músico”.
María Teresa Candelas Antequera
Madrid, 2000







